Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En tierra de brujos y curanderos, era fácil que aquella mujer sirofenicia viera a Cristo como uno más entre tantos que prometen soluciones mágicas; la negativa de Cristo prepara el camino de la fe para ella... y nos da una importante enseñanza a nosotros.

Homilía o183006a, predicada en 20220803, con 13 min. y 38 seg.

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Transcripción:

Este pasaje del Evangelio nos causa gran extrañeza porque estamos acostumbrados a ver en Jesús, un manantial de compasión, de misericordia y lo que aparece en este pasaje es duro. Es una persona que está en gran necesidad, no está pidiendo ni siquiera por sí misma, sino por su hija, su pequeña hija y Cristo le da largas, parece que solo como forzado, hace el milagro. Para entender un poco lo que está sucediendo aquí, yo creo que conviene que recordemos quiénes eran esos habitantes de Tiro y de Sidón, qué era lo que sucedía ahí.

Esa región corresponde al pueblo de los fenicios. Los fenicios eran comerciantes, eran gente rica, en general, buen nivel económico y eran amantes de la brujería y de toda forma de invocación de espíritus. En el Antiguo Testamento nos encontramos el caso de una mujer, llamada Jezabel, que fue la esposa del rey Ajab. Jezabel era bruja y pertenecía a esta cultura de Tiro y de Sidón y fue la mujer que le hizo la guerra y que buscó con todas sus fuerzas la muerte del profeta Elías. Fue un tiempo sumamente difícil, casi unos 850 años antes de Cristo. Esa es la región donde está Cristo, una región plagada por curanderos, por espiritistas y por brujos. Y en esa región, aquí viene la primera lección para nosotros, es donde se presenta esta posesión diabólica, ahí está una primera lección. Allí donde se multiplican los horóscopos y los curanderos, y la gente que supuestamente adivina el futuro y brujos y nigromancia y quiromancia y todo ese tipo de cosas, pues no está lejos el demonio, este es un dato importante, no está lejos.

Decía este pensador católico tan brillante, Chesterton decía: Se deja de creer en Dios y se empieza a creer en cualquier cosa. Y una sociedad que le da la espalda a Dios es una sociedad que fácilmente se rinde frente a los escándalos, frente a los escándalos, frente a los encantos de la brujería, del horóscopo, de la adivinación. Ustedes seguramente han oído mencionar un famoso exorcista, tal vez de los más famosos de los últimos años, el padre Gabriel o Gabriele Amorth. Este sacerdote exorcista en la diócesis de Roma, por supuesto, con permiso de los respectivos Papas, y le llegaban toda clase de casos. Y él decía que notaba un aumento en los problemas de satanismo y de infestación diabólica y de posesión diabólica, precisamente, en la medida en que la sociedad le daba la espalda a Dios. Entonces, ahí hay una lección muy importante, no es asunto de juego.

Lamentablemente, por todas partes nos quieren inyectar eso, ¿no? Yo no hace mucho entré a esta red social a TikTok, donde estoy publicando básicamente la lectura del Evangelio y una pequeña homilía. Y claro, como soy usuario de TikTok, entonces pues está lo que me llega y lo que le llega a uno, pues es, por una parte, hay mucha tontería, hay mucha vulgaridad y mucha brujería, pero mucha, una cantidad de personas que anuncian que, a través de los ángeles, que a través del tarot, que te hago la carta astral, que te enseño a desdoblarte, es decir, estamos realmente frente a un avance de este ocultismo y el Evangelio nos está mostrando que ese camino solo puede conducir a una parte, solamente puede conducir ¿a qué? A la acción más directa, más presente, más inmediata del demonio.

Bueno, pero todavía no hemos resuelto nuestra pregunta, la pregunta de por qué Cristo retrasa ese milagro. Yo creo que hay que tener en cuenta lo que hemos dicho, esto de la brujería. Y sobre eso he escuchado dos explicaciones que me parece que ambas tienen razón. Primera, en una tierra de curanderos. Cristo no quiere ser un curandero más, Él no quiere ser uno más. Y en eso, por supuesto que tiene razón, es Cristo, por supuesto que tiene razón.

Yo he visto, por ejemplo, gente que busca un milagro, porque tiene una enfermedad, porque tienen un problema, buscan un milagro y van a un grupo de oración católico, pero como el milagro no salió, entonces se van a otro grupo. Es decir, no les interesa Dios, les interesa arreglar su problema. Esas personas tienen algún tipo de creencia, casi podríamos llamarla algún tipo de fe, pero uno se da cuenta que es una fe, una fe muy coja, una fe muy sucia, muy adulterada, van donde encuentran el milagro. Me decía una vez una señora taxista en Bogotá: Yo creo en la Iglesia donde haya milagros. Yo nunca vi milagros en la Iglesia Católica, ahora estoy con el pastor no sé qué, allá sí he visto milagros, allá me quedo.

Entonces, Cristo no quiere ser un curandero más, Cristo marca una diferencia, está diciéndole a esta mujer y nos está diciendo a nosotros: Yo no soy uno más. Porque básicamente estos lugares y ese tipo de culto, de tipo espiritista o cosas parecidas, ese tipo de culto, pues básicamente lo que está prometiendo son eso, milagros, prodigios, curaciones, curaciones. Se anuncian muchas curaciones a través de, como ya les dije, a través de ángeles, a través de armonías, a través de sustancias, a través de sonidos. A mi me han salido propagandas de esas, por eso le comentaba aquí a la madre que yo todos los días estoy bloqueando 10, 15, 20 cuentas de basura que me llega, es impresionante. Yo me pongo a pensar, esto aquí entre paréntesis, yo me pongo a pensar realmente una persona con poco discernimiento, se le llena la cabeza de basura con una red de esas, porque eso es la cantidad de barbaridades. Y muchos de ellos hablan de eso, de sanación.

El otro día, que eso fue ya hace unas cuantas semanas, había alguien ahí que anunciaba una curación a través de sonidos, con unas especies de cuencos tibetanos que tienen unos sonidos incluso muy agradables al oído, de distintas frecuencias, producen como unos zumbidos. Y entonces: Este sonido para armonizar tu cuerpo, este sonido para no sé qué. Y dice uno: ¿Pero hasta dónde iremos a llegar? O sea, ya, ya, los sonidos sanadores, pues, ya ni siquiera hay que invocar a Dios, sino un sonido sanador. Oiga, este sonido y con ese sonido se le pasa esa rinitis que usted no ha podido solucionar de ninguna manera. Oiga este sonido y verá que se arregla, se arregla su problema.

Entonces, primera explicación, Cristo no quiere ser uno más, Cristo no quiere ser uno más. La segunda explicación también relacionada es que Cristo quiere llevar a esta mujer a la fe verdadera, a la verdadera fe. Fíjate que no riñe una explicación con la otra, Él dice: «Yo solo he sido enviado a las ovejas de Israel». Y uno podría decir: No, pero qué regionalismo tan terrible, qué nacionalismo absurdo. Pero luego nos damos cuenta que esa palabra sigue siendo cierta. Cristo solo ha venido por las ovejas de Israel, solo ha venido por las ovejas de Israel. ¿Cómo se explica eso? Es que nosotros, como dice San Pablo, fuimos injertados en Israel, nosotros somos Israel. Entonces, lo que hace Cristo con esta mujer, Cristo no se contradice, Cristo dice: Fui enviado a las ovejas de Israel y lo cumple. ¿Pero qué es lo que hace? La acoge en Israel y ¿cómo la acoge? Por el camino de la humildad cuando ella reconoce que el pan de Israel es el verdadero pan, ese es el acto de fe de ella.

Bueno, una tentación que uno puede tener, dejamos hasta ahí el tema de la actitud de Cristo, una tentación que uno puede tener es entrar como a analizar o incluso sobre-analizar a la persona de Cristo. Yo creo que más bien es interesante ponernos en el lugar de esta mujer. Y es interesante descubrir cómo la fe de ella fue una fe perseverante, fue una fe humilde, fue una fe total. Y pienso que ahí hay una lección para nosotros, una fe perseverante, una fe humilde. La Palabra de Dios dice por boca de San Pedro: «Dios da su gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios». Una fe humilde, si le pedimos a Dios con fe humilde, el demonio se aleja, porque el demonio no resiste ni la fe ni la humildad. La fe humilde es el antídoto para todo ataque del enemigo. Qué no se le podrá pedir a Dios con fe humilde.

Yo les invito, piense, piense, cada uno piense cuál es la esa gran petición, porque lo que pidió esta mujer no fue poca cosa, cuál es esa gran petición que yo le quiero hacer a Dios y pedirla con fe humilde. Yo les voy a decir cuál es la mía, no les pido que digan la de ustedes, pero yo les voy a decir cuál es la mía en esta Eucaristía. Yo le quiero pedir con humildad al Señor el florecimiento de la comunidad de Predicadoras de Cristo y María. No es poco, no es pedir poco. Vivimos en tiempos en que la Iglesia parece desacreditada, venir uno de otro país, tener otro idioma, tantas limitaciones. Pero yo digo, qué no puede la fe humilde, qué tal si nosotros nos unimos, seguramente que ya lo han hecho muchas veces, qué tal si nos unimos en esa oración, pedir con fe humilde al Señor, esa fe que está bien descrita en el Salmo: Como están los ojos de los esclavos, te acuerdas, ¿no? «Como están los ojos de los esclavos en manos de sus señores, como están los ojos de la esclava en manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, aguardando su misericordia».

Es esta misma fe, esta misma fe, la fe humilde. Qué hermoso unirnos, cada persona tendrá su propia intención. La mía hoy es esa pedirle al Señor: Señor, haz tu obra, haz tu obra. Acoge una oración humilde y creyente por el florecimiento de esta comunidad para bien de muchas personas, para que muchos sean evangelizados, para que llegue tu palabra, para que llegue tu mensaje. Pensemos en lo que significa la fe humilde, la fe humilde para vencer nuestros pecados, la fe humilde para superar los obstáculos, la fe humilde para lograr los verdaderos milagros.

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