Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los dos miedos en la conversión: que Cristo me quite mi estilo de vida; y que la gente me ataque.

Homilía o182003a, predicada en 20140805, con 5 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Creo que el pasaje de hoy es uno de los más conocidos o de los más fáciles de recordar de los evangelios. Aquella escena de los discípulos que están en la barca, el viento es contrario y Jesús se acerca caminando sobre el agua. Entonces sienten miedo al ver a Jesús. Pedro dice si eres tú, manda que yo vaya sobre el agua y alcanza a caminar un poco, pero luego vuelve a sentir miedo al experimentar la fuerza del viento. Vuelve a sentir miedo y se empieza a hundir y exclama ¡Señor, sálvame! Cristo lo salva. Bueno, la escena es conocida. Es fácil de recordar. Yo quiero que hoy nos detengamos en esas dos experiencias de miedo. Seguramente has observado que la palabra miedo aparece dos veces. Primero, Pedro y los demás apóstoles sienten miedo al ver a Jesús que se acerca. Y luego Pedro, esta vez solo Pedro, cuando está sobre el agua, siente miedo, siente miedo por la fuerza del viento. Dos momentos de miedo. Miedo al ver que Jesús se acerca. Miedo al sentir la fuerza del viento.

Hagamos una interpretación alegórica de esos dos miedos. ¿Cómo podemos aplicar esas dos experiencias de miedo a nuestra vida? Por ejemplo, podemos pensar que a veces se siente miedo cuando Jesús se acerca y uno podría decir pero qué miedo le voy a tener a Jesús. Sobre esto habló el Papa Benedicto en la Jornada Mundial de la Juventud, que sucedió hace unos pocos años en Colonia, Benedicto decía a los jóvenes que Jesús no viene a robarnos nada, pero la advertencia del Papa denota algo que es muy profundo en el corazón humano. Es el miedo a que Dios me quite lo que yo no quiero que salga de mi vida. Es el miedo a dejar las ventajas del pecado. Es el miedo a cambiar. Ya estamos instalados en una cierta forma de vida y tener que cambiar cuesta, cuesta bastante. Y por eso entonces vemos con miedo que Dios se acerque.

Así, por ejemplo, hay parejas que saben que lo mejor sería casarse, pero tienen miedo de que el sacramento del matrimonio y los compromisos asumidos ante la Iglesia sean demasiado para ellos. Y ese miedo superficial, ese miedo, que es casi una superstición, les hace daño. O la persona, este ejemplo es más familiar, tal vez la persona que tiene miedo de confesarse, la persona que tiene miedo de acercarse a la iglesia y que lo involucren mucho y que le quiten mucho de ese tiempo que considera tan suyo. Eso es miedo.

Pero luego está el otro tipo de miedo que en el ejemplo de Pedro era el miedo al viento. Una vez que ya le hemos dado un sí a Jesús, así como Pedro le dijo mándame ir a ti. Ese ya es un sí a Jesús, un sí incompleto, un sí en semilla, pero ya es un sí. Bueno, pues una vez que le hemos dado ese primer sí al Señor. Luego se siente el viento y el viento es el mundo. Es el mundo que quiere retenerte. El viento es la burla de tantos, de tus compañeros y de tus parientes y de tu propia familia cercana que empieza a criticar tu nuevo modo de vivir. Entonces ahí está otro miedo.

Estos dos miedos vienen a representar entonces dos etapas o dos dificultades en la conversión. Primero, el miedo que tenemos a dejar las ventajas del pecado. Y segundo, el miedo que tenemos a soportar la oposición y la burla de las personas que nos conocen. Hay que vencer esos dos miedos para subirse a la barca y para llegar con Jesús hasta la orilla.

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