Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El camello y la aguja. Cargados con nuestro cúmulo de talentos, éxitos y riquezas fácilmente nos cerramos la puerta a nosotros mismos para entrar en la lógica del reinado de Dios.

Homilía o202007a, predicada en 20200818, con 14 min. y 31 seg.

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Transcripción:

Hermanos. La comparación que utiliza Jesucristo en el Evangelio de hoy es tan exagerada que muchos han tratado de achicarla para hacerla un poco más comprensible, o quizás menos absurda. Cristo habla de un camello y habla del ojo de una aguja. Entonces algunos dicen que la palabra camello tiene un significado parecido, tiene una manera de escribirse parecida a esas sogas gruesas que se utilizan en los barcos. Lo que se podría llamar una soga, un cable de navío. Entonces, según eso, la comparación sería que en vez de pensar en un camello como el animal se debería pensar, según esa interpretación, en una especie de soga. Tú piensas la soga gruesa que sirve para amarrar un barco y eso tiene más sentido ver el grueso de la soga y lo pequeño de una aguja.

El problema que tiene esa forma de interpretación es que en todos los textos que tenemos, obviamente en lengua griega, la palabra que está claramente escrita es la palabra camello. La otra palabra, la de ese cable de navío, esa soga gruesa no aparece escrita en ninguna parte. Entonces tiene uno que suponer, ya empezar a especular que hubo un error, que la persona quería decir esto, pero dijo esto otro. Normalmente ni la exégesis ni la teología se hacen así. Si empezamos a corregir el texto para decirle lo que nos tiene que decir a nosotros, entonces ya no escuchamos al texto, ya nos escuchamos a nosotros mismos solamente. Y repito, lo malo de esa manera de ver las cosas es que ese cable se escribe de una forma que no aparece en ningún manuscrito. Entonces es una pura suposición, es una pura especulación. Y ese no es un piso sólido para hacer exégesis, teología o buena predicación.

Así que ahí tenemos ese problema o problema no, sino tenemos personas que han tratado de interpretar este texto disminuyendo su exageración, quitando al camello y poniendo un cable grueso. Otras personas se han ido por el lado de la aguja. Esta es una interpretación bastante antigua. Lo que voy a decir, según algunos piensan, la expresión ojo de la aguja se referiría a puertas pequeñas que se utilizaban en la ciudad de Jerusalén. Sabemos que las antiguas ciudades tenían puertas muy grandes y muy pesadas, pero llegada cierta hora del día, según esa interpretación, las puertas grandes, gigantes, colosales, se cerraban. Pero quedaba abierta una pequeña puertecita a la que la gente llamaba ojo de la aguja. Es una interpretación interesante y según eso, pasar por el ojo de la aguja es pasar por esa puerta muy estrecha por la que difícilmente pasaría un camello. O sea que Cristo habla de un camello y del ojo de la aguja. Y entonces hay gente que quiere quitar al camello y hay gente que quiere quitar la aguja.

Pero ¿Cuál es el problema con la interpretación esa de la puertecita llamada ojo de la aguja? El problema que tenemos es que esa interpretación, si miramos los textos, esa interpretación viene únicamente de la Edad Media. Es decir, que si tú retrocedes a los primeros siglos no encuentras literatura que hable de esas tales puertecitas estrechas. Es decir, por decir algo, Siglo tercero, segundo, primero. Y tendría que ser Siglo primero, porque Jerusalén fue destruida en el Siglo primero. No aparece por ninguna parte la expresión ojo de la aguja, refiriéndose a ese tipo de puertecita o de pórtico o el nombre que le quieras dar, eso no aparece. Entonces, de nuevo, estamos ante una especulación, una suposición y una suposición que no tiene ninguna base histórica. Además, me parece como muy gracioso lo que mencionó, que algunos, cuando Cristo habla del camello y el ojo de la aguja, algunos tratan de quitar al camello y otros tratan de quitar la aguja. Pero no hay bases históricas, no hay bases en textos.

Y resulta que la teología, la exégesis, la predicación se apoyan en textos, no en suposiciones. Y las suposiciones no nos sirven porque uno puede suponer muchas cosas y por eso dicen en algún país amigo que la suposición es la madre de todos los errores. Es que yo supuse. No suponga tanto, por favor. Así que tenemos que hacer esta explicación, porque yo sé que en internet se están difundiendo distintas explicaciones como estas. Y bueno, uno siente una cierta responsabilidad de tratar de presentar las cosas lo más claramente posible y además con la mayor fidelidad posible al texto. Así que en lo que sigue vamos a quedarnos con el camello y con la aguja. Así tal cual. Por supuesto que agujas, tanto metálicas como sobre todo agujas de hueso, se utilizaban en el tiempo de Cristo y también los camellos. Por eso debo repetir aquí lo que ya dije en otra ocasión.

La mejor interpretación que yo conozco sobre este tema del camello y la aguja está en el hecho de que el camello era el animal de carga por excelencia en tiempos de Jesús. De hecho, el pueblo, la raza de Israel, el pueblo de Dios. Durante muchísimo tiempo fue nómada. Y esto significa que el camello era, por supuesto, el animal para llevar todas las posesiones. Es un animal muy resistente. Es un animal con gran capacidad de carga y es el animal más adecuado para la vida nómada en esa región de la tierra. De manera que el camello no es simplemente el animal. El camello es ese animal, claro, pero con todo lo que lleva el camello, con toda la carga y sobre todo en los tiempos nómadas, la gente llevaba toda su casa, todas sus posesiones, todas sus riquezas, las llevaba en camellos. De manera que el camello es el animal con toda esa carga, que es lo que tú has logrado hacer en la vida.

Y por supuesto, cuando se piensa en ese camello con todo lo que tú has podido hacer en la vida, ese camello cargado, es imposible que así entré en el Reino de los Cielos. Estás llevando todo lo que has acumulado. En ese sentido, tiene mucha lógica lo que nos dice el texto del Evangelio, porque Cristo está hablando precisamente del rico. El rico es el que tiene el camello y tiene el camello súper cargado con todo en telas y en oro, o en plata o en joyas. Tu camello es tu vida, todo lo que tú has acumulado. Y es como si Cristo dijera Si tú pretendes entrar al Reino de los Cielos con toda esa carga, no lo vas a lograr, no vas a poder, va a ser necesario que tú te desprendas de mucho de eso, que estés libre de eso, que tu corazón esté desapegado de todo eso. Solo el corazón delgado, solo el corazón humilde, solo el corazón que sea despojado de tantas cosas. Solo ese corazón puede realmente entrar al Reino de los Cielos.

La primera lectura de hoy va en esa misma dirección. Fíjate lo que nos presenta. Nos presenta a uno de tantos orgullosos autosuficientes, en este caso el Rey de Tiro. Tiro era una de las ciudades más prósperas. Ciudad de riquezas porque era ciudad de comercio para el pueblo fenicio. Entonces mira las palabras de Ezequiel, le dice al Rey de Tiro que es de los que tenía muchas cosas acumuladas. Tenía un camello gigante. Se hinchó tu corazón. Dijiste soy Dios entronizado en solio de dioses. Te creías listo como los dioses. Más sabio que Daniel. Con tu talento, con tu habilidad, te hiciste una fortuna. Acumulaste oro y plata en tus tesoros, acumulaste. Y viene la crítica a ese soberbio Rey de Tiro o príncipe de Tiro que ha acumulado tantas cosas. Entonces, realmente la enseñanza de las lecturas de hoy parece bastante clara. Si nosotros empezamos a acumular cosas, el problema no está en las cosas. El problema está en el poder que esas cosas tienen en nuestro corazón y que nos vuelven autosuficientes y nos vuelven egoístas y nos vuelven arrogantes y hacen que despreciemos a los demás como fracasados mientras nosotros nos consideramos exitosos.

Entonces la acumulación de conocimientos o de belleza, o de fuerza o de riquezas hace que tu camello sea gigante y con todo eso no vas a poder entrar al Reino de los Cielos. Entonces, ¿Qué se necesita? Entonces no puedo tener nada, ni conocimientos, ni belleza, ni salud, ni fuerza, ni mis riquezas. Depende cómo esté tu corazón. Y ciertamente es un hecho que cuanto mayor sea la acumulación, más difícil es mantener libre el corazón. Por utilizar una expresión que he usado muchas veces. Cuando empezamos a acumular cosas, al principio creemos que tenemos cosas, pero en realidad hay un punto en el que las cosas nos tienen a nosotros. Y la prueba de ello es que no podemos desprendernos de ellas. La gran demostración de que no estás apegado es que puedas desprenderte.

Cada virtud se prueba precisamente por su contrario, le dijo Dios a Catalina. Entonces, la prueba de que tienes verdadera paciencia es tu capacidad de soportar al que te causa impaciencia. La prueba de que tienes humildad es tu capacidad de entender y no dejarte afectar por el que está repleto en su orgullo. La prueba de que tú estás libre de tantas cosas que has acumulado es la capacidad real que tienes de desprenderte de ellas, cuando llega la ocasión y la ocasión ciertamente llega. Estoy pensando, por ejemplo, en las tremendas necesidades económicas que están pasando tantas personas en esta pandemia.

Entonces, mis hermanos, ahí tenemos la enseñanza de Cristo. Si nosotros empezamos a acumular cosas, el corazón se nos pudre porque ya las cosas se adueñan de nosotros. Entonces hay que tener desprendimiento no sólo afectivo, sino efectivo de muchas de esas cosas para que nuestro corazón sea adelgazado, pueda entrar realmente en el Reino de los Cielos.

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