Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jeremías fue tentado de conformismo, que le hubiera resultado ventajoso y cómodo, pero no cayó en esa tentación.

Homilía o173003a, predicada en 20140730, con 3 min. y 51 seg.

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Transcripción:

Quiero invitarlos a que reflexionemos en la primera lectura que nos ofrece nuestra Santa Madre la Iglesia, se trata de un texto tomado del capítulo 15 del profeta Jeremías. Algunas ediciones de la Biblia, como por ejemplo la Biblia de Jerusalén, toman algunos pasajes del profeta Jeremías y los llaman: Confesiones de Jeremías. Son textos que tienen un enorme valor por su estilo autobiográfico.

Podemos decir que el profeta no solamente nos deja conocer con sus oráculos, el drama y el pecado del pueblo, sino que, en ciertos momentos, y esos son los momentos de las confesiones de Jeremías, nos permite asomarnos también a su propio corazón. El profeta no solo nos deja ver hacia afuera lo que estaba pasando, sino que nos deja ver hacia adentro lo que él vivía. Y ambas cosas nos interesan, porque si de verdad estamos cautivados por el Reino de Dios, necesitamos no solamente cambiar el mundo, creer que vamos a cambiar el mundo.

Sabemos que eso no va a suceder si nosotros mismos no cambiamos, si nosotros no llegamos a ser personas donde Dios reina y gente con la que Dios cuenta. Hoy, por ejemplo, llama la atención ese aspecto de tensión, ese aspecto de desgarramiento que vive Jeremías. Él se queja: ¡Ay de mí! Él siente que es una persona sometida continuamente a la contradicción, al ataque. Por supuesto, esto no es deseable, no es algo en lo que él se sienta a gusto. Y por eso mismo, le llega la tentación de suavizar sus palabras o esconderlas, omitir el mensaje de Dios.

En el fondo, es la tentación del conformismo, la tentación que le llega también a mucho sacerdote, a mucho catequista, a mucho misionero, la tentación de dejar de pelear con el mundo, la tentación de empezar a decirle al mundo: Ok, de acuerdo, tú ganas, tú ganaste. Entonces, vamos a hacer las cosas como tú quieras, mundo. Esa es la tentación, ese es el conformismo. Es renunciar a ese mordiente profético que solamente el Espíritu Santo nos puede dar. Y lamentablemente hay mucho sacerdote y tal vez algún obispo que han caído en esto.

Entonces, en vez de sostener la enseñanza de la Iglesia, que muchas veces contradice las modas y los gustos y las preferencias de la gente, entonces hay algunos que para considerarse modernos o para no caer tan mal, o para no vivir peleando porque se cansan de vivir peleando. Jeremías estuvo tentado también de eso, se cansan de vivir peleando. Entonces, para no pelear más, se le dice al mundo: De acuerdo mundo, tú ganaste, tú ganas. Entonces, vamos a hacer las cosas como tú quieras mundo.

Pero Dios le dice una cosa distinta a Jeremías, le dice: Tú no te tienes que convertir a ellos. Son ellos los que se tienen que convertir a ti. Por favor, hermanos, sacerdotes, por favor, hermanos, misioneros, catequistas, con todo el respeto, señores obispos, los necesitamos a todos verdaderos profetas, así duela, así haya desgarramiento, es la única manera de proclamar aquello que le costó su propia sangre a Cristo.

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