Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Palabra de Dios nos iguala y a la vez nos hace distintos a los demás.

Homilía o192001a, predicada en 19960813, con 3 min. y 18 seg.

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Transcripción:

Hijo de hombre o literalmente hijo de Adán. Le dice Dios al profeta Ezequiel. Cuando le dice hijo de Adán, le reconoce hermano de los demás israelitas, pero cuando le manda no seas rebelde, quiere que sea distinto de la casa de Israel, a la que el libro de Ezequiel llama continuamente la casa rebelde. En cuanto hijo de Adán, igual que todos. En cuanto obediente al mandato de Dios, distinto de todos. Igual pero distinto. Este es el profeta Ezequiel, igual pero distinto. Esta es la esencia de la profecía. Solo porque es igual a sus hermanos les puede hablar al corazón. Pero una vez que les habla el corazón, tiene que decirles elegías, lamentos y ayes. Y por eso la misma palabra que a veces sabe dulce al decirla y parece bien construida, o elocuente o retórica, esa misma palabra cuando llega al estómago, genera amargura o descontento.

Y así le pasó efectivamente a Ezequiel. Envió su palabra y aunque sus visiones eran grandiosas y su palabra fuera fácil y elocuente, el mensaje revestía dureza. Esta es la condición del profeta ser igual pero distinto, y por eso el profeta queda como crucificado, como el mismo Cristo que puesto en la cruz, se quedó sin tierra y sin cielo. Por lo menos por un momento en su existencia concreta y humana, se quedó sin tierra y sin cielo. Porque igual que nosotros padece nuestros dolores, distinto de nosotros anuncia una esperanza nueva. Acojamos la Palabra de Dios. Esta palabra nos devuelve al plan original del Señor. Esta palabra nos hace profundamente iguales a los demás seres humanos. No somos nosotros los que tenemos que igualarnos con la gente. Es la palabra la que nos iguala a ellos, porque en cuanto oidores de la palabra, somos lo mismo que los demás dependientes del Señor. Oigamos esta palabra que nos puede y que nos iguala a todos.

Pero oigamos también esa palabra que nos hará distintos para ser servidores de ellos, pero también más de una vez, para ser incomprendidos o rechazados por ellos. Venga su Palabra y habita en nosotros y abramos nosotros nuestro corazón para hacer como Ezequiel. Iguales, pero distintos.

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