Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdadera oración de intercesión nace de un corazón enamorado de Dios. Su mayor deseo es que Él sea conocido, amado y glorificado por todos.

Homilía o172009a, predicada en 20260728, con 6 min. y 27 seg.

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Transcripción:

En el Antiguo Testamento, mis hermanos, hay dos profetas santos que nos enseñan cómo hacer la oración de intercesión. Yo creo que esta es una enseñanza clave, porque muchos de nosotros, movidos por el amor, queremos interceder por otras personas. Por ejemplo, ¿te preocupa alguien de tu familia o te preocupa tu país o te preocupa la iglesia? Y cuando tienes esa preocupación, cuando tienes ese dolor y eres creyente, es muy natural que tú desees hacer oración de intercesión pidiéndole a Dios por esa necesidad, por esa persona, por esa comunidad, por ese país. Está muy bien. Pero la pregunta es ¿si sabemos interceder?.

Parece que es algo más bien sencillo, no. A ver ¿qué es interceder? Pues interceder es pedirle a Dios mira, ayuda, ayuda a esta persona. Ayúdame en esta situación, ayúdame, ayuda a mi país porque porque estamos muy mal. Ayúdanos Señor. Parece muy fácil, pero hay algo muy bello y muy importante que aparece en la primera lectura de hoy de Jeremías y que aparece varias veces también en el profeta Ezequiel. Algo que yo por lo menos tardé bastante en comprender. La mayor fuerza de la intercesión no es tratar de convencer a Dios. Me acuerdo un sacerdote que decía que la oración no era para convertir a Dios y decía él: Tú no tienes que convertir el corazón de Dios, que ya bastante convertido lo tiene. Me acuerdo de esa expresión. La oración de intercesión no es para convertir a Dios, es decir, Dios. Yo sé que tú eres como muy duro. Yo sé que tú no quieres hacer los favores, pero por favor, ayúdanos con esto. Sé que tú eres como resistente, que en realidad tú no tienes ganas de hacer las cosas, pero por favor, déjate convencer de esta oración que yo estoy haciendo. Por supuesto que lo que yo digo aquí es una caricatura, pero es que a veces somos así, es que a veces obramos como una caricatura, como tratando de convencer a Dios.

Y precisamente lo que nos enseñan estos grandes profetas como Ezequiel o como Jeremías en la primera lectura de hoy, es que la intercesión no funciona de esa manera. La intercesión no es para que Dios empiece a ser bueno, ni tampoco es para que Dios se entere de las cosas, porque Dios ya sabe las cosas. Entonces, ¿cuál es el secreto de la intercesión de Jeremías? Para que te hagas una idea de la grandeza de intercesor que era Jeremías. Te cuento que el profeta Daniel tuvo una visión y en esa visión una voz celestial le decía. Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. ¿Y sabes a quién le mostró como una especie de señal de amor? Era Jeremías. Jeremías era el intercesor. Jeremías era el gran intercesor. O sea que tenemos bastante que aprender de Jeremías, ¿no te parece? Bueno, pero vamos al punto. ¿Qué fue lo que enseñó Jeremías y lo que nos lo enseña también Ezequiel? La enseñanza fundamental es esta: Enamórate de la gloria de Dios. Esto lo han practicado estos profetas.

Pero yo te voy a dar un ejemplo de una santa a la que amo y le debo muchísimo Santa Catalina de Siena, que también nos muestra cómo hacer esta intercesión. Mira esta súplica que sale de la boca y del corazón de Santa Catalina. Te pido por la conversión de tales personas, porque va a haber más alabanza para tu gloria si ellos se convierten, que si solo obras en mi pobre pecadora. Así ora Santa Catalina, es decir, ella es una mujer enamorada de la gloria de Dios, es una mujer que quiere que Dios sea glorificado, que quiere que Dios se luzca y sea conocido y sea amado y sea obedecido. Y por eso también Jeremías en la oración de hoy dice: Por el honor de tu nombre, para que se sepa que tú lo hiciste, para que tú seas glorificado. Y fíjate que eso es lo primero que decimos en el Padrenuestro. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Que también se puede traducir manifiesta la gloria de tu nombre. Uno también podría decir El Padre Nuestro, y algunos lo decimos así Padre nuestro del cielo, manifiesta la gloria de tu nombre. Ven a reinar. Manifiesta la gloria de tu nombre. Esa es la oración de intercesión. Es una oración enamorada de Dios, enamorada de la gloria de Dios y con un gran deseo de que Dios sea conocido, de que Dios sea amado.

Entonces yo quiero, Señor, porque te amo, porque tú me amaste primero. Yo quiero que tú seas conocido, yo quiero que tú seas amado, y quiero que en medio de la miseria de nuestros pecados brille tu gloria, Señor, y por eso te suplico y por eso hago esta oración. Ese es el modo correcto de interceder, pues que aprendamos la lección de santos como Catalina y de profetas como Jeremías y como Ezequiel. Que Dios te bendiga.

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