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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Hoy Cristo nos dice: ¿qué es lo que has dejado perder?, vuelve a eso, recupéralo y redescubre desde ahí lo que Dios quería para tí, así podrás entrar al Reino de Dios.
Homilía o192005a, predicada en 20160809, con 5 min. y 24 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo número Veintiocho de San Mateo. Encontramos un tema recurrente entre los discípulos de Jesús. Qué tal esa pregunta que le hacen. ¿Quién es el más importante en el Reino de los cielos? Recordemos que aquella gente estaba esperando con ansia la llegada de ese reino. Ellos estaban esperando la manifestación gloriosa, impactante, majestuosa de Dios. Para los judíos de aquella época. Reino de Dios era una expresión que les hacía recordar, por ejemplo, el tiempo del rey David. Victoria sobre los enemigos. Seguridad en las fronteras. Prosperidad en los terrenos de Dios en la tierra prometida y fecundidad que asegura larga y feliz vida. Eso es lo que ellos imaginaban, sobre todo del Reino de Dios. Y viendo el poder que Cristo desplegaba en sus exorcismos y en sus milagros, pues esta gente parecía buscar a toda costa asegurarse el mejor puesto ahí.
Recordemos que en alguna ocasión Santiago y Juan dos de los apóstoles fueron donde Cristo a decirle queremos sentarnos el uno a la derecha y el otro a la izquierda. Es decir, querían asegurar los mejores puestos. En la misma línea va la pregunta ¿Quién es el más importante? Esa es la pregunta que aparece hoy. Cristo, sin embargo, les responde de un modo que tuvo que ser decepcionante y además enigmático para ellos. Lo primero que les dice es, el que no se haga pequeño como un niño no puede entrar al Reino de los cielos. Hay que hacerse pequeño.
Pero ¿qué significa eso de ser pequeño? Pues en primer lugar significa que hay cosas que debemos aprender de los pequeños, pero como todos hemos sido pequeños, en algún momento tendríamos que responder de esta manera. Hay cosas que se nos han olvidado. Cuando Cristo dice que hay que volverse pequeño como un niño, en el fondo nos está diciendo hay muchas cosas que tú tuviste y que las dejaste perder porque tú fuiste niño, pero dejaste perder lo que tenías en tu niñez. Uno puede pensar, por ejemplo, en la inocencia de los niños y uno puede pensar que con el paso del tiempo y con los abusos que uno ha tenido o que uno le ha hecho a otras personas, con las trampas, con la violencia, con las intenciones torcidas, toda esa pureza y toda esa inocencia de la infancia son cosas que hemos dejado perder. Cristo nos está diciendo eso has dejado perder tesoros tuyos, dónde están los tesoros de tu infancia. Eso es lo que significa volverse pequeño como un niño.
Hay que destacar que el mismo Cristo ha crecido, pero nos explica San Lucas en un lugar que Cristo crecía en edad, sabiduría y gracia. Cristo no conoció el pecado. Sabía del poder del pecado. Sabía quién es el instigador al pecado. Pero Cristo no cometió pecado. Eso significa que Cristo es uno que no perdió eso que tienen los niños. Por eso la vida de Cristo es una vida que va sumando, no va intercambiando. De modo que la inocencia de la infancia luego se complementa con el entusiasmo y la fuerza de la juventud, y luego se complementa con la prudencia y con la, podríamos decir, la inteligencia, la capacidad organizativa y ejecutiva de la edad adulta, y luego se complementa con la sabiduría de la ancianidad. Y todas estas etapas, según el plan de Dios, deberían ir sumando, porque en muchos casos, fundamentalmente cuando cometemos el pecado, es como si nosotros reemplazáramos la inocencia de la juventud con un entusiasmo que muchas veces es temerario o que muchas veces es exagerado o imprudente en la juventud.
Cristo no creció por vía de reemplazo, sino creció por vía de adición. Es el mismo misterio y es la misma hermosura que encontramos en la Santísima Virgen. Por eso, cuando uno contempla a la Virgen María, uno puede ver al mismo tiempo a una mujer y puede ver toda la pureza de la infancia. Y esa limpieza de la mirada es la que tiene indudablemente una capacidad de impacto mayor. Así que no se nos olvide lo que Cristo nos ha enseñado hoy. ¿Qué es lo que has dejado perder? Vuelve a eso que has dejado perder. Vuelve a eso, recupéralo y redescubre desde ahí lo que Dios quería para ti. Así podrás entrar al Reino de Dios.

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