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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una fe muy profunda para andar sobre el agua.
Homilía o182001a, predicada en 20040803, con 7 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, con el texto que acabamos de escuchar en el Evangelio, seguramente va a crecer nuestro amor, nuestra simpatía por la persona del apóstol Pedro. Pedro es el primero entre los apóstoles, pero también es el primero en otra cantidad de cosas. Más de una vez en el Evangelio nos encontramos con que Jesús hace una pregunta y es Pedro quien responde. O también este es el único apóstol al que se le ocurre darle consejos a Jesús. También en eso, toma la iniciativa. Pedro es un hombre que reacciona de una manera, podríamos llamar primaria. No hace como mucho análisis de las consecuencias de sus actos y entonces ofrece que va a morir por Jesús. Pero luego, cuando las circunstancias son adversas, niega y perjura que no conoce a Jesús. Y le dice al Señor que no le lave los pies pero Jesús le dice entonces no vas a tener que ver conmigo. Y Pedro reacciona inmediatamente y dice entonces no solo los pies, sino todo el cuerpo.
Es decir, Pedro representa al corazón humano en su reacción inmediata frente a la obra de la gracia. Y esta es como la grandeza del mensaje que se nos revela a través de este apóstol, precisamente porque era un hombre que no medía demasiado las consecuencias, pues precisamente por eso nos permite ver de un modo como muy cristalino que sucede en un corazón, en un corazón como el tuyo o como el mío, cuando la oferta de Dios, cuando la propuesta de Dios nos pasa por delante.
Y el Evangelio de hoy no es una excepción a esta regla. Lo que nos encontramos es que todos se sienten asustados. Al parecer, todos piensan que se trata de un fantasma. Jesús caminando sobre el agua. Una cosa absolutamente inusitada, una cosa alucinante. Y estos hombres se sienten en pánico. Jesús dice Soy yo. Y es Pedro el primero en reaccionar según la costumbre. Pues si eres tú, entonces que yo pueda caminar sobre el agua. Es la reacción inmediata de este hombre. Quiere asegurarse, pero al mismo tiempo quiere experimentar lo que lo que está sucediendo ahí. Y se lanza a caminar. Pero luego, frente a las dificultades, también reacciona inmediatamente. Así como la voz de Jesús produjo en él una reacción acción inmediata y saltó de la barca para caminar sobre el agua. Así también la acción del viento produjo en él una reacción inmediata de miedo y de incredulidad que le llevó a hundirse. Es decir, nuevamente encontramos al apóstol Pedro reaccionando de una manera casi inmediata. Jesús se acerca y sostiene a Pedro y le pregunta ¿Por qué dudaste? Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Y esa es la lección que quisiera que tomáramos todos el día de hoy.
Observemos que Pedro tuvo una reacción inmediata. Pero la reacción inmediata de entusiasmo e incluso de obediencia a lo que Jesús le estaba diciendo no fue suficiente. Pedro reaccionó de una manera inmediata, pero su reacción no fue capaz de sostenerlo cuando llegaron las dificultades. No es suficiente el entusiasmo de un momento. No es suficiente el sentir que si, que Dios ha llegado a nuestra vida, que si nos ha visitado, que si nos ha tocado, que si nos ha hablado. Eso no es suficiente. No es suficiente con sentir eso, no es suficiente sentir, no es suficiente la reacción inmediata. Necesitamos algo más para recorrer el camino por esta tierra, necesitamos algo más que eso. Y observa que Jesús no le dijo a Pedro que no tenía fe. Jesús le dijo a Pedro que tenía poca fe. Reconocer al Señor y lanzarnos a caminar sobre el agua ya es tener algo de fe. Pero esa fe, esa fe así impetuosa, de reacción inmediata no es suficiente. Es poca fe. El mundo y las circunstancias en las que vivimos requieren algo más que eso. Necesitamos una fe profunda. Porque dice la primera carta de Juan que nuestra fe vence al mundo. Pero la fe que vence al mundo es una fe que es algo más que entusiasmo, algo más que reacción inmediata.
Pedro tuvo que aprender la lección. En cierto modo quedó humillado delante de sus compañeros, delante de los otros apóstoles. Pero lo mismo que ellos, según termina diciendo el relato de hoy. Él se postró reconociendo en Jesucristo Tú eres el Hijo de Dios. Que nuestra fe crezca, hermanos, que nuestra fe se afiance, que nuestra fe encuentre verdaderamente su fondo, encuentre verdaderamente su cimiento, para que podamos, aunque parezca imposible caminar sobre el agua. Y el mundo de hoy nos lo va a exigir, nos va a exigir que avancemos haciendo cosas imposibles. ¿Cómo es posible la vida cristiana hoy? Cómo es posible una vida cristiana en una Europa agnóstica, escéptica, fría, casi burlesca, compasiva, con una compasión secular por los que todavía creen esa compasión falsa desde luego. Esa compasión cínica de la que habló Nietzsche cuando se encuentran aquellos hombres con el viejo ermitaño y dicen con compasión cínica, ese todavía cree, no se ha dado cuenta que Dios se murió hace rato. Así nos van a mirar y hay que avanzar sobre el mundo. Y hay que caminar sobre el mundo así. Y parece imposible y es como andar sobre el agua. Y para eso necesitamos una fe muy profunda y Dios, Dios nos la va a dar.

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