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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Que no seas tú quien se vuelve al mundo, que sea el mundo quien se vuelve a ti para que la fidelidad a Dios se haga verdad en nosotros.
Homilía o173005a, predicada en 20180801, con 5 min. y 48 seg. 
Transcripción:
Yo estoy convencido, mis amigos, que el profeta Jeremías es hombre de gran actualidad. Recordemos que tuvo que servir al pueblo y servir a Dios, servir al pueblo como pueblo de Dios y servir a Dios como Dios compasivo de ese pueblo. Esto sitúa al profeta, podríamos decir, en la mitad de todo un drama, porque ese Dios ha hecho alianza con ese pueblo y resulta que Dios es fiel, pero el pueblo es infiel.
Entonces, la palabra del profeta se vuelve dura hacia el pueblo y el pueblo la rechaza y la suplica hacia Dios se vuelve sentida, se vuelve ardiente, pero es una súplica que tarda en ser escuchada, porque lo que quisiera Jeremías, por decirlo de alguna manera, no depende solo de Dios. Entonces, la vida del profeta es una vida dramática y ese drama es bueno que lo conozcamos, es bueno que lo valoremos y, en cierto sentido, es bueno que nos preparemos, porque seguramente nos va a tocar vivirlo también a nosotros.
Observemos que hay cuatro palabras que aparecen en el drama de Jeremías, la indignación que produce dolor y la verdad que produce soledad. Efectivamente, Jeremías dice: Me ha tocado sentarme solitario. Él parece que ha perdido a su familia y a sus amigos. Cuando muchas personas le dan la espalda al Señor, cuando la alianza es algo rechazado de manera directa o indirecta, el hecho de que Jeremías trate de permanecer verdadero, el hecho de que trate de permanecer fiel hace que se quede solo. Es algo parecido a lo que le aconteció, por ejemplo, a Abraham: Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, se da un desprendimiento.
Le sucedió también a Elías, Elías se queja ante Dios, algo parecido a lo de Jeremías, y le dice: He quedado yo solo. Los profetas de Baal son cuatrocientos y he quedado yo solo, fiel a ti. Lo mismo le pasará a Jesucristo, que dice abiertamente en el capítulo 14 de San Marcos: Ustedes me van a abandonar y yo me voy a quedar solo. O sea que la coherencia a veces produce esos desprendimientos que son dolorosos y produce también soledad. Por eso, también Jesucristo nos advierte: Si tú vas a amar a tu papá o a tu mamá más que a mí, porque Jesucristo es alianza viva del Padre, y rechazarlo a Él es rechazar la alianza que Dios nos ofrece.
Si tú vas a amar a tu papá, a tu mamá, a tu hijo, a tu hija más que a mí, entonces estás rechazando la oferta de Dios, te vas a quedar sin mí. Eso significa que este drama de Jeremías, no es una anécdota del pasado, es una realidad. Una realidad que vamos a encontrar muchas veces, muchas veces, casi me atrevo yo a decir, si no la estamos viviendo, tenemos que preguntarnos cuál es la calidad de nuestra vida cristiana. Porque también Jesús dice en el capítulo sexto de San Lucas: Ay de vosotros si todo el mundo habla bien de vosotros.
Si toda la gente está de maravillas contigo, si todos están felices contigo, incluyendo los que están sumergidos en el pecado, los que están reventándose de tanto pecar y esos te miran con tranquilidad y te saludan y te quieren y te consideran uno de los suyos, pregúntate ¿qué estás haciendo como cristiano? Así que la indignación tiene un origen, la soledad tiene un origen, ambas brotan de la verdad, la pasión por la verdad de Dios que está siendo despreciada, traicionada. Por supuesto, esa indignación trae también dolor y con el dolor viene mucha tentación.
El que está sufriendo y el que se queda solo, pues se ven sujetos a grandes tentaciones, eso lo sabe muy bien el Señor. Tentaciones ¿como cuáles? Bueno, tentaciones como apostatar, como decirle a la gente que nos ha abandonado: Ey, no se vayan tan lejos, ya los alcanzo, ya voy con ustedes. Es una gran tentación, la tentación de negar lo que somos, de negar nuestra fe por no quedarnos solos.
Por eso, el Señor lo robustece con estas palabras: Que no sean ellos los que te lleven a ti. O, dicho de otra manera, que no seas tú quien se convierte a ellos y quien se convierte en ellos. Que sean ellos los que se vuelven a ti. Y Jeremías permaneció fiel. Que esa misma fidelidad nos inspire y se haga verdad en nosotros. Amén.

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