Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios nos anuncia que con nosotros o sin nosotros, todo va a cambiar; pero, al mismo tiempo nos invita al cambio.

Homilía o165001a, predicada en 19980724, con 19 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Pienso que no es un secreto para ustedes la predilección y amor que Dios me ha dado por el profeta Jeremías. Y es precisamente este el profeta que hemos empezado a leer en esta XVI semana del tiempo ordinario. La lectura de hoy está tomada del capítulo tercero de las profecías de Jeremías.

Jeremías es un hombre de sentimientos intensos. Eso quiere decir que estas personas sienten con mayor profundidad el sufrimiento, pero también son personas que disfrutan con mucho entusiasmo cuando se alegran. Podemos decir que Jeremías es un hombre de vida intensa. Cuando le duele le duele mucho y cuando se goza se goza mucho.

Y esta intensidad de vida está presente en la palabra de Jeremías. Por eso abundan en sus escritos, en sus oráculos, abundan los contrastes fuertes. Entre el sentimiento de total desolación y el sentimiento de abundancia incontenible. El sentimiento de una tristeza que mata o la exultación y la vida. La sensación de miedo extremo y la sensación de confianza plena. Jeremías me parece a mí que era un pueblo entero habitando en el cuerpo de una sola persona. Me parece que tenía, como todo el amor de mucha gente metido en su corazón. Tenía las lágrimas de todo un pueblo en sus ojos y tenía las esperanzas y la fe de toda una nación en su alma.

Es un profeta que vive con intensidad el drama de Dios. La vida para Jeremías es una vida dramática. El escenario de esta vida es todo para Jeremías. Todo menos un juego. La vida es seria. Es profundamente seria, con una seriedad que no es amargura. Con una seriedad que no es rigurosa, con una seriedad que no es dureza. La dureza, el rigor, la intolerancia, la inflexibilidad, la indiferencia, todo ese tipo de cosas no son seriedad. Por lo menos no son la seriedad de la creación, la seriedad de lo que Dios ha hecho.

La persona que es tiesa, rígida, Inflexible, amargada. En el fondo está apegada a su mundo interior de sentimientos. Y a menudo las personas que son así, tienen miedo de entrar en relación con la realidad que está fuera de ellos. No, Jeremías no es un hombre tieso, es un hombre abierto a la profunda verdad, a la profunda realidad de lo que le rodea; toma infinitamente en serio a Dios e infinitamente en serio su propia vida y la vida de su pueblo.

El pasaje de hoy es plenamente representativo de su corazón, su corazón intenso invita al pueblo. "Volved, hijos apóstatas, oráculo del Señor, que yo soy vuestro dueño". Esa parece una invitación para todo el mundo. Los hijos apóstatas, que son evidentemente el pueblo de Dios que se ha alejado de Dios. Pero luego dice: "Os escogeré a uno de una ciudad, a dos de una tribu, y os traeré a Sión". Les dice que vuelvan y les dice que los va a escoger. Invita a todos a que vuelvan, pero dice que los escogidos son muy pocos: de toda una ciudad uno y, de una tribu que corresponde a, qué se yo, una provincia, una región. Porque las tribus eran no solo asuntos de familia, sino de geografía, de todo un departamento. Dos. Es decir, es muy poquita gente y los invita a todos, pero les dice que son muy pocos los que van a llegar a Sión.

Y cuando queda uno espantado; y dice uno: ¿Pero cómo así, de una ciudad uno solo, uno solo por ciudad? Muy poquito. No ha salido uno de su espanto cuando sigue el profeta y dice: "Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia". Una palabra de consuelo junto a una palabra de regaño. Y cuando piensa uno que no va a quedar nadie, dice: "cuando os multipliquéis y crezcáis en el país". ¿Pero al fin qué, vamos a hacer muchos? ¿Vamos a ser pocos? ¿Qué va a suceder con nosotros? Queridos amigos, el desconcierto es uno de los recursos pedagógicos de Jeremías. Habla de tal manera que queda uno como mareado. ¿Qué me está queriendo decir en el fondo?

Es un Dios inmenso, gigantesco. Es un mega, hiper, súper; es un Dios mayor. Es un Dios desconcertante.

Bueno, pero tenemos que sacar algo en limpio, aparte de nuestros desconciertos, porque no vamos a terminar nuestra predicación diciendo que ahora ya sabemos por qué casi nadie entiende Jeremías. ¡No! Hay que decir algo más. Estos contrastes, estas vueltas que nos pone a dar Jeremías hasta marearnos. ¿Qué nos quieren decir? ¿A dónde es qué nos quieren conducir? ¿Qué secretos había en este corazón? Hum.

Yo pienso que a un profeta de esta espesura. Hay que acercarse con cierto tiento. Jeremías. ¡Quema! Es una hoguera. Entonces uno tiene que acercarse con cuidado. Porque si vas así nomás, puedes salir retostado. Y no aprendió nada. Cuando Moisés se encontró con aquella zarza, Dios le dijo: "Un momentico, despacio y quítese las sandalias. Esta tierra es sagrada". Yo creo que a la palabra de Dios y sobre todo a esta expresión tan vigorosa de la Palabra de Dios como son los oráculos de los profetas, uno tiene que llegar de esa manera, uno tiene que descalzarse. Hay que llegar descalzo, hay que llegar como el que se va a acercar a escuchar los secretos de Dios.

¿Qué me quiere decir el Señor aquí? Jeremías está, en este pasaje invitando al cambio y está anunciando un cambio. Yo creo que esta es una clave de lectura interesante. Dios invita a que cambiemos, pero al mismo tiempo Dios anuncia que las cosas van a cambiar. Ahí, yo creo que está el arte de esta enseñanza. Dios te invita a cambiar, pero Dios también te dice que contigo o sin ti las cosas van a cambiar. Me explico:

Entonces, puesto que Dios te invita a cambiar, si tú cambias. Lo que luego sigue se aplica a ti. Dios te invita a cambiar. Si tú no cambias, lo que luego sigue no se aplica a ti en este pasaje; porque en este pasaje se hacen promesas maravillosas, una presencia de Dios tan intensa que no va a haber necesidad de templo ni de arca. Esto es completamente revolucionario para el judaísmo. No vamos a necesitar arca, no vamos a necesitar templo ni sacrificios. Como quien dice, estará tan densa la presencia de Dios, que todo será templo, que todo será alianza, que todo será arca. O sea que las promesas que hay ahí son maravillosas. Si, todo va a cambiar, esa es una parte del anuncio. Pero antes hay una invitación. Cambia tú.

Si tú cambias esas maravillas que se prometen sucederán en ti, como van a pasar en todo el universo. Si tú no cambias, esas maravillas serán para otros. Y para ti ¿qué quedará para ti? Quedará solo el mareo, el desconcierto, el chispero; el, no entendí nada. Ahí tenemos una primera clave. Las palabras de Jeremías son al mismo tiempo invitación y son anuncio. Y esta estructura la mantiene el profeta prácticamente en todo su libro: te invita y te dice lo que va a pasar.

Si ahora lo pensamos con más detenimiento, nos daremos cuenta de que así también obra Jesucristo. Cuando Jesús empieza a predicar, cuando Jesús empieza a anunciar el reino de Dios, eso lo podemos mirar en el Evangelio según San Marcos. Entonces nosotros nos vamos al capítulo primero del Evangelio de Marcos y buscamos qué fue lo que dijo Jesús al comienzo de su predicación, para ver si encontramos la misma estructura.

Dice acá Capítulo primero, versículo catorce: ?Después que Juan fue puesto en la cárcel, vino Jesús a la alta Galilea, predicando la buena nueva del reino de Dios?. Versículo quince: ?diciendo, se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca?. Ese es un anuncio: ?haced penitencia y creed en las buenas nuevas?. Esa es una Invitación. Es un llamado a nuestra voluntad, es un llamado a que cambiemos nosotros. "Haced penitencia y creed la buena nueva". Ese es un llamado a que cambiemos nosotros; "Ha llegado el Reino de Dios. Se ha cumplido el tiempo", ese es un anuncio.

O sea que hay algo más profundo que Jeremías en este pasaje. Lo que estamos viendo es que no es solo un asunto de Jeremías. Jeremías obra así porque Dios obra así. Dios invita y anuncia. Dios anuncia lo que va a suceder y te invita a que cambies, puesto que va a cambiar el mundo, puesto que va a cambiar la historia, puesto que va a cambiar tu vida también,

Ejemplos: La muerte. ¿Qué es la muerte sino un continuo recordatorio? Un perfecto momento para recordar: Hay que cambiar. Tu vida va a cambiar. No vas a estar siempre cómo estás; hay un plazo inexorable. ¿Cuánto es: un año, diez, cien años? Hay un plazo. Va a cambiar, nuestra vida va a terminar; Por consiguiente, te invito a que cambies. Si tú cambias. Si tú te sintonizas con el cambio exterior, si al cambio exterior corresponde tu cambio interior. Si tú aceptas así el mensaje de Dios, entonces se cumplirá en ti lo que yo te estoy anunciando.

¿Qué quiere decir ese cambio exterior? Quiere decir que Dios es el Señor de la historia. ¿Qué quiere decir el cambio interior? Quiere decir que Dios quiere ser tu Señor. O sea que el mensaje de todo esto es: Dios es el Señor. Reconócelo y recíbelo como tu Señor. Dios transforma la historia, Dios es el Señor de la historia. Que Él sea el Señor de tu historia. Si tú no aceptas que Dios sea el Señor de tu historia, entonces te niegas a formar parte en la historia de Dios. Te sales de la novela, te sales del cuento, te sales de la película de Dios.

Pero es que hay un problema con esa decisión. ¡No hay más películas! No es que entras a otra película. Solo hay un creador. Por consiguiente, querer salirse de la película de Dios es lo que Catalina de Siena, una santa del siglo XIV, llamaba escoger la nada, ese es el pecado. El pecado es salirse de la historia, negar la creación. El pecado es sustraerse de la película, negarse a ser; un sujeto que se niega a nacer. Es un aborto. El pecado es abortarse. El pecado hace que la persona se aborte. El pecado hace que la persona no llegue a ser.

Dios es el Señor de toda la historia. Que Él sea el Señor de tu historia. Porque si Dios es el Señor de tu historia, tú llegarás a ser en la película de Dios. Si Dios no es el Señor de tu historia, la película sigue, Pero tú saliste y resulta que como no hay más películas, escogiste la nada. El infierno es una voluntad congelada en la búsqueda de la nada. Una voluntad que te deja petrificado eternamente en la búsqueda de no ser. Ese es el infierno descrito en términos metafísicos.

En cambio, ¿la santidad qué es? la santidad, es aceptar plena y definitivamente ser parte de la película; tomar la opción de Dios. "Señor, tú quisiste que yo existiera. Aquí estoy, pues quiero entrar en tu designio. Quiero estar en tu película". "Tú eres el Señor. Tú me anuncias y me invitas. Pues yo quiero aceptar tu invitación y quiero participar de tu anuncio. Yo quiero vivir en ti". "Yo quiero seguir tu camino, Yo quiero cumplir tu designio".

Cuando una persona entra plenamente en esa sintonía, entonces se integra completamente en el ser de Dios, y entonces queda así maravillosamente unida a su plan de amor, de sabiduría, de ternura, obteniendo la vida eterna. El infierno no es la muerte eterna, es un morir continuo, eterno, la muerte eterna es como que se murió y se acabó. El infierno es morir eternamente y el cielo es vivir eternamente, una vida que no se extingue, una vida que siempre es vida, es participar para siempre de ese Dios, de esa fuerza, de esa gracia, de ese regalo.

¿Hasta dónde nos lleva Jeremías? Jeremías tenía por dentro la claridad del anuncio que es luz y el calor del anuncio de la invitación, el calor de la invitación y ese calor de invitación y esa luz de anuncio se volvió fuego. Y en ese fuego se quemó Jeremías, en ese fuego se consumió Jeremías, y en ese fuego quedó integrado plenamente en el plan de salvación. Bueno, qué el mismo Jeremías interceda por nosotros, para que también nosotros vivamos plenamente, completamente el plan de salvación en nuestras vidas.

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