Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hecho el debido discernimiento, debemos rechazar el pecado, abrazar la conversión y seguir con decisión el camino de Dios.

Homilía o181010a, predicada en 20260803, con 6 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Hermanos, yo amo la primera lectura de hoy tomada del profeta Jeremías. Y el motivo para mí es muy claro, porque es un texto de discernimiento entre otros santos, muy especialmente San Ignacio. San Ignacio de Loyola nos enseñó cómo es de importante el discernimiento. Discernir es distinguir, sobre todo cuando hay confusión. Discernir es separar lo malo de lo bueno es separar lo aparente de lo verdadero, es separar incluso lo bueno de lo mejor. El discernimiento es como un requisito para la auténtica prudencia, para la auténtica vida cristiana.

¿Y cuál es el discernimiento que aparece en esa primera lectura? Como seguramente recordamos, Jeremías no fue un profeta muy popular. De hecho, mucha gente lo detestaba porque el mensaje de Jeremías le hacía ver. Le recordaba al pueblo número uno que estaba en pecado. Y número dos que a Dios no lo vas a sobornar fácilmente. Qué sé yo, con unos sacrificios, con unos rituales. Si tu corazón no cambia tu religiosidad, lejos de acercarte al Señor, seguramente lo que hace es alejarte y ponerte en peor condición. Ese era el mensaje de Jeremías. Dicho de otra manera, Jeremías estaba invitando, yo diría, exhortando vivamente hacia la conversión. Pero el mensaje de la conversión no es un mensaje amable para muchas personas, es un mensaje antipático. Y lo que la gente suele hacer cuando escucha un mensaje desagradable es criticar, es castigar, es marginar al mensajero. Y eso fue exactamente lo que le sucedió a Jeremías. Jeremías fue maltratado por el mismo pueblo al que él le predicaba.

Bueno, pero así como estaba este profeta, que era un profeta auténtico, Jeremías, pues también había profetas falsos. Y uno de esos profetas falsos es el que aparece en esa primera lectura de hoy. Ese profeta falso se llamaba Ananías. Y Ananías sí que sabía agradar a la gente. Ananías sí que sabía decirle a la gente lo que la gente quería oír. Porque esa es precisamente una de las características del profeta falso. El profeta falso está muy interesado en agradar a la gente, es decir, endulzar los oídos de las personas para que se sientan a gusto, para que se sientan cómodos. La palabra que más se evitará el falso profeta que no viene de parte de Dios y que muy a menudo viene de parte del demonio. La palabra que va a evitar el falso profeta siempre será la conversión.

El falso profeta siempre tratará de dejarte tranquilo. Estás en pecado, quédate en tu pecado. Estás obrando mal, quédate así como estás obrando, y te dará cualquier tipo de justificación. Por ejemplo, con el tema de los que quieren que haya muchos sacerdotes homosexuales, como pasa con un jesuita de Estados Unidos, que él quiere que haya muchos, muchos sacerdotes homosexuales. Entonces viene la idea de que esa es tu naturaleza, tú eres así. La misericordia requiere que te aceptemos y estamos viendo las cosas que suceden en la Iglesia y este hombre está tratando de tranquilizar a los que tienen muy afianzada esa tendencia o esa práctica para que se hagan sacerdotes. Y lamentablemente parece que nadie, nadie hace nada con respecto a este jesuita norteamericano. Bueno, son cosas dolorosas que uno no entiende. Hay que orar, no vamos a dejar de ser católicos, no vamos a dejar de amar al Papa, no vamos a dejar de orar por el Papa y por nuestros obispos, claro que no.

Pero nos damos cuenta de lo que sucede, porque tontos tampoco somos. Entonces el falso profeta obra como ese jesuita norteamericano, es decir, trata de dejarte tranquilo en lo tuyo, que tú hagas lo que a ti te parece, que tú sigas tu tipo de vida y que además, lo mismo que un cardenal dominico, si hay que bendecir una pareja de homosexuales, pues igual se bendice. Pero es que el problema no es solo con la homosexualidad, es con muchas otras cosas. Todo lo que sea pecado, pues merece el llamado a la conversión. Si el pecado es de injusticia social, pues hay que llamar a la conversión. Si el pecado es la corrupción en la clase política hay que llamar a la conversión. Si el pecado es el egoísmo de una clase social o de un grupo empresarial, hay que llamar a la conversión. Si el pecado es de los que reparten sustancias alucinógenas o narcóticos hay que llamar a la conversión. Pero eso fastidia.

Entonces Ananías era el que tenía la voz suave, la voz suave para dejar en el pecado. Y entonces Jeremías le dice A ti no te ha enviado Dios. Y eso es lo que yo quiero que nos quede claro Dios nunca nos va a dejar tranquilos en el pecado que es difícil salir del pecado. Que el proceso para salir del pecado precisamente es proceso, estamos de acuerdo. Que tampoco podemos llamar pecado a lo que no es pecado, estamos de acuerdo. Pero hecho el debido discernimiento, el pecado hay que rechazarlo. La conversión hay que abrazarla. El camino, el camino de Dios, hay que seguirlo. Eso fue lo que propuso Jeremías en contra de lo que proponía Ananías, que lo que quería era simplemente tranquilizar a la gente. Mira qué discernimiento tan importante y qué discernimiento tan actual.

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