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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si te sientes seguro y fuerte en algo que no es Dios, esa es la falsa riqueza que te retiene lejos de Él.
Homilía o202003a, predicada en 20140819, con 4 min. y 1 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy es continuación del texto que escuchábamos ayer, un joven rico que aparentemente lo tiene todo. Sin embargo, lleva una inquietud en su corazón y se la plantea a Cristo. ¿Qué tengo que hacer para tener vida eterna? Y el camino que le propone Cristo le parece demasiado arduo a este joven que se retira entristecido. Ahí empieza. En ese punto empieza el texto de hoy Cristo suelta esta frase ¡Qué difícil va a ser para los ricos entrar en el Reino de los cielos! Más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los cielos.
Esa frase de Cristo ha recibido todo tipo de interpretaciones. Algunos ven incluso una especie de significación política en el asunto, como diciendo ahí se ve claramente que Cristo es anticapitalista. Pero esa interpretación económica o política, por un lado, va mucho más allá de lo que ofrece el texto del Evangelio y por otro lado, se queda muy corto. Va mucho más allá, porque esa condenación global de la riqueza no corresponde con la actitud de Cristo. El mensaje de Cristo tangencialmente toca el uso de los bienes de esta tierra. Pero su enemigo principal, es decir, aquello que él en primer lugar está denunciando y aquello de lo que quiere vernos libre. No es de la riqueza, sino del pecado. Así que pretender una interpretación del mensaje de Cristo únicamente en términos de riqueza es algo así como ir mucho más allá de las palabras del Señor.
Pero también es quedarse corto, porque cuando nosotros restringimos todo el problema al asunto económico con mucha frecuencia es para declararnos a nosotros mismos como inocentes o para creer que los únicos que tienen esa clase de problemas son los ricos. Y casi siempre uno tiende a mirar como ricos a aquellos que están varios peldaños por encima de uno. No importa cuánto dinero uno mismo tenga. De modo que una persona que tiene ingresos de muchos miles de dólares cada mes tal vez no se va a considerar rico porque va a decir, no, ricos son los que ganan decenas de miles. Y el que gana decenas de miles de dólares por mes seguramente dice no, los verdaderos ricos son los que ganan cientos de miles de dólares por mes. Y así cada uno va considerando peores o culpables o ricos a otros. Y para considerarse a sí mismo inocente, ese no es el modo de predicar de Cristo.
Más bien, lo que parece interesante es examinarse uno y descubrir en qué punto y de qué manera uno está encarcelado en sus propias riquezas. O sea, pregúntate ¿Qué es aquello de lo que te sientes orgulloso, de lo que te sientes vanidoso, que te hace sentir fuerte y seguro de ti? Y muy probablemente esa es la riqueza que te está apartando del Reino de Dios. Entonces, para alguna persona esa riqueza va a ser, por ejemplo, que considera que tiene muy buenos amigos y que sus amigos siempre lo van a sacar de problemas. Para otra persona puede ser que cree que su belleza y su donaire le arregla todo. Otra persona va a creer que sus estudios y su inteligencia le hacen indispensable en todas partes. Y así sucesivamente. Busca cuál es la riqueza que a ti te produce orgullo o vanidad y ya encontraste qué es lo que está retrasando tu entrada en el Reino de Dios.

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