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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nosotros podemos facilitar la llegada del Reino y podemos reconocerlo, pero finalmente el Reino es el reinado de Dios, es Dios quien hace la obra, es el Único que puede cambiar las cosas.
Homilía o171005a, predicada en 20200727, con 6 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Algo que a uno le llama la atención apenas empieza a leer el Evangelio. Es aquello de que Cristo habla tanto del Reino de Dios y sin embargo, es una realidad que siempre parece ir más allá de nosotros. Quizás muchos quisiéramos tener una especie de definición exacta y hay gente que lo ha intentado. En mis años de formación para el sacerdocio siempre se hacía o con mucha frecuencia se hacía una especie de equivalencia entre el Reino de Dios y una serie de valores, sobre todo sociales. Como quien dice, si tenemos una sociedad en la que hay justicia, solidaridad, respeto y paz. Ahí está el Reino de Dios. Esa clase de cosas nos gustan mucho. Nos gustan mucho porque las sentimos próximas a nuestra comprensión y las sentimos, además próximas a nuestra ejecución.
Por ejemplo, yo puedo saber que si el Reino de Dios implica justicia, pues hay que luchar contra la injusticia y eso significa que posiblemente hay que hacer marchas, hay que hacer protestas, hay que hacer publicaciones. Es decir, el Reino de Dios se me vuelve una cosa muy concreta. Pero una cosa es que el Reino de Dios sea algo que yo veo así, tan concreto, y otra cosa es que lo que yo estoy viendo es acertado. Porque no le faltaba inteligencia a Cristo ni le faltaban palabras y sin embargo utilizó todo el tiempo comparaciones.
El Evangelio de hoy lo dice : Nada enseñaba sin parábolas. ¿Por qué Cristo obstinadamente seguía dando y dando comparaciones en vez de presentar un perfil, un perfil claro, nítido, definido sobre el Reino de Dios? Esta pregunta se parece mucho a la petición que le hizo el apóstol Tomás a nuestro Señor Jesucristo cuando le dijo Señor, no sabemos a dónde vas a ir. Entonces, ¿Cómo vamos a conocer el camino? Claramente, lo que Tomás, que parece que era bastante racional, casi racionalista, lo que quería Tomás el apóstol, era muéstreme la meta y empezamos a estudiar la ruta. Fíjate que es algo muy razonable. Muéstrame la meta y yo estudio la ruta. Si me dices vamos a subir a aquella montaña, a ese pico, entonces yo empiezo a estudiar, a ver por dónde. Si me voy por la cara sur, me voy por la cara norte. Subo por aquí. ¡Ya lo tengo! Ya tengo la ruta. Eso es lo que a uno le gusta.
Pero parece que Cristo no va por ese lado. Parece que a Cristo no es eso en primer lugar lo que le interesa. ¿Por qué nos habla de esta manera? ¿Por qué las comparaciones? Cada una de ellas es como un flash en la noche, como un relámpago, si quieres, en la noche. No sé si te haya tocado. A mí me ha tocado algunas veces, sobre todo en misión. Estás en una zona de campo. Pienso en algunas misiones que tuve, por ejemplo, por la zona de Villa de Leyva, en Colombia y estas en algunas de esas veredas. Y es de noche y de repente un relámpago te deja ver por un instante algo. Pero claro, la luz se disipa prontamente. Eso es lo que Cristo hace con el Reino de Dios. Y yo no creo que eso sea accidental. Yo creo que hay un propósito, un propósito expreso de Él. No se trata de que no entendamos, porque si se tratara de que no entendiéramos, entonces hablaría de una manera incomprensible. Y uno siente que si comprende algo que es el relámpago ese que se ve.
Entonces ¿Por qué no nos da una definición clara del Reino de Dios? La explicación que la he comentado en otras oportunidades, en el fondo quizás es muy sencilla, porque el Reino de Dios es de Dios. El Reino de Dios no es nosotros tomando el lugar de Dios. El Reino de Dios es Dios reinando. Entonces, lo que dice Cristo a través de las parábolas son algunas condiciones que facilitan que Dios reine y algunas señales de que Dios está reinando. Así, por ejemplo, donde se produce ese cambio maravilloso. Un cambio para mejor en la masa, ese cambio que produce la levadura. Ahí tienes una señal. Es ese estilo de cosa. Es como si Cristo dijera cuando veas ese fruto ahí sabes que Dios está reinando.
En otras oportunidades, Cristo quiere que nos situemos en los antecedentes como la semilla de mostaza, como diciendo Tú preocúpate de que la semilla sea la que tiene que ser. Ya crecerá, ya llegará el momento en el que pueda crecer. Eso es lo que Cristo quiere. Entonces, de lo que se trata es de que entendamos que nosotros podemos propiciar, facilitar la llegada del Reino y podemos reconocerlo, pero el Reino finalmente es el reinado de Dios. Es Dios el que hace su obra, es el único que puede cambiar las cosas.
Y las enseñanzas de Cristo habrá que aplicarlas entonces, en primer lugar a nosotros, para ver si en nosotros las cosas están cambiando en la dirección de un Dios que reina, de un Dios glorioso, que puede decir en la vida de él, en la vida de ella yo reino. Eso es lo más importante. Lo demás se presta mucho a nuestra soberbia, a nuestra manipulación, por no hablar de toda clase de ideologías políticas.

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