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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera fe supone: perseverancia eligiendo a Jesucristo, actitud de humildad hasta postrarse ante Él y confianza profunda porque Jesús sabe cómo y cuándo obrar.
Homilía o183003a, predicada en 20200805, con 5 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Del capítulo número 15 de San Mateo proviene el pasaje que nuestra Madre, la Iglesia nos propone el día de hoy para la Santa Misa. Es un pasaje que al principio nos desconcierta, estamos tan acostumbrados a ver en acción la compasión de Cristo, que el solo hecho de ver que tarda en realizar el milagro, tarda en atender a esta persona, ese solo hecho realmente nos impacta. Pero Cristo nos está enseñando, así como también le brindaba una enseñanza a aquella mujer. Nos está enseñando a través de este pasaje, nunca deja de enseñarnos.
Y ¿cuál puede ser la lección en este caso? Claramente tiene que ver con la fe. Porque el mismo Cristo le dice a ella: ¡Qué grande es tu fe! Entonces, no nos dejemos escandalizar, no nos dejemos confundir, que la perplejidad no gane en nosotros. Más bien, preguntémonos ¿qué podemos aprender sobre la fe en este pasaje, repito, capítulo número 15 de San Mateo. A mi entender, hay tres grandes lecciones sobre la fe que aparecen en este pasaje.
Observemos que esta mujer no era judía, esta mujer no era hebrea, esta mujer era de una región muy conocida, sobre todo en el Antiguo Testamento, por la presencia de la brujería y de la magia, abundante culto a los Baales, culto a una diosa llamada Astarté, todo tipo de brujos, curanderos. Eso era lo que pululaba en la región de Tiro y de Sidón, es decir, la región propia del mundo fenicio. Era un mundo lleno de brujos. Y Cristo lo primero que quiere es no ser confundido con otro brujo más. Cabe suponer que esta mujer, sería lo más lógico, cabe suponer que esta mujer había buscado ayuda en otros lugares.
Y es aquí donde entra el primer elemento sobre la fe que es tan importante para nosotros. Esta mujer, al ser rechazada por Cristo, que repito, no quería ser confundido con un brujo más, un curandero más. Al ser rechazada por Cristo, ella no se va a otro sitio, ella persevera eligiendo a Cristo. Es decir, la fe supone una elección, una elección perseverante de Jesucristo en mi vida. Es lo que dice aquella frase que me encanta repetir y que se la oí por primera vez a una religiosa dominica contemplativa de este país Colombia: Váyame bien o váyame mal, con Cristo me voy a quedar. La escogencia perseverante de Jesucristo, este elemento es fundamental, esa es la verdadera fe. Si yo hago una oración y como no me funcionó, voy a que me lean las cartas y si no me funciona, vamos con el horóscopo. Y si no, meditación trascendental. Y si no, que venga lo que sea. Eso no es fe, te estás mintiendo, te estás engañando. La fe implica una búsqueda perseverante, una perseverancia en la búsqueda de Jesucristo.
Segundo, la fe, nos damos cuenta, supone una actitud de humildad. Cristo estaba produciendo estos rasgos de la fe en el corazón de ella. La displicencia con la que indudablemente ella se sintió tratada, hubiera podido provocar en cualquiera de nosotros una reacción de: Bueno, pues entonces siga, váyase, yo veré qué hago con mi hija. Ella no toma esa actitud, su actitud es humilde, tan humilde que incluso después de sentir el rechazo, va y se postra delante del Señor, se pone delante de Él como diciéndole: Si vas a seguir caminando, tendrás que pisarme. Qué humildad, y esto también es muy importante, porque todo lo que es una fe falsa siempre tiene la arrogancia de lograr lo que yo quiero, lograr lo mío, eso es lo propio de la falsa fe. La verdadera fe no es esa, la verdadera fe tiene esa actitud humilde.
Y, por último, ella deja el resultado final en Cristo, es decir, confianza, profunda confianza. Eso es lo propio de la fe. Entonces, ¿las tres lecciones cuáles son? Perseverancia eligiendo a Jesucristo, y no lo voy a cambiar porque las cosas no parecen salir a mi manera. Segundo, actitud de humildad hasta postrarse ante Él. Y tercero, confianza. Él sabrá qué es lo mejor, Él sabrá cómo obrar y cuándo obrar, y en Él pongo toda mi esperanza.

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