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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdadera fraternidad la trae el Espíritu de Dios, es la que trae el amor nuevo de Cristo y es la que se instaura cuando testificamos y compartimos el Evangelio.

Homilía o162010a, predicada en 20220719, con 7 min. y 7 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos. Apoyados en el Evangelio de hoy, podemos decir que Cristo trae una forma nueva de parentesco. Veamos por qué. Si lo analizas, el parentesco está relacionado con el amor. Alguna forma de amor. Por ejemplo, este servidor de ustedes tiene hermanos. ¿Por qué tengo hermanos? Bueno, porque hay personas que nacieron del mismo papá, de la misma mamá que yo. ¿Y qué hizo que yo naciera de ese papá y de esa mamá? Lo mismo que mis hermanos. Pues un amor que había entre papá y mamá. Un amor que tenía que ver con algo muy hermoso que empezó y que fue el gusto, no se nos olvide que el gusto está también dentro del plan de Dios. Entonces, el gusto del hombre por la mujer, de la mujer por el hombre. Ese gusto entre ellos, pues hizo que se enamoraran, que se casaran, que se unieran y que de la unión de ellos naciéramos nosotros. Ese es el origen. Ese es el principio del parentesco que yo tengo con mis hermanos. Es decir, una forma de amor da origen a una forma de parentesco.

Ahora bien, si ese amor es un amor de baja calidad, también va a ser un parentesco de baja calidad. Así, por ejemplo, hay el caso de personas que sí tienen sus hermanos, pero a ver cómo lo explico, porque en esto hay que ser muy delicados. ¿Cómo lo explico? Realmente la unión que hubo entre ese hombre y esa mujer fue una unión fundamentalmente de pura carne, de puro sexo. Ese papá nunca llegó a ser un verdadero papá. Esa mamá se sintió obligada a ser mamá. Entonces te podrás imaginar que el parentesco que surge cuando el amor es de baja calidad. Y amor de baja calidad, quiere decir que se limita puramente a carne, a deseo. No es que esté mal el deseo, sino que cuando solamente hay deseo, cuando solamente hay carne, pues va a ser un amor de baja calidad. Y un amor de baja calidad significa un parentesco débil.

Ahora vamos al otro punto. ¿Qué sucede cuando hay un amor fuerte? ¿Qué sucede cuando hay un amor más alto? Por ejemplo, ese hombre que realmente quiere ser un esposo y quiere ser un papá. Esa mujer que tiene verdadera vocación de mamá y que entre los dos se apoyan, se ayudan, se complementan. Pues va a surgir una unión muy fuerte y muy hermosa entre los hermanos, porque es un amor de mayor calidad. Dicho sea entre paréntesis, este es un mensaje colateral que nos trae el Evangelio de hoy y es el mensaje de subirle la calidad al amor. Pero ahora viene el punto central y es ¿Cuál es el amor que Cristo ha traído? ¿Cuál es el amor que Cristo propone? Y ese amor que Cristo propone es muchísimo más alto, es muchísimo más noble, es muchísimo más santo. Por eso, Cristo trae un amor nuevo. Un amor que supera infinitamente al amor de la carne y la sangre, el parentesco que nace de ahí es el parentesco propio de los que son hermanos y hermanas de Cristo. Por eso Él dice, estos son mi madre y mis hermanos. Está indicando el parentesco nuevo que Él trae.

Repito, no es que esté mal el amor propio del deseo dentro del plan de Dios y vivido según Dios. El amor propio del deseo tiene su lugar, pues de ahí vengo yo, por ejemplo. Claro que sí, tiene su lugar, pero no se puede comparar con el amor que trae el Señor, el amor del Espíritu, el amor de unción que trae Cristo, no se puede comparar. Y la razón por la que no se puede comparar es porque este amor de carne y de sangre, en el fondo siempre es un amor de transacción. Y un amor de transacción es siempre un amor que requiere un pago, que requiere una contraprestación porque es un amor insuficiente. En cambio, el amor que trae Cristo, el amor que brota del corazón infinito de Dios, es un amor que, como lo describió el Señor, es propio del que hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Es un amor super, super suficiente. Es un amor que va mucho más allá del amor, de carne y de sangre. Y ese es el parentesco nuevo.

Esto también nos sirve y quiero mencionarlo sólo brevemente para entender los dos sentidos que tiene la expresión ser hijos de Dios o ser hermanos. ¿Se puede decir que nosotros somos hermanos de todos los hombres? Sí, sí se puede decir, claro que se puede decir. Normalmente utilizando la terminología bíblica eso se llama somos hermanos en Adán, es decir, hermanos por la carne y la sangre. Finalmente, la familia humana. Por eso se usa esa expresión familia humana. La familia humana está unida por la carne y la sangre. Pero esa unión, esa manera de ser, hermanos todos, es una manera frágil, es una manera muchas veces transitoria, muchas veces engañosa. La verdadera fraternidad es la que trae el Espíritu de Dios, es la que trae el amor nuevo de Cristo, de la que nos habla el Evangelio de hoy. Y esa es la fraternidad que se instaura cuando nosotros compartimos, testificamos, hacemos realidad el Evangelio en nuestra vida y en la vida de otros. Esa es la fraternidad nuestra, esa es la verdadera fraternidad y esa es la que Cristo trajo. Y por ella nos llamamos auténticamente hermanos.

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