Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tanto el reino de Dios como nuestra fe han sido comparadas con la semilla de mostaza: algo tienen en común.

Homilía o171002a, predicada en 20120730, con 4 min. y 39 seg.

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Transcripción:

En el Capítulo Trece del Evangelio según San Mateo encontramos la famosa comparación del Reino de Dios con la semilla de mostaza. No es la única vez que Cristo utiliza esta pequeña semilla para enseñarnos algo. En el Capítulo Diecisiete del mismo Evangelio de Mateo, compara nuestra fe con una semilla de mostaza. Esa es la letra o ese es el origen de la letra de aquella canción carismática. Si tuvieras fe como un granito de mostaza, eso dice el Señor. Esa canción alude al Capítulo Diecisiete de San Mateo y es la comparación entre la fe y el grano de mostaza. En este Capítulo, en el de hoy, Capítulo Trece de San Mateo, la comparación es entre el Reino de Dios y la semilla de mostaza. ¿A ustedes no les llama la atención eso? Cristo utiliza una misma realidad para referirse al Reino de Dios y para referirse a la fe. En ambos casos está hablando de algo que es pequeño, pero que produce un efecto inmenso.

También en el texto de hoy encontramos el ejemplo de la levadura. La levadura también es algo pequeño, se mezcla con la masa del pan, fermenta la masa y crece. Crece de un modo sorprendente, de un modo impresionante. Algo pequeño que produce un fruto muy grande. Pero volvamos a aquello de la fe y del Reino de Dios, que son comparados por Cristo con la semilla de la mostaza. Si lo miramos bien, el reinado de Dios o Reino de Dios está indicando su iniciativa, su oferta, su generosidad, podríamos decir, su propuesta. Y si lo miramos bien, la fe es nuestra respuesta. Es decir, Dios nos da su propuesta y nosotros le damos nuestra respuesta. Y la propuesta de Él se vuelve pequeña para hacerse accesible a nosotros.

Así como encontramos al Niño Jesús en el pesebre, así como encontramos la mansedumbre de Cristo que apenas golpea a la puerta de nuestra casa, no derriba esa puerta. Es decir, la humilde llegada del Reino es como esa semilla y el comienzo de nuestra respuesta también es como esa semilla. Podemos decir que es el contacto entre nuestra pequeñez y el Dios que ha querido hacerse pequeño por nosotros. O podemos mirarlo también en comparación con el modo como inician su relación un hombre y una mujer que llegan a amarse mucho. Al principio se trata de iniciativas tímidas pequeñas, entonces quizás un simple tomar de la mano, quizás una simple sonrisa y la sonrisa apenas dibujada en el rostro de ella, despertó una pequeñita sonrisa en el rostro de él. Pero el encuentro de esas dos sonrisas fue el comienzo de una hermosísima historia de amor. Podemos decir que así llega Dios también a nosotros, con una sonrisa tan humilde, tan pura, tan sutil, tan pequeña. Y nuestro comienzo, nuestra primera respuesta también es así. Es incipiente, es tímida, es temblorosa. Pero si no nos desprendemos de esa sonrisa, si no soltamos esa mano, hay una historia de amor que nos aguarda.

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