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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Somos gente a la que se le puede decir una corrección fraterna?

Homilía o193002a, predicada en 20140813, con 4 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Yo conocí un padre, un sacerdote que predicaba muchos retiros espirituales y él se apoyaba mucho en la Sagrada Escritura, como creo que todos debemos hacer. Tenía un modo realmente único de predicar, porque muchas veces nos hacía descubrir la riqueza del texto bíblico, poniendo las cosas desde el otro ángulo, desde el ángulo contrario. Mira, por ejemplo, esto, Jesús nos dice que el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a sí mismo. Entonces, este padrecito preguntaba, si nosotros que somos prójimo de los otros, si nosotros somos dignos de ser amados. Ahora hay en español una palabra muy sencilla para decir digno de ser amado, así como lo que se puede lavar es lavable y lo que se puede sembrar es sembrable, lo que se puede amar es amable. Entonces, fíjate qué razonamiento tan bonito. La pregunta que él terminaba haciendo es, si nosotros somos gente a la que se puede amar, es decir, si somos amables.

Por supuesto que cuando uno descubre la palabra amable con esta profundidad, uno se da cuenta que no es simple cortesía. No se trata solamente de tener buenas maneras, es algo más que eso. Es hacer mi parte del puente para que el otro, si lo desea, haga también la parte del puente y nos podamos encontrar. Es decir, yo no le puedo dejar la tarea de amar simplemente a los demás. Yo creo que es una enseñanza provechosa, es una enseñanza útil. La tarea de amar no es solamente la tarea de otros, es también mi propia tarea. Y eso significa muchas veces saber recibir los detalles, los detalles de bondad, de caridad, de generosidad, que otros tienen.

Un razonamiento parecido se puede aplicar al texto del Evangelio de hoy, capítulo 18 de San Mateo. Jesús nos habla de la corrección fraterna y nos dice: «Si tu hermano peca, ve repréndelo a solas». Ese es el mandamiento de Cristo. Entonces, siguiendo el estilo de aquel predicador que les menciono, ahora tenemos que hacer la pregunta contraria: Yo soy una persona a la que es posible reprender, soy yo una persona que acepta correcciones, que acepta críticas, soy una persona que se deja ayudar, que se deja guiar, o tal vez mi actitud, una actitud arrogante, vanidosa, o tal vez, una actitud hipersensible hace extremadamente difícil a los demás acercarse a mí.

Y entonces, así como aquél que se vuelve difícil de amar, es una persona que rompe puentes, así también el que se vuelve difícil de corregir, el que no acepta correcciones es una persona que implanta su propia ley, su propia y fastidiosa ley en los grupos humanos, allí donde se encuentra. Y esta es una manera ciertamente de ser un instrumento de discordia. Así que la pregunta que hoy nos queda es doble: Soy una persona amable en el sentido profundo de la palabra, y luego, soy una persona que acepta correcciones, sugerencias, críticas, se puede hablar conmigo. Creo que, si cada uno empieza, si cada uno va dando un paso, el mundo se vuelve un poco mejor.

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