Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pidamos a Dios nuestra conversión en dos sentidos: primero en tener ese anhelo sincero de que Él reine en nosotros y segundo en no dejarnos cautivar por las cosas pasajeras.

Homilía o202005a, predicada en 20180821, con 6 min. y 44 seg.

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Transcripción:

Una de las razones por las que leemos, escuchamos, meditamos el Evangelio todos los días es porque necesitamos aprender a ser cristianos. Eso se llama ser discípulos. Discípulo es aquel que aprende. Y para llegar a ser cristianos, nuestro camino de aprendizaje abarca toda la vida. Cada día tenemos que aprender a vivir en cristiano de manera cristiana. Ese día, cada día optamos por Cristo. Cada día queremos decirle sí. Y es un gran peligro cuando uno ya está satisfecho con lo que sabe. Es un gran peligro cuando uno está satisfecho con lo que tiene. Es un gran peligro cuando uno está satisfecho con lo que ya disfruta. Sentirse satisfecho es siempre peligroso porque siempre supone el riesgo de detenerse. El que ya está contento ya no busca. El que cree que ha llegado ya no avanza. Por eso la insatisfacción, la profunda insatisfacción, es un rasgo de la vida cristiana.

¿Cómo se llama una persona que encuentra satisfacción en lo que ya tiene o cree que puede conseguir esa satisfacción con sus propias fuerzas, con sus propias estrategias, con su propia astucia? A esa persona el Evangelio lo llama rico. Es rico aquel que en la abundancia de sus bienes o de sus conocimientos, o de sus virtudes, o de sus amigos, o de sus recursos, o de su astucia, considera que se basta lo que tiene, le basta. O las fuerzas y la astucia con las que cuenta le bastan. Eso es lo propio de lo que el Evangelio llama el rico. Y esa persona rica es una persona que está satisfecha con lo que tiene o con lo que puede, o las dos cosas. Como se siente satisfecho con lo que tiene y con lo que puede seguirá su propio camino, hará su propio tesoro. Pero hay un problema. Su tesoro no podrá acompañarlo sino solo durante los años que tenga en esta tierra.

Entonces esa persona, ese que se siente satisfecho con lo que tiene y con lo que puede, es una persona que encuentra extraño y encuentra amenazante y encuentra fastidioso el mensaje de Jesucristo. Porque esa persona siente que el mensaje de Cristo no le añade a lo que quiere ni a lo que tiene, ni a lo que puede. Esa persona siente que el reinado de Dios entra en colisión, entra en conflicto con su propio reinado, porque esa persona quiere reinar, quiere reinar en medio de sus riquezas, quiere reinar en medio de sus conocimientos, quiere reinar en medio de sus amigos, quiere reinar en medio de sus placeres. Y como esa persona quiere reinar. No hay espacio en esa persona para que Dios reine.

Podemos entender la frase del Evangelio de hoy, Capítulo Diecinueve de San Mateo de esa manera. Ese rico, ya hemos explicado lo que significa rico. Ese rico no tiene cómo entrar en el Reino de Dios, porque el Reino de Dios no tiene entrada en su vida, porque es él el que quiere reinar en su vida, porque ya está contento con lo que tiene y lo que le hace falta. Ya sabe cómo y dónde conseguirlo y con qué fuerzas. Aunque se engaña, por supuesto, porque repito, eso que le acompaña esas riquezas que tiene no le van a acompañar sino durante los breves años que tenga en esta tierra. Entonces, es virtud cristiana, es verdadera virtud cristiana una sana insatisfacción, un tener las cosas, nos dirá San Pablo en primera Corintios siete, un tener las cosas como si no las tuviéramos, es decir, sin apegarnos a ella, sin darle tantísima importancia, sin desvivirnos por ellas, sin agobiarnos por ellas, sin idolatrarlas. Las cosas, nos dice Cristo en otro lugar, son simplemente instrumentos para poder hacer bien a otras personas. Para eso son las cosas. Ese es el propósito de lo que nosotros recibimos. Para eso hemos recibido lo que tenemos.

Pidamos a Dios entonces nuestra conversión en dos sentidos primero, en tener ese anhelo sincero por el Reino de Dios, que Dios con su poder, que Dios con su fuerza, que Dios con su estilo y su manera gobierne mi vida reine en mí. Y segundo, que no me deje cautivar por las cosas que simplemente pasan. Hoy llegan y mañana no están. Que eso no tenga poder en mí. Es una misericordia de Dios que lleguemos a esa conclusión y que la hagamos vida en nosotros.

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