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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si el profeta es "boca de Dios" y Dios es rechazado por la gente, la gente rechazará a los profetas de Dios.
Homilía o173002a, predicada en 20120801, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del profeta Jeremías. La verdad es que los profetas han venido acompañándonos en la primera lectura desde hace ya varias semanas. Podemos recordar que hemos tenido lecturas de Isaías y también de Miqueas, y hace unos días estamos con Jeremías, esta vez se trata del capítulo 15. Hay varias cosas que hacen único el libro del profeta Jeremías.
En primer lugar, este es un profeta que vive en su propia carne, en su propia historia, de un modo bastante dramático, lo que significa servir a Dios. Es decir, Jeremías viene siendo exactamente lo contrario de lo que es un conferencista, un académico, y no tengo nada contra la academia, al contrario, yo mismo agradezco a Dios que me ha dado la oportunidad de ofrecer el servicio de enseñar, pero por eso mismo es útil comparar con la vida dramática, tan llena de circunstancias, de dolores, como le sucedió a Jeremías.
El típico conferencista es una persona que utiliza la palabra para llevar un mensaje, pero su vida misma transcurre usualmente dentro de una cierta tranquilidad y orden. Un buen profesor, un buen escritor, un buen conferencista es invitado a distintas partes, es tratado con mucho respeto, ofrece su mensaje, da las gracias, recibe un aplauso y se va. Jeremías es lo opuesto, Jeremías tiene que hablar a su propio pueblo, tiene que llevar un mensaje incómodo y por eso mismo, es rechazado por el pueblo. Ese rechazo, sin embargo, no le sirve de disculpa ante Dios para dejar de ser lo que es, es decir, la boca del Señor.
Podemos decir que el rechazo que la gente tiene hacia Dios se traduce en rechazo que la gente tiene hacia aquellos que le hablan de parte de Dios, como Dios resulta tan incómodo en tantas circunstancias, por ejemplo, resulta incómodo que Dios quiere arrancarnos de nuestros ídolos y estamos pegados a nuestros ídolos porque le sacamos cierto gusto a nuestros vicios, porque le sacamos cierto gusto a la venganza, porque nos gusta embriagarnos de soberbia, porque es útil decir una mentira cuando conviene, porque traicionar al que no puede defenderse no debe estar tan mal.
Esa manera nuestra de pensar hace que Dios resulte incómodo, resulte estorboso. Y eso es exactamente lo que nosotros le proyectamos a las personas que son como Jeremías, que son como la boca de Dios, que nos están recordando el mensaje del Señor. La manera como tratamos a esas personas es usualmente lo que describe la Palabra de Dios con respecto a Jeremías. Por eso, no tiene nada de extraño que un hombre tan valiente, tan inteligente, tan profundo como el Papa Benedicto, haya recibido tantos rechazos, tantos insultos, tantos desplantes en muchas partes, incluyendo su propio país.
Hace unas pocas semanas el Papa Benedicto ha tenido que poner una acción legal penal contra una cierta publicación que sacó unas caricaturas obscenas, vergonzosas, sucias, en contra de él. Benedicto no se ha opuesto jamás a una argumentación sana, abierta, que puede ser incluso fuerte, pero que sean argumentos, no este tipo de ataques. Pues démonos cuenta, Dios nos llama a cambiar, pero muchas veces rechazamos a aquellos que son su voz. Que sea este el momento de llamar a todos, empezando por mí, a la conversión.

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