Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Virgen María es el Evangelio hecho carne. Ella practicándolo en la santidad de su cuerpo, su corazón y su mente, muestra que el Evangelio es una realidad, y no una ideología quimérica.

Homilía o162003a, predicada en 20100720, con 23 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, obsérvese ese saludo que acabo de decir, queridos hermanos. La palabra hermano tiene un significado bastante amplio. Los que estamos aquí seguramente no compartimos todos el mismo papá y la misma mamá, y sin embargo nos llamamos hermanos porque somos hermanos en un sentido particular, el de la fe. Lo mismo sucedía en tiempo de Cristo. La palabra hermano también en ese tiempo tiene un significado amplio. Por ejemplo, los judíos se llamaban entre sí hermanos. Así vemos a San Pablo en sus discursos de los Hechos de los Apóstoles referirse a otros judíos llamándolos hermanos. Hermanos en la fe, hermanos se podría decir también, porque todos provienen, todos los judíos provienen de la descendencia de Abraham. También en el Antiguo Testamento encontramos que había un hombre llamado Abraham y tenía un sobrino que se llamaba Lot. Eran tío y sobrino. Sin embargo, cuando tuvieron que hacer una repartición de tierras, según nos cuenta el libro del Génesis, entonces dice Abraham, tú y yo somos hermanos. No vamos a discutir.

Y eso no significaba que hubieran nacido del mismo papá y la misma mamá, porque la Biblia especifica que ellos eran tío y sobrino, Y sin embargo Abraham le dice somos hermanos. Es decir, que en la cultura semita en general, hay un uso bastante amplio de la palabra hermano. Quiere decir como de la misma carne, de la misma familia, de la misma descendencia. Por supuesto, estoy comentando todo esto porque resulta que hay algunos cristianos no católicos que tratan de confundir a los católicos y entonces le dicen a uno mire, ahí está Capítulo doce de San Mateo, la Biblia dice que Jesús tuvo hermanos. Por consiguiente, ¿qué cuento de que la Virgen fue virgen? Hay que saber entender que esa palabra hermano no necesariamente significa hijos del mismo papá o de la misma mamá. Y los ejemplos que ya he dado deberían bastar.

De modo que ningún católico debe confundirse cuando los protestantes evangélicos o hay muchos, se llaman cristianos entren con esa discusión que ellos la repiten una y otra vez. A ver si a uno se le ha olvidado la explicación, porque suelen volver con los mismos temas que la Iglesia es la gran ramera, que tener imágenes es idolatría. Que la Virgen no fue virgen, que los sacerdotes tienen que casarse. Y con esos cuatro o cinco temas que repita, que repita, a ver si lo confunden a uno con más y más citas bíblicas. Lo más gracioso del asunto es que aquellos que iniciaron el movimiento protestante le tenían gran fe y devoción a la Virgen.

Por ejemplo, Martín Lutero, que indudablemente es el iniciador más visible de eso que se llamó la Reforma Protestante, y de él vienen los que se llaman no solo los luteranos, sino también los presbiterianos y también los evangélicos y también los pentecostales, es decir, casi todo el árbol protestante, porque es un árbol y se puede seguir su historia. Viene de Martín Lutero y este hombre, Lutero resulta que era muy piadoso y enamorado de la Virgen. O sea que qué contradicción que los descendientes de Lutero, de las ideas de Lutero resulten diciendo esa serie de cosas sobre María Santísima. Yo recuerdo que de niño, mi madre me invitó a ir a un grupo de oración. En aquella época, los grupos de oración no eran cosa tan frecuente como puede ser hoy. Hoy, en muchas parroquias hay grupos de oración, hay grupos de evangelización. Aquí, por ejemplo, nuestra diócesis de Chiquinquirá está trabajando con gran empeño a través de lo que se llama el Sistema Integral de Nueva Evangelización. Si tú tomas las primeras letras de esas palabras, te resulta cine con S. Desde luego, Sistema Integral de Nueva Evangelización. Y los grupos del sine. Los grupos de este sistema de evangelización, por supuesto que tienen sus oraciones, tienen su liturgia, tienen sus momentos de formación y de crecimiento.

Entonces, en nuestra época, en nuestro tiempo actual, año dos mil diez, los grupos de oración, los grupos de evangelización son muy comunes. Pero la historia que yo les estoy contando ya tiene sus años. Esa historia puede tener fácilmente treinta, treinta y dos años. Yo diría que unos treinta y dos, treinta y tres, para ser más precisos. O sea que ya tengo historias de hace treinta y tres años. En aquella época mi mamá me llevó a un grupo de oración donde tenían unos cantos muy hermosos. Había mucha juventud, daban unos testimonios preciosos y hablaban con gran elocuencia sobre Cristo. Entre los testimonios que recibimos, los que en esa época éramos niños o adolescentes, yo recuerdo un caballero que nos impactó mucho a los muchachos de esa época. Ese hombre, si vive todavía, debe estar llegando como a sus setenta años de edad. Una cosa parecida porque ya tenía treinta o quizás un poquito más. Y él contaba su testimonio, su testimonio de conversión. Era un hombre que había estado metido en el mundo de la droga. Era un hombre que había estado como una oveja perdida. Pero a través de la predicación y a través de abrirle su corazón a Jesucristo, su vida había cambiado. Era buen predicador y daba un testimonio, yo diría bastante creíble.

Bueno, este caballero y todo lo que se hacía en ese grupo donde me llamó mi mamá era muy atractivo, pero tenía un problema que mi mamá, como buena católica detectó. Mi mamá tenía lo mismo que muchas mamás que son fervorosas Católicas. Mi mamá tenía un gran olfato para ver por dónde iba la gente, sobre todo en materias de fe, de religión. Mi mamá, por ejemplo, conoció también al cura Camilo Torres, el cura guerrillero, y mi mamá se dio cuenta este padrecito como que no me gustan sus ideas, como que no me gusta para dónde va. Poco tiempo después de que ella hablara de esa manera, el cura Torres se lanzó a la guerrilla. Un salto al vacío que no duró mucho porque al poco tiempo murió de una manera que yo califico tonta para lo que hubiera podido dar ese hombre. Pero ese es otro tema. Mi mamá pues, tenía como esa especie de olfato y entonces ella se dio cuenta este grupo está como raro, porque aquí nunca hablan de la confesión, aquí nunca hablan de la Eucaristía, aquí nunca hablan del Papa y aquí nunca hablan de la Virgen.

Entonces ella se hizo sus averiguaciones y resultó ser una de las estrategias de los grupos evangélicos. Ustedes saben que los grupos protestantes en algunas ocasiones van lanza en ristre, atacando abiertamente a la iglesia, como cuando nos dicen que la Iglesia Católica es la gran ramera. Y mientras uno abre los ojos y dice ¡Dios mío, qué blasfemia! ¡Cómo se les ocurre decir eso! Mientras uno queda así como asustado, ellos siguen disparando. Ese es un estilo, no, ese es un estilo de lograr conversiones. El otro estilo es el estilo que en Colombia llamamos con lenguaje coloquial nadadito de perro. Entonces van ahí calladitos, calladitos y van atrayendo a la gente. Y ese es el estilo del grupo adonde me llevó mi mamá. Pero por supuesto, mi mamá no sabía de qué se trataba. Sin embargo, su olfato de buena católica le hizo detectar. Aquí hay algo raro, porque no mencionan al Papa, no mencionan la Eucaristía, no mencionan nunca la confesión y no nombran nunca la Virgen. Aquí hay algo raro. Finalmente resultó ser el grupo Alfa y Omega se llamaba así en esa época. Estamos hablando del año setenta y seis, setenta y siete del siglo pasado, porque yo soy del siglo pasado. Y entonces este grupo después cambió de nombre y pasó a llamarse la cruzada estudiantil y profesional de Colombia.

Esto es para que sepamos que el tema de la Virgen ha sido un tema muy polémico entre protestantes y católicos. Y cuando mi mamá me dijo que yo tenía como unos doce o trece años en esa época me dice mi mamá mira, no vamos a volver a ese grupo porque ese grupo no es católico. Yo me quedé asombrado. Mi mamá me dio la explicación, me dijo ellos no hablan de la Virgen, ellos no creen en la Virgen y yo me acuerdo a esa edad. Y eso fue hace treinta y tres, treinta y dos, treinta y tres años. Yo me acuerdo a esa edad haciéndome esta pregunta ¿Y la Virgen qué daño les hizo a esos señores para que no la quieran? Después fui aprendiendo cuál es el miedo de los protestantes. El miedo de los protestantes es que uno le ponga tanta importancia, le dé tanta importancia a la Virgen, que le quite la centralidad absoluta que tiene Jesucristo, porque nosotros somos salvos en la sangre de Jesucristo por la gracia de Jesucristo, por el poder del Espíritu que nos da Cristo.

Entonces resulta que los protestantes tienen una parte de inquietud que yo creo que es válida. Resulta que algunos miran a la Virgen, pero la miran casi como si fuera una diosa. Eso no es lo que quiere María. Eso no es hacerle un buen servicio a ella, porque lo que ella nos recomendó está muy claro en el Evangelio. María no quiere que nosotros nos quedemos únicamente mirándola a ella. Ella lo que quiere es lo que aparece en el capítulo segundo del Evangelio según San Juan Haced lo que él os diga. Lo que María quiere de nosotros es que en nosotros se forme la persona adorable de Cristo. Lo que María quiere de nosotros es que nosotros seamos verdaderos cristianos. Lo que María quiere de nosotros es que el evangelio de Cristo se pueda leer en los días de nuestra vida. Quiero decir que cada día de nuestra vida sea como una página del evangelio, que se pueda ver la gloria de Jesucristo en nuestra vida. Eso es lo que quiere la Virgen.

Pero hay personas que miran a la Virgen de un modo como si fuera mágico. El caso más aberrante es el de aquellos sicarios que se amarran un escapulario de la Virgen del Carmen para acertar en su misión criminal que va a segar una vida humana. Por supuesto que si uno ve ese uso del nombre de María y del Escapulario de la Virgen del Carmen. Uno tiene que decir: Ese tipo no sabe nada de cristianismo. Ese sicario está blasfemando contra María y está cometiendo una grave idolatría. Entonces hay que entender a los protestantes así ahora se cambian de nombre y se llamen cristianos o evangélicos o como se quieran llamar. Hay que entenderlos. La preocupación de ellos es no les estamos dando el lugar que debe tener Jesucristo, la Palabra de Dios y el don del Espíritu Santo. Y entonces hay personas que con una devoción, quizás un poco desfigurada, utilizan la piedad mariana para cosas que no son. Pero la culpa no es de la Virgen y la culpa no hay que echársela a ella ni hay que separarse de ella. Muy al contrario, lo que nos muestra la Palabra de Dios es que en la súplica de Pentecostés, en la súplica del Espíritu Santo, ella fue y sigue siendo la gran aliada de la Iglesia. Ella fue y sigue siendo el gran modelo de vida cristiana, como lo han dicho varios predicadores. Y eso es totalmente cierto.

Esto que dice el Evangelio de hoy a nadie se le aplica mejor que a María. ¿Qué fue lo que dijo Jesús? El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Y quien cumplió mejor la voluntad del Padre Celestial que aquella que se llamó a sí misma esclava del Señor, y que en todo fue fiel a la Palabra, hasta el punto que en la Biblia nadie encontrará. Y este es un hecho muy notable. Lo digo para los protestantes que puedan estar oyendo estas palabras o que las oigan después en Internet. Porque ustedes saben que estas homilías quedan publicadas en Internet, en la página que se llama Fray Nelson puntocom. Ahí ofrezco con mucho cariño todas estas predicaciones. Pues los protestantes que puedan oír después estas palabras, solamente les pido que tomen en cuenta esto. En la Biblia en ningún lugar se habla de la conversión de María y no se habla de conversión, porque el pecado no tuvo poder en ella, y el pecado no tuvo poder en ella, porque ella no solamente dijo, sino que fue verdadera servidora de Dios, verdadera esclava del Señor, esclava en el sentido más noble y bello de la Palabra, aquella que cumple en todo la voluntad de Dios.

Así que este evangelio no hay que mirarlo como un desaire a la Virgen. No hay que mirarlo como un desprecio de Jesús hacia María, sino como una manera de enseñarnos en dónde radica el verdadero valor de María. Su verdadero valor, en efecto, no fue simplemente aportar su biología, su vientre, su matriz, su verdadero valor estuvo en dar todo su ser. Y eso significa su cuerpo y su alma, su entendimiento, su voluntad, su memoria, todos sus sentimientos, sus afectos y sus fuerzas al servicio de la causa de Dios y de Cristo Jesús. Esto significa que una piedad mariana, rectamente entendida, no le tiene miedo ni al Evangelio ni a los evangélicos. Una piedad mariana, rectamente entendida. No tiene que esconderse ni tener temor. Y cuando le lleguen a uno con las historias de los hermanos de Jesús, pues ya sabemos el sentido que tiene la palabra hermano en la Biblia.

Y de hecho, mirando simplemente lo que nos muestra la misma Escritura, cómo se entiende que Jesús muriéndose en la cruz, le dijo a San Juan el evangelista: Ahí tienes a tu madre. Y añade el texto. Y desde ese momento Juan la recibió en su casa. Quien no se da cuenta de esas palabras que Jesús era el único hijo de esta santa mujer, que ahí, a los pies de la cruz, estaba entregando toda su ofrenda. Entendamos, amigos, que la Virgen al pie de la cruz estaba en cierto modo ejerciendo el Santísimo sacerdocio de ofrecer todo y lo único que ella tenía en esta tierra, que era su Hijo. Si ella hubiera tenido más más hijos, que fueran hijos de su carne y de su sangre, lo normal es que esos otros hijos de ella la hubieran recibido como cualquier hijo cuida de su mamá. Eso se cae de su peso. Pero Jesús tiene que tener una provisión especial. Tiene que pensar en lo que va a suceder con esa mujer que ahora lo ha perdido todo, porque entregando a su Hijo en la cruz, María lo perdió todo. Por eso Jesús dice a San Juan: Ahí tienes a tu madre. Es decir, que la misma Biblia viene a apuntar y a confirmar lo que la Iglesia Católica ha predicado con amor y con insistencia en todos los tiempos. De por Dios, señores evangélicos, protestantes, Presbiterianos, Metodistas, Pentecostales. De Por Dios, recorran ustedes la historia de la Iglesia. Recorran ustedes los escritos de los grandes testigos del Evangelio de los Grandes santos. Vayan a San Atanasio, vayan a San Jerónimo, vayan a San Agustín de Hipona, vayan a San Juan Damasceno, a San Máximo confesor, a San León Magno, vayan a Bernardo de Claraval o a cualquiera de los más recientes y respondan esta pregunta ¿En dónde ha creído la Iglesia esa idea, ese exabrupto con el que ellos quieren salir de otros hijos de María? ¿Pero sabe por qué sienten ellos o sienten algunos? porque tampoco son todos. Saben por qué sienten algunos no católicos que tienen que insistir en el tema de que María no fue virgen y que no fue virgen. ¿Sabe por qué es eso? Porque ellos creen que rebajando a María exaltan a Jesús.

Ellos creen que rebajando a María nuestra atención se va a dirigir únicamente a Cristo. Ellos creen que presentando a María lo más llana y mujer del pueblo, que pueden de esa manera le están dando la gloria a Cristo. ¡Qué equivocados están! Muy al contrario, debemos entender que María se ha realizado de manera maravillosa el Evangelio de Jesús. María no es un enemigo. María no es una enemiga del Evangelio de Jesús. María en los días de su vida practicó y vivió el Evangelio como nadie. María es el Evangelio hecho vida. Así como el Rosario es el Evangelio hecho oración, entonces María es nuestra aliada y si es nuestra aliada, no hay que aplastarla, como pretenden ellos, diciendo calumnias, y que no fue virgen, y que pecó y que no sé cuantas cosas. ¿De dónde sacan eso que no está en la Biblia? ¿No dicen ellos que se apoyan únicamente en la Biblia? Hermanos, María Santísima, que la recordamos tan presente aquí en Chiquinquirá. María Santísima es la página más bella que ha escrito Dios en la historia humana. María Santísima es el Evangelio recibido en nuestra carne, en carne humana. Cristo es la oferta del Evangelio, pero esa oferta quedaría como un sueño irrealizable, como una hipótesis quizás demasiado quimérica, como un sueño, como un intento, como una ilusión.

Bien dijo el cardenal Pironio, de feliz memoria. María le da carne al Evangelio. María impide que el Evangelio se vuelva una pura ideología. Ella, practicando en su vida, en su día a día, en la santidad de su cuerpo, su corazón y su mente. La perfección del Evangelio de Cristo es nuestra gran aliada. Y lejos de pensar que hay que disminuirla, descubramos en ella los esplendores de la misma gloria que un día también nosotros participaremos. Si, como ella, somos fieles a la Palabra de salvación que hemos recibido. Amén.

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