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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El ambiente cultural de los fenicios estaba marcado por brujos y curanderos y por eso es comprensible que Jesucristo lleve a esta mujer por un sendero de purificación hasta la fe verdadera.
Homilía o183004a, predicada en 20200805, con 24 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Hermanos, este Evangelio es extraño, o por lo menos peculiar, en más de un sentido. Es extraño porque nosotros nos hemos acostumbrado a ver en Jesucristo, un manantial de misericordia, y lo que encontramos aquí es una actitud que, incluso a nosotros nos parecería muy dura. Claramente aquella mujer tenía un gran dolor, una gran necesidad, y Cristo parece tratarla con indiferencia, y si uno puede utilizar esta palabra, casi diríamos con dureza, con arrogancia.
Es verdad que la palabra perro, tiene un sentido mucho más fuerte y despectivo en nuestra época. Para nosotros, en ningún caso es un elogio ni a un hombre ni a una mujer hablarle de esa manera. Debemos tener en cuenta que en la antigüedad ese lenguaje era mucho más suave. Así, por ejemplo, una escuela filosófica, la escuela de los llamados epicureistas, eran llamados a veces perros, y de ahí viene la palabra cínico. Y eran llamados perros, no en el sentido que a veces tiene esa palabra en nuestro idioma actual, sino más bien como una caracterización de su pensamiento, de su forma de vida, con lo cual quiero decir que el uso de las palabras no necesariamente era tan fuerte en la época de Cristo. Pero lo que sí está claro es que no debió ser fácil para esta mujer encontrarse primero con la indiferencia y luego con la resistencia de Cristo. Entonces por eso decimos que es un Evangelio difícil, un Evangelio que nos causa extrañeza.
Para tratar de entender lo que aquí sucede debemos tener en cuenta en qué lugar acontece esta escena. Nos dice el comienzo del texto sagrado que Jesús se retiró al país de Tiro y Sidón. Estas dos poblaciones pertenecen al mundo de los fenicios, uno de los pueblos más mencionados en la antigüedad, conocido, sobre todo, por sus grandes habilidades para el comercio y, por consiguiente, para la navegación. Antes de la subida del Imperio Romano, los fenicios dominaban una gran parte del mar Mediterráneo, iban creando puertos en distintos lugares. El puerto más famoso creado, fundado por los fenicios, fue Cartago, en el norte de África. Y Cartago, población fenicia, llegó a tener bastante poder comercial y militar, y por eso se enfrentó contra el Imperio Romano en las guerras llamadas púnicas. Este enfrentamiento fue terrible y, por lo menos, en la primera de esas guerras, los fenicios se impusieron.
Tiro y Sidón eran entonces ciudades prósperas donde circulaba el comercio y que servían como punto de partida para los fenicios. Los fenicios entonces eran vecinos de alguna manera de la región de Galilea. Pero, hay que hacer esta advertencia, los fenicios no tenían nada que ver con la religión de los hebreos. Es más, los fenicios eran grandes practicantes de todo tipo de magia, adivinación, y podemos decir, brujería. En el Antiguo Testamento hay una mujer llamada Jezabel, la cual, precisamente, aparece en la historia del pueblo de Dios como enemiga a muerte, literalmente enemiga a muerte de la fe de los hebreos. Esta mujer, Jezabel, al parecer era de familia sacerdotal dentro del mundo fenicio, eso quiere decir que ella era sacerdotisa, o diríamos, bruja dentro de las artes y dentro del culto de los fenicios. Ese es el mundo, esa es la región en la que Cristo se encuentra dentro de este pasaje.
Hay que tener en cuenta también, que allí donde prospera la brujería, cosa que también sucede en algunas regiones de nuestra tierra lamentablemente, se crea la idea de que todo problema se puede resolver por medio de las artes y por medio de los rituales de la brujería, los encantamientos, las pociones, los ritos, cualquier cosa de esas. De modo que esta región, donde encontramos a Cristo con sus discípulos, es una región marcada por el culto al dinero, por la brujería y por una abundancia de curanderos y de sacerdotes de las más diversas sectas, que se supone que son capaces de curar. Es lo que vemos que sucede, por ejemplo, en esta ciudad de Bogotá. Hay toda una región, para mí es siempre como pasar por una llaga, pasar por ese sitio. Es una región, para quienes conocen Bogotá, aquí por la Avenida Caracas, por esos lados de la calle 45, 40 hay una cantidad de locales, una cantidad de sitios que hacen ofertas de brujería.
Entonces, invitan a través de distintos letreros, testimonios y muchas veces llamando a la gente a la confusión. Les invitan a que entren a esos sitios donde se lee la mano, donde se ofrecen riegos, donde se hacen pociones, oraciones, encantamientos, ataduras, todo tipo de prácticas de brujería. Y es llamativo para quienes hemos tenido que pasar por ese sitio, es llamativo que ellos ofrecen solución para todo. Si tiene problemas económicos, problemas de salud, problemas en el amor para atar a una persona, para que esa persona quede enamorada de usted, obsesionada con usted, eso se ofrece continuamente. Entonces, yo me imagino que la región en la que estaba Cristo, la región donde sucede esta escena, es una región parecida a ese sector de Bogotá, que no es el único sector donde eso sucede. Y así también hay otros sitios en otras ciudades, la gente va allá.
Otra característica que debo destacar de ese sitio aquí en Bogotá, y repito, así me imagino yo esta región de Fenicia, es que se mezcla todo, con todo. En muchos de esos sitios aparecen imágenes del Sagrado Corazón, un crucifijo y junto a eso, los personajes que se supone que con su sabiduría y con su poder van a librarnos de todos los males. Esos personajes son el indio amazónico, el Negro Felipe, María Lionza, la mano milagrosa.
Y también ha habido un uso supersticioso, espiritista de Gregorio Hernández, el doctor Gregorio Hernández. Este doctor José Gregorio Hernández, venezolano, parece que es un hombre muy virtuoso, fue un hombre muy virtuoso, murió ya hace tiempo. Un médico de profesión que ejerció la caridad a través de su profesión, hizo muchísimo bien a mucha gente y además un hombre muy piadoso, muy creyente, pero lamentablemente los espiritistas en Colombia y también en algunos lugares de Venezuela y no sé si en otros sitios, han secuestrado el nombre de José Gregorio Hernández para hacer prácticas de espiritismo. Por eso, se da una gran confusión, porque la persona real de José Gregorio Hernández, parece que fue un gran católico, nada de brujería, nada, nada de eso, un gran católico. Pero a veces pasa que los espiritistas secuestran un nombre, empiezan a utilizar ese nombre, pero debajo de ese nombre meten su veneno, meten sus prácticas, en este caso sus prácticas espiritistas.
Es lo mismo que ha sucedido en el Caribe con algunos santos. Así, por ejemplo, en el Caribe, cuando empezó a difundirse el amor y la devoción a una santa mártir de la antigüedad cristiana, Santa Bárbara, entonces algunos de los brujos, venidos de la cultura africana, empezaron a utilizar el nombre de Santa Bárbara, pero en realidad invocando a sus antiguos ídolos, presentando a Santa Bárbara como si fuera el nombre de uno de sus supuestos dioses. De hecho, ese dios, un dios falso, es una manera de invocar al demonio, recibe el nombre de Changó. Entonces, cuando usted escucha la expresión: ¡Que viva Changó! Esa es una alabanza al diablo. Es una alabanza al demonio. Pero ellos crean esa confusión entre Santa Bárbara y Changó. De manera que Santa Bárbara viene a ser solamente el nombre que ellos usan, pero para insistir en su práctica idolátrica, que en el fondo es demoníaca.
Lo mismo ha pasado con Gregorio Hernández, un hombre católico, un hombre bueno, virtuoso, generoso, caritativo, pero debajo del nombre de José Gregorio Hernández se ha practicado muchísimo espiritismo, haciéndole terrible daño a familias enteras en Colombia y en otros sitios. Esto es parte de la estrategia perversa del enemigo, tomar cosas buenas y transformarlas en malas. Otra persona a la que se le ha hecho ese mismo tratamiento, y repito, esta es una estrategia de Satanás. Otra persona es Catalina de Alejandría. Santa Catalina de Alejandría fue una mujer mártir, pero se toman esos nombres, esto hacen los brujos, esto hacen los espiritistas, toman esos nombres y empiezan a difundir oraciones, oraciones que hay que poner entre comillas porque no son verdaderas oraciones. Oraciones a la tal Catalina de Alejandría, no confundirla con Catalina de Siena ni con otras Catalinas, Catalina de Alejandría. Y son oraciones falsas, son oraciones que, en realidad, tienen el sello de la brujería.
Pero volvamos a nuestra historia, por qué he contado todo este tema que yo sé que es incómodo para muchos de ustedes y también para mí no es agradable hablar de esto, por qué hay que hacerlo, porque hay que advertir en primer lugar. Y, en segundo lugar, porque hay un gran parecido entre estas prácticas de la brujería actual y las prácticas de la brujería en tiempos de Cristo. Y debo decir que los grandes practicantes de la brujería en la época de Cristo, estaban precisamente en esta región de Tiro y Sidón, en esta región de Fenicia, porque llevaban siglos y siglos. Tú has de cuenta que la historia de Jezabel, es una historia que está 600, 700 años antes de Cristo. O sea que son miles de años podemos decir, por lo menos muchos siglos de prácticas demoníacas y prácticas de brujería y prácticas de una gran confusión entre lo que es idolatría, lo que es brujería y lo que es la fe, la fe en Dios. Mira toda esta introducción que se necesita, toda esta introducción.
Entonces, ¿qué sucede? Que esto explica en parte el hecho de que la hija de esta mujer, la que le suplica a Cristo, es una persona que está endemoniada, esta muchacha estaba endemoniada. La verdad es que ahí donde avanza y avanza la brujería empiezan a multiplicarse los casos de posesión diabólica. Esto también sucede en nuestra época. Yo vi una noticia impresionante, un sacerdote italiano que comentaba cómo a medida que su país, Italia, se aparta y se aparta de Dios, se multiplican las supersticiones, los horóscopos, el satanismo, las posesiones diabólicas. No puede ser de otra manera, si nos alejamos de la luz, qué de extraño tiene que nos encontremos con las tinieblas. Por eso, es lo que sucede hoy en muchas partes del mundo.
Lo encontramos también en Estados Unidos. Estados Unidos no ha sido un país mayoritariamente católico, en general, pero ha tenido una fe en Jesucristo a través de distintas denominaciones protestantes. A medida que la fe en Cristo entra en declive en Estados Unidos, el satanismo muy pronto saca las garras. Y por eso, ha habido peticiones absolutamente escalofriantes, como por ejemplo que se registre el satanismo como una religión que queda libre de impuestos, que se hagan templos, templos de reunión o lugares de reunión para el satanismo. Donde se aparta la gente de Dios, tarde o temprano termina en las garras del enemigo. Eso es evidente. Entonces, eso explica por qué la hija de esta mujer estaba en esa condición tan triste.
Pero ahora pensemos en esta mujer. Por supuesto que su drama desde el punto de vista humano es terrible, su drama es terrible. Pero, por otra parte, descubramos algo, y es que ella seguramente era víctima de esa confusión de religiones y de prácticas y de ritos, que es una de las consecuencias, uno de los daños colaterales que trae la práctica de la brujería, que la gente empieza a creer que da lo mismo Martín de Porres o el Negro Felipe. Da lo mismo pedirle a Santa Isabel de Hungría o pedirle a María Lionza, les da lo mismo todo. Entonces, debemos suponer que el corazón, el pobre corazón de esta mujer y su mente están completamente revueltas, ella lo único que quiere es que cese el problema, que se acabe, que se acabe el problema, el dolor de su hija, la situación tan humillante, tan triste, tan degradada en que ve a su hija. Eso es lo único que ella quiere.
Entonces, es perfectamente razonable, y este es el corazón de nuestra explicación, que ella se acerca a Cristo como buscando un curandero más, como buscando un brujo más, como buscando alguien más que pueda hacer algo. Seguramente, ha buscado ayuda en otras personas y no la ha encontrado. Entonces, oyó que un profeta venido de Galilea curaba gente y ella se acerca a Cristo como si fuera un curandero. Y por eso, Cristo toma una actitud que nos puede parecer de arrogancia. Pero al ver el desenlace del pasaje, vemos que no es arrogancia, realmente desde su indiferencia, ya Cristo está catequizando a esta mujer porque le está diciendo: Yo no soy uno más. Los demás rápidamente aceptan el trabajo y cobran, eso es lo propio de los brujos, cobrar, cobrar, hacerse con dinero. Los demás aceptan fácil fácilmente el trabajo y cobran. Cristo, por su parte, no acepta y no cobra. Esa es catequesis para esta mujer, le está diciendo: Yo no soy otro más, yo no soy otro curandero más.
Los discípulos le insisten y Cristo dice: No, es que lo mío es con Israel. Algunos de nosotros podríamos extrañarnos pensando: Bueno, pues si el mandato de Cristo es solo para Israel, entonces ¿nosotros cómo entramos ahí? La respuesta no es tan difícil, ¿sabes cómo entramos nosotros? Nosotros somos los herederos del antiguo Israel y por eso también San Pablo nos llama a nosotros el Israel de Dios. Pero ¿cómo se llega a ser Israel de Dios? A través de la fe. Entonces, Cristo dice: Es que yo no estoy aquí simplemente como una máquina de curaciones, yo no soy una máquina de hacer curaciones o de hacer milagros. Yo no soy un curandero más. Esa es la actitud de Cristo, y eso es lo que Cristo le dice a esta mujer, le dice: No, es que no se trata simplemente de andar curando gente. El pan es para los hijos, no es para los perros, los perritos, dice otra traducción.
Es algo muy fuerte, pero a través de la humildad, esta mujer dice una palabra que es fundamental: Del mismo pan que ustedes comen, yo quiero y necesito comer. Uno se conmueve, uno se conmueve de pensar hasta dónde llega la humildad de una mujer y de una madre. Lo que ella está diciéndole a Cristo es: De lo mismo que tú, y solamente tú tienes, de eso que tú tienes es de lo que yo quiero. Ya ella no está mirando a Cristo como uno más. Y es en ese momento en el que Cristo le dice: Aquí hay fe, aquí hay fe. Y esa fe logra el milagro y se da el exorcismo a distancia.
Entonces, mis hermanos, ¿qué enseñanzas sacamos de todo esto? En primer lugar, tenemos que tomar conciencia del daño espantoso que hace la brujería, aún en sus expresiones aparentemente más inocentes. Hay que tomar conciencia del daño que eso hace, cómo lastima la fe, cómo se convierte en un negocio repugnante y cómo muchas veces hace que las personas caigan en una confusión absoluta, ese es el primer punto. Segundo punto, démonos cuenta de cómo la tendencia de esta mujer era buscar un curandero más y así no se logra nada de Cristo. Entonces, el segundo punto es, Cristo es único, es incomparable. Hoy algunos se confunden y buscan presentar a Cristo como si fuera uno más, y la religión cristiana y católica como si fuera una más entre muchas religiones. No, Cristo no es uno más, ese es el segundo punto. Y tercero, el tercer punto es que la fe, la fe viva, es la que abre las puertas a la misericordia, al poder de Dios, es algo realmente maravilloso.
Y ya que tantas cosas tan duras le pasaron a esa mujer, hay algo que conviene destacar, mis amados hermanos, y es que, en los Evangelios, Cristo casi no hace elogios, ¿te has dado cuenta de eso? Cristo casi no hace elogios. Pero hay dos personas a las que Cristo les elogia la fe. Dos personas, que yo me acuerde, mi memoria puede ser incompleta, pero que yo me acuerde ahí solo dos personas a las que Cristo les elogia la fe. Y curiosamente, esas dos personas vienen del paganismo, no eran judías, no pertenecían al pueblo hebreo. Una persona fue el centurión romano y otra persona es esta mujer sirofenicia, esta mujer. El centurión y la mujer sirofenicia, un romano y una sirofenicia.
Y esto es muy impresionante porque nos damos cuenta de algo que tenían en común, además de ser grandes creyentes, ¿sabes de qué nos damos cuenta? Ambos tomaron una actitud de profundísima humildad, profundísima humildad. Mira lo que dijo el centurión: «Yo no soy digno de que entres en mi casa». Y mira lo que dijo la mujer: «De la mesa de los amos cae el pan que comemos los perritos». Uy, qué humildad, Dios mío, qué golpe, qué bofetada para nuestra soberbia, esa es la actitud, esa es la actitud. La fe brota pronto y se conserva fuerte en tierras de la humildad. Pidamos al Señor ese corazón humilde para presentarle también con corazón humilde, todas nuestras intenciones, las que hemos mencionado y tantas otras que están en nuestro corazón. Amén.

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