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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La soberbia arruina la obra de Dios en nuestra vida. Por amor, el Señor permite incluso el fracaso para destruir nuestro orgullo y conducirnos a la conversión.
Homilía o171007a, predicada en 20260727, con 4 min. y 48 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del profeta Jeremías. Dios lleva Jeremías por un camino extraño y le hace realizar unas acciones que parecen ridículas. Él compra un cinturón que no era barato, un cinturón de lino, y luego le dice: Esconde ese cinturón en la hendidura de las piedras del río con el agua del río, pues se va estropeando ese cinturón hasta que no queda sirviendo para nada. Y entonces Dios le dice: Ahora recoge ese cinturón que no sirve para nada. Parece una secuencia de acciones un poco extraña, por no decir ridícula. Pero detrás de eso ridículo que Dios le manda a Jeremías está la ridiculez nuestra. Detrás de eso que parece absurdo, está el absurdo nuestro, el absurdo de nuestra manera de obrar, la de nosotros los humanos. Porque en el fondo lo que está mostrando es ejemplo del cinturón. Es que nosotros, con toda nuestra soberbia, somos absurdos y somos absurdos porque echamos a perder lo que Dios nos ha dado. Echamos a perder lo que es el regalo de Dios para nuestra vida. Dios ha querido estar cerca de nosotros sin necesitarnos. Dios ha querido estar cerca de nosotros, le dice: Dios a Jeremías como el cinturón se ciñe a la cintura. Así he querido yo estar cerca de la casa de Judá. Él quiere abrazarnos. Él quiere protegernos. Él quiere envolvernos como el cinturón envuelve toda nuestra humanidad. Él quiere envolvernos, Él quiere abrazarnos, Él quiere estar cerca de nosotros, pero nosotros nos hemos vuelto inútiles y lo que nos ha vuelto inútiles. Y esta es la parte fundamental, lo que echa a perder el plan precioso de Dios, lo que arruina la obra del amor de Dios en nuestra vida. Es solamente una cosa, la soberbia. Y entonces, como la soberbia nos arruina a nosotros, entonces Dios arruina nuestra soberbia. Escribe esa frase que te conviene como la soberbia destruye tu vida. Entonces Dios tiene que destruir tu soberbia. Y claro, ¿qué es destruir la soberbia? Destruir la soberbia es llevarnos de alguna manera al fracaso, es llevarnos a la frustración, es llevarnos a la perplejidad. Porque la persona que es soberbia y que va como en una marcha victoriosa, todo me sale bien, todo me funciona, todos mis planes salen, todo está funcionando, todo éxito tras éxito. Esa persona jamás enmendará de su soberbia. Como la soberbia está destruyendo lo mejor de ti. Como la soberbia está destruyendo el plan de Dios en tu vida, pues Dios está resuelto a destruir lo que te destruye. Qué tal suena eso. Dios está dispuesto a destruir lo que te destruye, y por eso muchas, pero muchas conversiones suceden. Precisamente a través de fracasos, a través de frustraciones, de distintas maneras. Siempre cito el caso de San Ignacio. San Ignacio de Loyola. Él llevaba una ruta y él tenía un plan y él creía que iba bien. Y bueno, podríamos decir que iba éxito tras éxito. Pero llega una herida de guerra, se le arruina su vida de soldado, se le arruina su carrera militar, pero con esa ruina también se le arruina su vanidad, también se le arruina su superficialidad, también se le arruina su soberbia. Y nace para Dios y nace para la Iglesia y nace para el cielo. Un santo tan impresionante. Así es Dios. Eso es lo que Dios quiere de nosotros. Y por eso, porque nos ama, Dios es capaz de destruir lo que nos destruye, porque quiere estar cerca, porque quiere abrazarnos, porque quiere envolvernos, porque nos ama. Bendito sea su amor. Amén.

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