Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Quieres escuchar a los falsos profetas? ó ¿Quieres arriesgarte a tomar el camino de la conversión a pesar que al principio te sea amargo, pero luego te darás cuenta que es lo mejor para ti?

Homilía o181005a, predicada en 20200803, con 6 min. y 0 seg.

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Transcripción:

En la Biblia hay tres personajes destacados que tienen el nombre de Ananías. En la primera lectura de hoy aparece uno de ellos. Son personas que no tienen una relación directa entre ellos, pero lo que voy a decir ayuda a recordar mejor este pasaje impresionante que está en el capítulo veintiocho de Jeremías. Efectivamente, hay un Ananías en el capítulo veintiocho del profeta Jeremías, que es este falso profeta, el cual es denunciado por el verdadero profeta, es decir, por Jeremías. Ese es el primer Ananías que queremos mencionar.

El segundo, Ananías, está en el capítulo quinto del libro de los Hechos de los Apóstoles. Es un hombre casado con una mujer llamada Safira, y Ananías y Safira trataron de engañar al apóstol Pedro, presentando una cifra falsa sobre la venta de un campo que habían hecho y sobre una donación que era el producto de esa supuesta venta. Este engaño les salió muy costoso porque al verse confrontados por la palabra de Pedro, tanto Ananías y Safira murieron.

Y el tercer Ananías aparece también en el libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo noveno. Es aquel hombre que acoge, que recibe en nombre de la comunidad a Pablo de Tarso cuando estaba en su conversión, iniciando su conversión. Ananías, el del capítulo noveno de Hechos de los Apóstoles, es el instrumento de Dios para devolverle la vista al apóstol San Pablo y para concederle también la gracia del bautismo. Así que hay tres Ananías en la Biblia, tres principales por lo menos. Bueno, eso le ayuda a uno a sentirse más en casa cuando lee la Biblia hacer este tipo de pequeños análisis.

Pero vamos a detenernos, por supuesto, en el primer Ananías era un falso profeta. ¿Y en qué consiste un falso profeta? Es el que presenta como si fueran mensajes de Dios, cosas que en realidad son lo que quiere oír la gente. Esa es la definición más concisa que conozco de lo que es un falso profeta. Repito, falso profeta es aquel que presenta como mensaje de Dios simplemente aquello que la gente quiere oír. Apenas te doy esta definición, estoy seguro que ya tú empiezas a darte cuenta que no es un fenómeno que se quede en la antigüedad, sino que también en nuestro tiempo hay falsos profetas. Efectivamente, la palabra más importante para empezar una vida cristiana, en serio. La palabra con la que comienza todo es la palabra conversión. Y esa palabra es dura. Es dura para nuestros oídos, porque convertirse significa hacer un acto de sinceridad y de verdad, y encontrar cosas sucias, cosas desagradables en mi corazón, cosas que no me gustan en mi vida, cosas que humillan la imagen que yo quisiera tener de mí mismo. Por eso la conversión es difícil.

La conversión me está indicando que yo estaba equivocado y que esa equivocación me hizo daño y seguramente le hizo daño también a otras personas. Por eso la conversión es una palabra muy difícil. Y como todos tenemos esa resistencia, como no nos gusta la palabra conversión. Nos gustan, en cambio, esos discursos suaves, esos discursos que nos dejan en la comodidad y en el confort podríamos decir, de lo que ha sido nuestro pecado. Es decir, hay dentro de nosotros una fuerte tendencia a aferrarnos a nuestros pecados y todo lo que nos permita seguir aquí pegados al pecado, todo lo que nos conceda estar así. Nos gusta eso, nos gusta. Pero la palabra del verdadero profeta es una palabra que tiene que arrancarme de mi pecado. Y así, por ejemplo, Jeremías recibió el encargo de Dios de hablar cosas muy fuertes, porque tenía que decirle a la gente hemos vivido mal, hemos vivido mal y esto tiene consecuencias, esto trae consecuencias, hemos vivido mal. ¿Y entonces, qué significa eso? Que la palabra de Jeremías era rechazada.

En cambio, Ananías, Ananías, infunden el pueblo una falsa confianza, como bien lo dice el texto que escuchamos en la primera lectura. Acuérdate Jeremías capítulo veintiocho. Entonces Ananías estaba diciéndole a la gente: Pues sí, hubo un problema se llevaron el el ajuar del templo, se llevaron los vasos sagrados, sí, pero, pero eso va a volver, eso va a volver y todo va a seguir como estaba. No se preocupen. Ese Ananías.

Tarea. ¿Quieres escuchar a los falsos profetas? ¿Quieres escuchar a los que le echan azúcar al agua envenenada para que no te sepa mal, así te esté matando, eso es lo que quieres? O ¿quieres arriesgarte a tomar el camino de la conversión? Una parte de ti seguramente va a llorar y va a protestar. Pero no será eso lo mejor, a mediano, a largo plazo. ¿No será lo mejor? Piénsalo. Pensémoslo todos.

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