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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la evangelización el fracaso también es parte del camino porque los otros son libres. Una vida demasiado cómoda nos vuelve cobardes para asumir los verdaderos riesgos. ¿Qué has dejado por Jesús? ¿O no has perdido nada?
Homilía o201007a, predicada en 20240821, con 7 min. y 0 seg. 
Transcripción:
Hermanos, hay tres cosas que me llaman bastante la atención. En el Evangelio de hoy encontramos a un joven rico que se acerca a Cristo y le pregunta por la vida eterna. Cristo al final le hace una propuesta y esa propuesta es rechazada. Cristo le dice si quieres llegar hasta el final. Otra traducción dice: Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes, dale el dinero a los pobres, ven y sígueme. Pero ya esta propuesta fue demasiado. Es decir, este hombre si quería una vida, tal vez más espiritual o más plena, o tal vez simplemente lo que quería era asegurar, asegurar los bienes de la vida feliz que hasta entonces había podido llevar. Pero ya cuando Cristo le habla en esos términos de vender las cosas y de dar el dinero a los pobres y luego seguir a este profeta itinerante, a Jesús de Nazaret. Pues ya eso le resultó bastante difícil. Y el hombre, pues, no se convenció, no se convenció y se devolvió, se devolvió a su vida, se devolvió a su comodidad, se devolvió a sus bienes.
Ese es el resumen del Evangelio. Y yo quisiera destacar tres cosas, como dije. Lo primero es que podríamos calificar esta escena como un fracaso. Ponle comillas, tal vez como un fracaso de Cristo. Y desde hace bastantes años, por alguna obra que leí sobre Santa Catalina de Siena, me ha llamado mucho la atención eso que no todo le sale bien a los que trabajan por Cristo y a Cristo mismo no todo le salía bien. Aquí estaba Cristo invitando a este hombre. Invitándolo ¡ven! Ese hubiera podido ser tal vez un apóstol o un discípulo muy cercano. Pero no lo fue. No lo fue. Y me llama la atención eso, porque a veces uno está como obsesionado con el éxito y uno puede obsesionarse con el éxito también desde el punto de vista cristiano y católico. Uno puede ponerse unas metas y decir tengo que lograr esto, esto tiene que salir adelante, esto tiene que funcionar y esa clase de ruta no siempre es la ruta del Señor. No siempre salen así las cosas, no siempre funciona de ese modo.
Entonces me parece que hay una gran enseñanza. El fracaso también es parte del camino. Y es bello entender que el fracaso no siempre es que yo esté haciendo algo mal. El fracaso también significa que la otra persona es libre. A veces me encuentro, por ejemplo, algunos papás y mamás que se encuentran frente a situaciones de sus hijos y preguntan con angustia pero ¿qué hicimos mal? Yo no digo que sean perfectos. Perfecto Dios. Yo no digo que sean perfectos, pero tal vez no es necesario que te obsesiones con esa pregunta. Ten en cuenta que tu hija, que tu hijo también tiene su propia voluntad. Y ten en cuenta que incluso la mirada más amorosa de Jesucristo también a veces recibió como respuesta un frío no. No me interesa. Prefiero mi vida, prefiero mis negocios, prefiero mi plata, prefiero hacer las cosas a mi modo. O sea que ese tema del fracaso es importante.
Otro tema que yo creo que vale la pena destacar aquí es que la mayor parte de la gente que se acercó a Cristo era gente que tenía problemas, gente que estaba enferma o un papá que tenía al hijo con un problema de una posesión diabólica. Gente que estaba sufriendo de distintos modos, incluso gente que tenía hambre. Entonces hay un peligro. Este es el segundo punto. Hay un peligro cuando todo va demasiado bien, hay un peligro ahí y el cristiano tiene que estar en guardia frente a este hecho. Sí, hay un peligro. Hay un peligro cuando uno cree que lo mejor que le puede pasar es que todo funcione. No, no, no. A veces las cosas que no nos salen bien, a veces las contradicciones, las traiciones, las frustraciones, son motivo para que nos apeguemos al Señor, para que estemos cerca de Él. Entonces, esto también hay que tenerlo en cuenta.
Podría decirse que el problema de ese joven rico, el problema de él, era que no tenía problemas y como no tenía problemas entonces, pues tampoco asumía riesgos. Una vida sin inconvenientes, una vida sin problemas es una vida muy cómoda y es una vida que nos acostumbra a no asumir riesgos. Y eso es muy peligroso porque hay riesgos que hay que tomar. Seguir a Cristo es un riesgo. Perdonar es un riesgo. Apostar por la pureza es un riesgo. Me acuerdo siempre del caso de un futbolista de fútbol americano, un futbolista en Estados Unidos. Él tenía una novia absolutamente hermosa y esta mujer, acostumbrada a las normas, al modo usual de hacer las cosas en Estados Unidos, pues ella quería vida íntima con este hombre siendo novios y este hombre que no era católico. Vale la pena recordarlo. Pues este hombre le dice no, no es mi manera. No vamos a hacer eso. Y la perdió. Es decir que cuando él apostó por la castidad, realmente estaba tomando un riesgo. Entonces, fíjate, una vida demasiado cómoda es una vida que realmente nos vuelve cobardes para asumir los verdaderos riesgos.
El último punto que quiero destacar, pero solo para dejártelo como inquietudes. ¿Tú qué vas a dejar? Yo también me lo pregunto para mí. ¿Qué vas a dejar por Cristo? ¿Qué has perdido tú que tú puedas decir esto lo perdí por Cristo? ¿O no has perdido nada? ¿Qué has perdido tú por Cristo? Es una pregunta que tenemos que hacernos y dejémosla así, y dejemos que sea nuestra conciencia delante de Dios quien responda y que el Señor nos ilumine y nos conceda plena conversión. Amén.

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