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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos muestra la ridiculez de nuestro pecado.
Homilía o171001a, predicada en 20020729, con 4 min. y 44 seg. 
Transcripción:
Hermanos, la acción que Dios le pide realizar a Jeremías con la historia esa del cinturón es una cosa tan absurda que a uno le queda como grabada en la mente de lo mismo ridícula. Pero esa ridiculez, esa acción extraña, también es un mensaje para nosotros. Dios le pide que haga un cinturón de una tela muy buena, pero no va a ser un cinturón para ceñirse a la cintura, sino un cinturón para esconderlo entre las piedras. ¿Para qué sirve un cinturón metido en las hendiduras de las piedras? Pues para nada. Únicamente para dañarse. Es decir, ese no es el uso, ese no es el sentido del cinturón. Pues bien, ahí hay una enseñanza. El lugar propio del cinturón es alrededor de la cintura. El lugar propio de Israel, es alrededor de Yahvé. Alrededor de su Dios. Pegado a su Dios. Pero este es cinturón, que es la casa de Judá. No sea pegado a su Dios, sino que se ha ido a meterse en las hendiduras de las peñas. Y eso es ridículo. Pues en la ridiculez de esa acción vemos la ridiculez de nuestro pecado, porque nosotros también dejamos los caminos de Dios y buscamos cosas absurdas, cosas que no nos van a hacer bien, cosas que no nos ayuden. Además, se trata de las hendiduras de las piedras en el río Éufrates. Este río, tantas veces mencionado en la historia del Antiguo Testamento, es el río que sirve de frontera natural para el gran imperio de Babilonia. Allá metidos en las peñas, metido entre las piedras del río Éufrates. Ese cinturón no puede esperar otra cosa sino dañarse, sino podrirse. Es el destino que ha buscado, metido entre esas piedras no va a recibir otra cosa del agua del Éufrates, sino dañarse, podrirse de alguna manera. Es su castigo por haber buscado el Éufrates. Y eso es lo que también quiere enseñarnos. Dios quiere enseñarnos que allá metidos en nuestros ídolos, no podemos esperar otra cosa. No podemos aguardar otro destino, sino ser dañados, sino pudrirnos. Es algo parecido a lo que también nos decía el profeta Jeremías en otro pasaje: Este pueblo ha cometido dos locuras, dos crímenes me han abandonado a mí, que soy fuente de agua viva, y se han cavado cisternas agrietadas que no pueden retener el agua. Es un crimen tener un buen cinturón para no usarlo. Y es un crimen tener un buen cinturón, solo para que se pudra con las aguas del Éufrates. Con esta imagen ridícula, entonces Dios nos está mostrando lo ridículo de nuestro pecado. Dios nos está diciendo. ¿Por qué no estás cerca de mí? ¿Por qué no has aprendido a abrazarme? ¿Por qué no has aprendido a quedarte conmigo? ¿Por qué dañas tu bien propio? Tu que eres lino fino. ¿Por qué dañas lo bueno que hay en ti? En las aguas del Éufrates. ¿Por qué no te quedas conmigo? ¿Qué vas a buscar allá en esas peñas? ¿A esperar a que el agua te pudra? ¿Qué vas a buscar? ¿Qué pretendes? No dejes que el agua de la idolatría te dañe. Cíñete a mí. Quédate conmigo. Yo soy tu salvador.

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