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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El niño sabe pedir con confianza el pan que no merece. Así nos quiere Cristo para el Reino.
Homilía o192003a, predicada en 20120814, con 4 min. y 31 seg. 
Transcripción:
Cuando hay necesidades muy serias. Por ejemplo, en tiempo de guerra lo que más se necesita son fuerzas. Cada hombre, incluso cada mujer, se ve como un potencial defensor, como un soldado. En épocas de mucha hambre ¿Cómo se ve al ser humano? Como un posible trabajador, alguien que debería estar gastando su vida, gastando su día produciendo alimento. En tiempos de pobreza a todo el mundo se le ve cara de obrero y de trabajador, y así sucesivamente. Pues eran tiempos de escasez, tiempos de pobreza y tiempos de hambre los que conoció Jesús, especialmente porque el pueblo de Dios se encontraba en una condición de humillación, abajados, humillados por el Imperio romano.
Aquellos judíos se encontraban en una situación en que cada hombre, especialmente los varones, en que cada hombre era visto como un posible defensor de la soberanía del pueblo elegido. Es una lógica. Es una manera de pensar que puede ayudarnos a comprender por qué se veía a los niños como se les veía. Cuando hay mucha hambre el niño es simplemente una boca para alimentar. Cuando hay mucha pobreza, el niño es simplemente una especie de aspiradora que está pidiendo y pidiendo cosas. Cuando hay mucho conflicto, cuando hay guerra, el niño es simplemente uno que hay que defender, pero que poco puede hacer por su país o nación.
Resumiendo, los niños eran vistos de un modo bastante despectivo en aquella época. El niño no era apreciado porque el niño era una caja de necesidades, una boca que alimentar y un ser demasiado débil para realmente aportar algo significativo en el trabajo o en la guerra. Esa mentalidad que podemos llamar utilitarista, explica por qué los niños eran tratados de esa manera, como nos cuenta el Evangelio. Incluso los discípulos de Cristo miraban a los niños más bien como gente estorbosa. Y cuando las mamás querían que sus hijos fueran bendecidos por el profeta de Nazaret, pues ya sabemos la actitud de los discípulos, más bien apartar ese estorbo y dejar tranquilo al Mesías y quedarse tranquilos ellos. Cristo viene a cambiar completamente este esquema.
Imaginémonos a la luz de lo que hemos tratado de explicar. Imaginémonos cómo podía sonar en los oídos de aquella gente la expresión de Cristo. Hay que hacerse niño para entrar en el Reino de los Cielos. Eso quiere decir que solo aquel que reconoce su hambre como el niño que no puede proveerse de alimento pero lo necesita. Solo aquel que reconoce su indigencia, aquel que sabe que le hacen falta tantas cosas pero no puede conseguirlas. Solo aquel que es como el niño que se abraza a las piernas de la mamá o del papá en el momento de un ataque. Es decir, aquel que es demasiado pequeño para defenderse pero que necesita defensa. Solo el que entra en ese camino puede entender lo que significa el Evangelio. No, el Evangelio no es para la gente que se considera fuerte ni que se considera productiva y autosuficiente. El evangelio es para aquellos que saben reconocer su necesidad, que saben entender las manos, que saben clamar con entera confianza al Padre Celestial. Y por eso tienes que ser un niño para entrar al Reino de los Cielos.

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