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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El cristiano se forma y alcanza su plenitud en la comunidad; y una de las dimensiones qué más puede aportarle desde la comunidad es la corrección fraterna.
Homilía o193004a, predicada en 20200812, con 19 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Hermanos, la vida cristiana no es vida en aislamiento, no es vida en soledad, quiero decir, no es vida en individualismo, sino vida en comunidad. La razón por la que Dios quiere que todo cristiano pertenezca a una comunidad, es, seguramente, aquella que le reveló a Catalina de Siena. Cada uno de nosotros es incompleto, nos necesitamos mutuamente. Los dones que hemos recibido son diferentes y, a la vez, complementarios, y por eso, es ante todo en la vida de comunidad, donde todos podemos apreciar los dones de todos. Hay personas que tienen un don especial para el servicio, para la caridad, para la intercesión, para el estudio, para la enseñanza, para el cuidado de los débiles, son dones diferentes, nadie los tiene todos. Y en la medida en que nos encontramos en la comunidad y nos apoyamos en la comunidad, se hace realidad, bendito Dios, se hace realidad el don pleno del Señor. Si cada uno se aísla, se queda únicamente con sus propios dones que son insuficientes. Por eso estamos hechos para la comunidad.
Hay textos muy bellos en la Biblia que nos hablan sobre este ser comunidad. Así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento hay varios salmos que traen esta hermosa idea: «Proclamaré tu alabanza en la Gran Asamblea», el lugar para darle la gloria a Dios es la comunidad. Y en el Nuevo Testamento, cabe recordar el capítulo décimo de la primera carta a los Corintios, donde Pablo hace una comparación muy bella entre la comunidad cristiana y el cuerpo humano, y cómo en el cuerpo humano hay distintas funciones, hay distintas características, pero todas tienen que ver con el bien del cuerpo. De tal manera que los miembros del cuerpo se necesitan unos a otros, dice Pablo, los ojos no pueden decir a las manos que no las necesitan, y así sucesivamente. Las manos tampoco pueden decir a los pies que no los necesitan. Nos necesitamos mutuamente. Nuestra vida cristiana es vida en comunidad.
Algunas personas creen que se puede reemplazar la comunidad con un comportamiento correcto y con ideas claras, es una tentación bastante fuerte en algunos católicos: No necesito comunidad porque yo ya sé lo que es bueno y lo que es malo. Y ya tengo mi formación cristiana, no necesito comunidad. Pero es que la comunidad no es solamente para aprender doctrina, ese es solo uno de los aspectos. Y además, déjame decirte que, en la comunidad nos enriquecemos mutuamente, porque lo que yo veo no es lo mismo que tú ves, y entonces seguramente tú me enriqueces con lo que el Señor te muestra y, tal vez, yo puedo servirte con lo que el Señor me muestra.
Por eso, es un error muy grande el que comete la gente cuando dice: Yo me basto solo, yo puedo solo porque ya tengo las ideas claras. Como si el cristianismo se pareciera a un título universitario en el cual ya cumpliste los créditos y ya te graduaste y ya estuvo. No, siempre necesitamos profundizar la Palabra de Dios. O sea que ni siquiera por el tema doctrinal, puede uno decir ya soy independiente de la comunidad. Pero hay otros temas, de esto hemos hablado en otras oportunidades. Piensa, por ejemplo, en el testimonio. Muchos de nosotros hemos sido, o quizás somos un poco perezosos y un poco mediocres. Y para salir de la mediocridad o de la pereza, no basta simplemente el esfuerzo de la propia voluntad. Muchas veces necesitamos el impulso, el entusiasmo, el acicate que nos dan otras personas.
A mí me ha sucedido en mi comunidad religiosa y también me ha sucedido en esta hermosa experiencia de comunidad que se llama Familia Espiritual. Yo miro a algunas de las iniciativas de mis hermanos y, repito, me ha pasado tanto en la comunidad religiosa como sirviendo a los laicos. Y muchas veces tengo que sonreír y decir: Gracias, Dios mío por lo que se le ocurre a la gente, por lo que tú le inspiraste a esta chica, a este muchacho, a este matrimonio. Personas viudas que me dan testimonio increíble, personas separadas que me dan testimonio muy grande, personas que están enfermas y desde su enfermedad me dan un testimonio que me empuja y me mueve. Eso te lo da la comunidad, eso no basta con que tú lo sepas o con que tú te lo inventes en tu cabeza, eso hay que verlo, la comunidad la necesitas para eso.
Necesitas de comunidad también para llevar a cabo las mejores iniciativas. Muchos de los proyectos, yo lo veo continuamente. Muchos de los proyectos que vivimos en nuestra comunidad religiosa son el fruto de la acción de mucha gente. Una de las actividades que yo tengo, por ejemplo, es la docencia, soy profesor en la Facultad de Teología de nuestra Universidad de Santo Tomás, aquí en Colombia. Yo miro los dones que tienen mis hermanos, muchos de ellos tienen un tremendo talento para la dirección, para la administración, para temas financieros y esos son importantes. Si tú no cuidas el tema financiero, si tú no cuidas el tema administrativo o de gerencia, pues un día no tienes universidad y se acabó. Entonces, yo aporto en la comunidad, en la universidad, por ejemplo, yo aporto de lo que yo puedo, doy mis clases, trato de ser útil a mis hermanos, estudiantes, pero yo no tengo todos los dones, entonces yo no podría hacer lo que hace una universidad, yo no podría hacerlo solo. Y lo mismo vale para muchas otras iniciativas y proyectos.
Entonces, cuando uno se aísla, normalmente la tendencia que tiene es simplemente a estar mirando, criticando y juzgando. Yo me he dado cuenta de eso en varios portales católicos, hermanos. Yo veo algunas personas que escriben, incluso con frecuencia cada día o cada dos o tres días escriben, tienen su portal católico. Y entonces ¿qué he observado? Que muchas de las personas que cada dos o tres días están criticando algo, ya encontraron otra cosa que criticarle al Papa, otra cosa que criticar aquí, esto se está haciendo mal, esto no funciona, esto viene desde el Concilio, esto está mal. Muchas de esas personas, porque las conozco, yo digo, pero ¿dónde está la comunidad de esa persona? Entonces, cuando uno se aísla, fácilmente uno se levanta en la torre de su conocimiento o en la torre de su virtud real o supuesta, y desde ahí está siempre criticando a otros.
Pero, cuando tú realmente haces comunidad con otras personas, entonces te das cuenta de lo difíciles que son muchas cosas y seguramente tomas una actitud mucho más humilde. Y es aquí donde llegamos al tema del Evangelio de hoy. Es que resulta que la comunidad es el lugar de la corrección fraterna y la corrección fraterna es una de las características principales de nuestra vida cristiana. ¿Por qué? Porque es un modo de amar que está muy, pero muy próximo al Corazón de Jesús. Quizás te puede sorprender esa afirmación que acabo de hacer, la corrección fraterna está muy cerca al corazón de Cristo. Y aquí tengo el texto que acabamos de leer, es capítulo 18, versículos del 15 al 20. Mira lo que dice Jesús, para que te des cuenta de que la corrección fraterna es un acto enorme de amor, es un acto muy grande de amor: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano».
Te das cuenta para qué sirve la corrección fraterna, para salvar. Y ¿a qué vino Cristo? Cristo, ¿a qué vino a este mundo? A salvar. Decimos en el Credo: «Por nosotros y por nuestra salvación, bajó del cielo y se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre». Por nosotros y por nuestra salvación, o sea que la corrección fraterna está, exactamente, en la misma línea, está en el mismo eje de la obra de Cristo. La corrección fraterna es para hacer lo mismo que hizo Cristo, para la salvación, de eso es de lo que se trata la salvación. Entonces, la corrección fraterna tiene que ser el sello de la comunidad cristiana, es el sello de la comunidad, porque ahí está Cristo haciendo su obra de salvación.
Por esto que estoy diciendo, seguramente me puedes entender cuánto disgusto siente mi alma, al ver lo mal que se entienden aquellas palabras de Cristo: «No juzguéis y no seréis juzgados». Esas palabras de Cristo son las palabras peor entendidas del Evangelio, en mi concepto. Fíjate lo que dice aquí Cristo: «Si tu hermano peca, repréndelo». Eso es lo que dice: «Si tu hermano peca, repréndelo». Qué quiere decir que los cristianos tenemos esa característica, la característica de reprender donde hay pecado, o qué vas a hacer tú con este texto del Evangelio. Vuelvo a leer: «Si tu hermano peca, repréndelo». Ahí está, entonces es el sello del cristiano reprender.
Y ahora yo digo una cosa, la persona que reprende ¿en qué se basa para reprender, en qué se basa? Solamente puede basarse en una cosa, en que se da cuenta que el otro está cometiendo un pecado. Y digo yo, eso no es exactamente lo que la gente, entendiendo mal las palabras de Cristo, llama juzgar. La gente entiende eso, exactamente eso es lo que entiende. Que si yo veo un pecado tuyo y te hablo de tu pecado, entonces ¿por qué me juzgas? Respuesta: Porque Cristo me lo mandó. Mateo 18, ¿qué dice? «Si tu hermano peca, repréndelo». Entonces, hay que reprender y hay que reprender. ¿A quiénes? A todos. En la comunidad cristiana, incluyendo a Pedro, el apóstol San Pablo en la carta a los Gálatas dice eso, cuando Pedro, se refiere a Pedro por Dios, el que escuchó estas palabras: «Te daré las llaves del reino de los cielos». El que escuchó estas palabras: «Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Ese Pedro, ese Pedro, es el que tuvo que oír la reprensión de Pablo. Y Pablo dice, es que era digno de reprensión.
Entonces, la comunidad cristiana, la comunidad cristiana no puede ser una colección de merengues o una colección de porcelanas intocables, o como algunos dicen, una colección de copitos de nieve que no los puedes tocar porque ya se deshizo. Donde hay pecado tiene que haber reprensión, eso no cabe duda, es que no hay otra manera de entender esto. Lo leo por última vez: «Si tu hermano peca, repréndelo». Ahora, se sigue un camino en la reprensión. Se empieza por lo privado. No puso cuidado. Bueno, vamos a hablar junto con otros. Mira, hemos observado esto. No puso cuidado, pues hay que ampliar el tema. O sea, Cristo nos da toda una pedagogía, pero la reprensión es indispensable.
Ahora bien, yo no quisiera que se entendieran estas palabras del Evangelio que yo trato de explicar, yo no quisiera que se entendieran estas palabras en el sentido de que ahora que terminemos la Misa, entonces usted diga: Muy buena esa homilía me gustó, ahora sí voy a reprender. Pues ciertamente, hay que reprender, pero no te parece que este Evangelio también significa que tenemos que ser reprendidos nosotros. Porque a veces este Evangelio se interpreta de esa manera. Por ejemplo, papás que piensan: Ve, entonces sí tengo que regañar a mis hijos. A ver, en las cosas que realmente estén haciendo mal, tienes un deber como cristiano y como papá. Pero tú tampoco eres perfecto. No, tú tampoco eres perfecto. Entonces, habrá alguna ocasión en que sean tus hijos o tus hijas las que tienen razón y tú no, esa es la vida cristiana.
Y lo mismo vale para nosotros los sacerdotes, por nuestro ministerio con bastante frecuencia tenemos que hablar a otros y corregir a otros. Pero esta palabra del Evangelio también es para que Nelson Medina aprenda que tiene que ser corregido, ya les dije, hasta Pedro y hasta el sucesor de Pedro. En algunos vídeos que he publicado, por algunas posturas razonables, respetuosas, pero críticas que he puesto, hay gente que me dice: ¿usted por qué ataca al Papa? Usted porque está atacando. No estamos atacando, todos los santos días, bendito Dios, oramos por el Papa, lo queremos y queremos lo mejor para él. Pero una cosa es querer escuchar y respetar al Papa y otra cosa es caer en una especie de idolatría con el Papa, eso tampoco le gusta a Cristo. Y repito, la Escritura nos da testimonio de eso.
Entonces, ¿qué hemos aprendido o recordado hoy? Que la vida cristiana es en comunidad y es en comunidad porque nos necesitamos mutuamente, y es en comunidad, porque solo así podemos sacar adelante las verdaderas tareas, proyectos, lo más hermoso de la Iglesia no surgirá en el individualismo, en el aislamiento del individuo. No, y necesitamos comunidad porque necesitamos formarnos juntos y necesitamos comunidad porque necesitamos el testimonio y ejemplo de otros. Y, por último, dijimos, necesitamos comunidad porque necesitamos que nos corrijan también. Entonces ya, por favor, paren esa mala interpretación del no juzgar.
Sobre todo, el no juzgar, a mí ya me da como risa, la gente lo aplica para unas cosas y no para otras. Básicamente dicen no juzgar cuando quieren tener una parte de su vida en donde no quieren que se meta nadie. Con mucha frecuencia tiene que ver con el manejo de su dinero, de sus decisiones y, sobre todo, de su sexualidad. Ahí es donde aplican, ahí es donde aplican con mucha fuerza: No juzguen, no juzguen. Pero hay un criterio por encima de tu palabra y es la Palabra de Dios. Y por encima de lo que tú digas que te gusta o no te gusta, hay un criterio que se llama lo que es pecado, lo que no es pecado. Ese criterio hay que tenerlo en cuenta, ese criterio está por encima de mí y está por encima de ti. No por el hecho de que tú digas no es pecado, deja de ser pecado. Qué tal que yo dijera eso de otros pecados, qué tal que yo dijera: Bueno, el mundo llama esto robo, pero yo no estoy robando. Yo, para mí, no estoy robando en mi conciencia, en mi concepto, no estoy robando. No, eso no basta. Y esa especie de subjetivismo, de relativismo no sirve, porque tú no eres el Señor. El Señor es Jesucristo.
Entonces, atención, necesitamos comunidades cristianas con la madurez, con la madurez de saber que sí tiene que haber corrección fraterna. Dejamos, por favor, ya superada esa mala interpretación del no juzgar, y nos damos cuenta que la verdadera corrección fraterna es un acto bendito de amor. Amén.

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