Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La familia es un don querido por Dios para formar en el amor y la vida. Sin embargo, su plenitud se alcanza cuando vive orientada a la voluntad de Dios y no al egoísmo.

Homilía o162012a, predicada en 20260721, con 8 min. y 35 seg.

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Transcripción:

La familia es una gran bendición. La familia está dentro del plan de Dios para que cada ser humano nazca amado, sea formado con sabiduría, con ternura y con paciencia, y luego pueda integrarse en el conjunto de la sociedad como un buen ciudadano, como un buen hombre, como una buena mujer. La familia está dentro del plan de Dios. Sin embargo, debemos decir algo a la luz del texto del Evangelio de hoy. Y es que la familia según la sangre no es un absoluto. ¿Qué queremos decir con esto? A ver, la familia pertenece al orden de la creación y las cosas creadas y en esto tenemos que ser muy claros, siempre tienen una dosis de ambigüedad.

Expliquemos este punto y creo que quedará más claro el Evangelio de hoy. Porque en el Evangelio de hoy sucede que María Santísima, junto con algunos parientes de Cristo que la Biblia llama hermanos, pues fueron a verlo, tal vez querían hablar con él, y entonces Cristo dice las palabras que yo pienso que las llevamos bien grabadas en el corazón. Cristo dice: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y él mismo se responde: El que hace la voluntad de mi Padre del cielo, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Con esas palabras Cristo está, podríamos decir, relativizando los vínculos de la carne y la sangre. No es que Cristo no les dé importancia, pero Cristo está relativizándolos en el sentido de que no son un absoluto, no son el criterio principal dentro del Evangelio, no son el criterio principal cuando se trata del Reino de Dios. ¿Por qué no son el criterio principal? Porque la familia puede ser ambigua.

Hablemos entonces de qué es ambigüedad. Decimos que una cosa es ambigua cuando puede tener más de un sentido o cuando puede tener más de alguna aplicación. Por ejemplo, un ejemplo muy fácil del vocabulario. Si yo digo que tengo un buen gato, eso puede hacer referencia a un animalito, pero por lo menos en Colombia y en otros sitios también se llama gato a una especie de aparato que sirve para levantar un automóvil, por ejemplo, para cambiarle una llanta. Entonces la palabra gato es ambigua. Esto es para que entendamos lo básico de qué quiere decir ambigüedad. En un sentido mucho más profundo. Las cosas creadas son ambiguas. Piensa, por ejemplo, en el dinero. El dinero puede servir para hacer obras maravillosas. Por ejemplo, sabemos que hace unos días ha acontecido una tragedia, una auténtica tragedia en el vecino país de Venezuela. Un par de terremotos fortísimos han derribado multitud de viviendas. Hay miles de muertos y se necesita dinero para apoyar a nuestros hermanos venezolanos. Y el dinero puede hacer cosas muy buenas cuando se trata de aliviar las consecuencias de una tragedia.

En ese sentido, el dinero es bueno. Pero el dinero también se puede utilizar para corromper conciencias. O el afán del dinero puede destruir los principios morales de una persona y llevarla al delito. Y entonces ya ese uso del dinero ya no es bueno. Eso es lo que queremos decir con la ambigüedad. Alguien podría preguntarse bueno, ¿pero en qué sentido puede ser ambiguo a la familia? si la familia se supone que es un lugar de amor. Es un lugar de formación. Es un lugar de acogida. ¿Cómo va a ser que la familia sea también ambigua? Mira, hace unos meses me encontré con una historia que muestra cómo el amor de familia se puede torcer. Doloroso, pero pasa.

El amor de familia se puede torcer. ¿De qué manera se tuerce? Pues mira, esta es la historia de una religiosa. Soy amigo de esta mujer consagrada. Y ella me contaba que la familia, sabiendo que la comunidad a la que pertenece esta religiosa, tiene obras educativas. La familia empezó a presionarla. La familia empezó a presionarla. ¿Cómo la presionaban? Mira, ya tú tienes un título acreditado por el Ministerio de Educación de Colombia. Ya tú no necesitas estar en esa comunidad, ya tú puedes tener tus propios ahorros y no tienes que darle el dinero a esas viejas, a esas mujeres. Hablaron despectivamente de las otras religiosas. Entonces la familia, por un supuesto amor, la familia empieza a presionar a esta religiosa. A presionarla pues básicamente para que se salga de la comunidad. Y probablemente eso va a traer como consecuencia que pueda compartir de ese dinero que supuestamente tiene o la pensión que tendrá lo pueda compartir con la familia.

Entonces en las familias también puede haber egoísmo y hay familias que imponen condiciones, por dar otro ejemplo. Imponen condiciones a los hijos. No todas las familias, por ejemplo, apoyan la generosidad de los hijos. Hay hijos que quieren prestar servicios misioneros y la familia no apoya. Hay hijos que quieren consagrarse a Dios y la familia no apoya. Hay hijas que quieren ser religiosas y la familia las ridiculiza. Hay hijos que están teniendo dificultades en sus propios matrimonios y la familia, en vez de apoyar lo que hace es empujar en dirección hacia un divorcio que no sería necesario. Entonces date cuenta la familia que es amor porque está basada en el amor. La familia, pues, también tiene ambigüedad y el amor de familia si está limpio y puro y abierto hacia Dios, maravilloso. Pero humanos somos. Estamos en este mundo y es muy fácil que la familia no tenga esas características. Es muy fácil que la familia pueda caer en un amor de egoísmo. Y entonces vienen las historias como las que he compartido hoy.

Por eso Cristo, aunque ciertamente valora la familia y aunque reafirmó, confirmó y consagró la unidad del matrimonio como algo querido por Dios, pues Cristo Cristo también hace ver que la familia según la carne y la sangre no es un absoluto, porque por encima de la familia y de hecho por encima de todo, otro afecto. Porque imagínate qué afecto puede ser mayor que el de la familia. Pues por encima de todo, otro afecto tiene que estar el amor a Dios, la obediencia a Dios, la búsqueda de la gloria de Dios. Conclusión La familia es querida por Dios. La familia está en el plan de Dios. Pero incluso el amor de familia tiene que depurarse. Tiene que purificarse de manera que responda a la voluntad de Dios y no se convierta en un tema, podríamos decir, de egoísmo colectivo. Piénsalo un poco, piénsalo un poco y sobre todo, pon en primer lugar de tu vida al Señor Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Ese mandamiento está plenamente vigente. La gloria para Dios. Amén.

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