Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Evangelio de Jesús es incomparable porque es regalo y gracia divina, pues Dios mismo se comunica para restaurarnos y para que sepamos que en Él está el descanso de nuestras almas.

Homilía o173004a, predicada en 20160727, con 6 min. y 3 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo 13 de San Mateo. Me llama la atención en las palabras de Cristo esa imagen de la perla. La razón por la que me llama la atención es porque al mismo tiempo nos presenta el don de la gracia como algo comparable e incomparable. Voy a tratar de explicarme.

Imaginémonos a este comerciante en perlas finas y le llega una que es de gran valor, en la medida en que es una perla como las otras perlas, es comparable, es algo que él, como experto, puede valorar. Es algo que él puede poner en una línea y decir: Ésta se parece a ésta, ésta es mejor que esta otra. En ese sentido, el don del Evangelio es comparable. Pero luego, resulta que hay tal tamaño, hay tal belleza, hay tal perfección en esta perla que resulta incomparable. Es decir, de tal modo excede a todas las otras perlas que, por decirlo de algún modo, no hay comparación posible.

Así es el Evangelio, al mismo tiempo, es un bien que experimentamos en la realidad de nuestros días, un bien que en ese sentido es comparable, así como un día se parece a otro. Pero luego resulta que el bien que trae el Evangelio es un bien incomparable, porque excede de tal manera todo lo demás que hemos conocido, y entonces resulta que está mucho más allá y no se puede comparar con todo lo demás que hemos recibido. Y ¿cuáles son esos bienes que hacen incomparable, que hacen tan grandioso al Evangelio? Sinteticemos los en cuatro puntos.

El Evangelio es incomparable. En primer lugar, porque todo lo demás o la inmensa mayoría de lo que recibimos lo recibimos como un pago, lo recibimos como una transacción. Es decir, yo tengo que dar algo para que me den algo. Puedo tener, por ejemplo, una casa muy bella, pero tuve que pagar por ella. Puedo tener el celular de última tecnología, pero tuve que comprarlo. En cambio, lo primero que asombra en el Evangelio es que es regalo, es que es gracia, es don que se otorga. Y esto es asombroso, esa palabra es absolutamente fundamental en el Nuevo Testamento. El Evangelio es, es gracia, es regalo y ya eso, pues, trae una nota de alegría y trae una nota de amor que impresiona.

Viene el segundo punto, resulta que este regalo sí que cumple con lo que a veces significamos con esa palabra, a veces llamamos a los regalos un presente y lo llamamos así porque es la manera de hacerse presente en la vida de otra persona. Pues resulta que el regalo del Evangelio es verdadera presencia de Dios. Es decir, Dios no solamente nos ha regalado algo, sino que Él mismo se ha convertido en don para nosotros. Como decía el teólogo Karl Rahner, lo propio de la gracia divina es la autocomunicación de Dios, Dios mismo se ha comunicado, Dios mismo se ha hecho presente.

Y por supuesto que recibirlo a Él, experimentar la fuerza y la belleza, la luz y la hermosura de su vida en nuestra vida excede todo lo demás. Además, esta perla es preciosa y supera las demás perlas, porque viene a restaurar no solamente lo que somos y no solamente viene a preparar lo que seremos, sino que también transforma lo que hemos sido, es decir, le pone orden a nuestra vida. Cuando nosotros descubrimos, por ejemplo, los dones preciosos de sanación que Dios trae a nuestra existencia, cuando descubrimos que Dios verdaderamente nos sana, entonces descubrimos que Él trae ese orden a nuestra vida.

Es maravilloso ver en las historias de las personas que se han convertido al Señor, cómo Dios los ilumina y les muestra que incluso las épocas oscuras de su vida encajan dentro de ese plan de amor y de redención que solamente el Señor podía imaginar. Miremos el caso de la samaritana, que toma de su propio pasado, era un pasado vergonzoso, pero toma de su propio pasado un motivo para evangelizar a sus compatriotas, y les dice: Aquí hay un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho, ¿no será éste el Mesías?

Es decir, incluso su pasado miserable, que es como su llaga, queda convertida dentro de esa maravilla del Evangelio, queda convertida en una pieza más que habla, que grita del amor de Dios. Esta capacidad de transformar y de darle un orden y un lugar a todo lo nuestro, solamente lo tiene la gracia divina. Por último, por supuesto que esta perla es incomparable, porque su bien es eterno, porque no decae, porque está siempre ahí.

Y ese bien eterno de la perla es el que también hace que nosotros sepamos que hemos llegado a puerto, que ya no hay nada más que buscar, que ahí está el descanso de nuestras almas. Perla incomparable porque llega a nuestros días, incomparable porque los supera a todos, eso es el Evangelio de Jesucristo.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM