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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Admirable sabiduría de Cristo al usar sus parábolas, que nos dejan saber algo del reino de Dios, sin creernos sus dueños.
Homilía o171003a, predicada en 20140728, con 4 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Una de las expresiones más frecuentes en el Evangelio según San Mateo es aquello del Reino de los cielos. Los estudiosos de la Biblia, aquellos que profundizan en la Sagrada Escritura, es decir, los exégetas, nos han explicado hace mucho tiempo que la expresión Reino de los cielos de Mateo es equivalente a la expresión Reino de Dios, que es lo que aparece con mayor frecuencia, por ejemplo, en San Marcos o en San Lucas. Lo que sucede es que el evangelista Mateo está culturalmente más próximo al pueblo judío, y los judíos de aquella época acostumbraban evitar la mención del nombre de Dios por religioso temor. Les preocupaba mucho que utilizaran impropiamente el nombre de Dios y por eso con mucha frecuencia cambiaban el nombre Dios por los cielos. Por ejemplo, los cielos son testigos. Era como una manera de decir Dios lo sabe. Dios es testigo. O también mencionaban el Altísimo, el Santo. Es decir, esas expresiones miraban hacia Dios, pero con un especial respeto, un respeto por su nombre, como pide el segundo mandamiento de la ley de Moisés. Así que esto es importante.
Luego nos encontramos con que Mateo tiene una buena colección de parábolas sobre el Reino de los cielos. ¿Por qué Mateo explica el Reino de los cielos a base de parábolas? ¿Por qué las parábolas? ¿Por qué son necesarias las comparaciones? Porque una buena comparación abre la mente. Una buena comparación nos invita, nos prepara para descubrir una realidad nueva. Cuando a uno le dicen mira, es que se parece como a esto, pero no es exactamente eso. Imaginémonos una persona que tuviera que explicar, por ejemplo, cómo es una nave espacial y entonces dice tiene un parecido con un avión. Es algo parecido a un avión, pero no es exactamente un avión, porque está diseñado para salir incluso más allá de la atmósfera. Entonces, la comparación a la vez te da un soporte, te da una forma de conocimiento, pero sobre todo abre tu mente y te invita a un horizonte que está más allá de lo que tú puedes controlar, de lo que tú puedes definir, de lo que tú podrías considerar tuyo. Y eso es exactamente lo que Cristo quiere que nosotros tengamos cuando nos habla del Reino de los cielos, cuando nos habla del Reino de Dios.
El Reino de Dios no es algo que quede en nuestro poder. Me gusta repetir una frase que oí hace unos años. El reino de Dios es de Dios. Es Él el que reina. Y cualquier intento de traducir el Reino de Dios a algo que nosotros podemos comprender, diseñar, manipular, vender, repetir, estructurar o cualquier otro verbo que hable de nuestro poder, ya deja de ser el Reino de Dios. Ya sería el reino nuestro. Por eso Jesús utiliza comparaciones que en el fondo nos están diciendo hay algo que tú puedes entender, hay algo que tú logras entender. Pero lo más importante no es lo que quede en tu mente. Lo más importante es que tú quedes en ese Reino. Lo más importante no es que el Reino de los cielos quepa en tu cabeza, sino que tú quepas en él. Que tú seas parte de él, es decir, que tú le permitas a Dios llegar a reinar verdaderamente en tu vida, en tu familia, en tu entorno. Así lo conceda el Señor a quien sea la gloria por los siglos. Amén.

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