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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al salir de las garras del absurdo por el camino del arrepentimiento se llega a la serenidad de la humildad depositando nuestra vida en las manos de Dios.
Homilía o172004a, predicada en 20180731, con 4 min. y 28 seg. 
Transcripción:
La primera lectura está tomada del capítulo número catorce de Jeremías. ¡Cuánto me llama la atención este profeta! Observemos que tiene que hablarle al pueblo, pero también tiene que hablarle a Dios. Profeta no es solamente el que le habla mucho a la gente sobre Dios. Profeta es ante todo el que le habla mucho a Dios sobre la gente. Yo, por eso y por tantas otras razones, admiro tanto a nuestro fundador, Santo Domingo de Guzmán. De él se dice exactamente lo mismo que del profeta Jeremías, es decir, que le hablaba a la gente de Dios y le hablaba a Dios sobre la gente en el día abundaba en la caridad para con el prójimo, especialmente a través del consejo y la predicación. En la noche abundaba en las lágrimas y la intercesión, pidiendo muchas veces a gritos señor ¿qué será de los pecadores? De manera que ese es el rostro de un verdadero profeta. Miremos qué clase de oración hace y descubriremos un poco más de la relación que tiene con Dios. Empieza todo en la confusión. Sigue después la humildad. Me corrijo. De la confusión al arrepentimiento, del arrepentimiento a la humildad y de la humildad a la esperanza. Lo repito. De la confusión al arrepentimiento. Del arrepentimiento a la humildad y de la humildad a la esperanza. Son estos los pasos que recorre el profeta y son estos los pasos que un día tendrá que recorrer también el pueblo de Dios. Porque esta es otra característica de los verdaderos hombres y mujeres de Dios. Son como la vanguardia. Son como la avanzada, podríamos decir, de lo que un día tendrá que recorrer todo el pueblo. Por eso avanzan desde la confusión al arrepentimiento. La confusión está caracterizada por esas preguntas ¿Por qué nos pasa esto? ¿Por qué está sucediendo esto? Tiene asco tu garganta de Sión. El profeta no encuentra una primera respuesta ¿Por qué sucede todo esto? Luego, entrando en sí mismo, y porque no parece haber otra explicación. Entonces dice que se arrepiente de los pecados. Pasa de la confusión al arrepentimiento. El siguiente paso es del arrepentimiento a la humildad. Efectivamente, uno puede darse cuenta de que ha obrado mal. Incluso puede decir algunas palabras para disculparse. Pero a veces la frente permanece altiva. A veces la persona sigue diciendo: Si me mandaron que dijera esto, pero yo sigo pensando. Cuántas veces en las llamadas celebridades encontramos esa clase de lenguaje. Y luego sí, está la verdadera humildad, que es la que nos permite depositar nuestra vida en las manos de Dios. ¡Ah! Entonces va a estar también la verdadera esperanza, porque saliendo de las garras del absurdo, por el camino del arrepentimiento, se llega después a la humildad y desde la serenidad de la humildad, a depositar la vida en las manos de Dios, que son las mejores manos. Pasar de las garras del absurdo a las manos de Dios. Ese es el camino que recorre Jeremías. Y ese es el camino que también nosotros estamos llamados a recorrer. Un camino precioso, un camino que nos lleva nuevamente a la paz y un camino que nos permite volver a florecer. Que su enseñanza no caiga en oídos obstinados, sino en oídos dóciles y que esos sean nuestros oídos. Amén.

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