Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todavía hoy seguimos discutiendo por primeros puestos, también en la comunidad cristiana.

Homilía o192004a, predicada en 20140812, con 5 min. y 23 seg.

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Transcripción:

Qué fácil, mis amigos. Es descubrir los defectos en otras personas. Por algo Jesús nos dio esa comparación del hombre que no ve la viga que tiene en el propio ojo. Pero si alcanza a descubrir una mota que está en el ojo de su prójimo. Creo que con ese mismo esquema podemos descubrir fácilmente los defectos, los pecados de los personajes del Evangelio. No sé si a ustedes les parece tanto como a mí, que es profundamente ridícula la pregunta que le hacen los discípulos a Jesús en el texto de hoy.

Comienzo del Capítulo Dieciocho de San Mateo. Jesús Acláranos ¿Quién es el más importante? ¿Qué tal esa pregunta? ¿Quién es el más importante? ¿Qué esperaban ellos como respuesta? Tal vez que Jesús dijera el más importante es el que tenga más estudios de Biblia, seguramente hubiera ganado ese concurso Natanael, también llamado Bartolomé, que era maestro de la ley, era escriba. Era uno de los que podía enseñar a otros en estudios bíblicos. O tal vez Jesús hubiera dicho el más importante es el más valiente, el más audaz y entonces hubiera ganado el concurso Simón el Zelota. O tal vez le hubiera ganado Judas Iscariote. Qué tal que Jesús hubiera dicho el más importante es el más joven, porque tiene mayor vigor, tiene más creatividad, tal vez hubiera ganado Juan, y así sucesivamente.

¿Qué hay detrás de esa pregunta? Eso es algo que nosotros podemos preguntarnos. Y también podemos preguntarnos ¿En qué se parece la condición de estos discípulos a nuestra propia condición? No será que nosotros seguimos buscando quién es el más importante. Tal vez no nos atrevemos a hacer la pregunta abiertamente, pero cuando competimos por los mejores puestos, por los primeros puestos, incluso en las obras de la Iglesia. Cuando hay cierta competencia incluso descarada ¿Por ver quién va a quedarse, con cuál responsabilidad, con cuál oficina, con cuál nombramiento, con cuál parroquia, vicaría, quién va a ser el provincial, quién va a ser el obispo, quién va a quedar con la mejor sede? Esa es de nuevo la pregunta de los apóstoles. Por eso digo que es fácil juzgarlos a ellos, porque desde nuestra óptica, la pregunta de ellos es ridícula.

Pero otros que nos miren a nosotros seguramente van a encontrar, que es ridículo lo que nosotros hacemos en muchos aspectos, también cuando se trata de Dios. Yo he encontrado personas que se han retirado de grupos de oración y dicen pues yo me retiré porque yo quería entrar en el Ministerio de Música, por ejemplo. Yo creo que tengo buena voz, pero nunca me dieron una oportunidad. Es decir, con otras palabras, si no puedo brillar, si no hay un reconocimiento para mí, ese no es mi lugar. Probablemente no es tu lugar, pero ¿cuáles son tus verdaderas razones? Las tuyas. No las que tú dices, sino las verdaderas razones, las que hay en tu corazón.

Y por eso esta pregunta de los apóstoles tiene que resonar también en nosotros, incluso en pequeñas comunidades. Tal vez la comunidad más pequeña es la pareja. Me decía una vez un psicólogo que lo que más daña la relación de pareja es el deseo de tener siempre la razón. Es decir, yo no puedo perder la discusión, yo no puedo perder esta pelea. Entonces la vida entera se vuelve una pelea y son únicamente dos y dos que se conocen bien y dos que se han amado mucho. Y sin embargo, ya ves, están en lo mismo. ¿Quién es el más importante?

Realmente necesitamos, como decía el Cardenal Congar, realmente necesitamos convertirnos al Evangelio y volver a descubrir que el verdadero tesoro está no en lo que nosotros pretendemos ser, sino en lo que el Señor nos regala con su gracia, con su amor, y a partir de ahí empezar a descubrir otras dimensiones. La dimensión de la misericordia, la dimensión del servicio. Que suya sea la gloria, que suyo sea el triunfo por los siglos. Amén.

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