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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El mundo suele llamar "fe" a una combinación de auto-redención, auto-sugestión y auto-determinación. La Escritura reemplaza esos tres por: Gracia de Dios, Palabra de Dios y Voluntad de Dios.
Homilía o161011a, predicada en 20200720, con 26 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Algunos escribas y fariseos le piden a Jesús un milagro. En condiciones controladas. Ellos quieren ver qué es lo que puede hacer Jesús delante de los ojos de ellos. Ese es el reclamo. Esa es la exigencia que le ponen. Jesús no cede a esa presión. Este modo de obrar, de obrar de Cristo nos recuerda la única condición que Él pidió en algunas oportunidades para realizar sus milagros. Así, por ejemplo, le dice a un enfermo que quería curarse. ¿Crees que puedo hacerlo? También a aquella mujer que, viniendo ocultamente a tocar el borde de su manto, Jesús le dice: Tu fe te ha salvado. Y en otra ocasión dijo a sus discípulos: Si tuviereis fe como un granito de mostaza, le mandarías a este monte, arráncate y échate al mar, y os obedecería. Es decir, que para Cristo la fe, está unida a las maravillas que realiza el mismo Cristo. Pero todavía más. Da la impresión de que Cristo le da el protagonismo a la fe misma, porque, por ejemplo, aquella mujer, como ya mencioné, le dice: Tu fe te ha salvado. Y a los discípulos les dijo Si tuvierais fe. Entonces todo este pasaje de hoy nos invita a preguntarnos ¿Qué es eso tan maravilloso que se llama la fe? Y nos invita a preguntarnos por qué Cristo no realiza ese milagro en condiciones de verificación, casi diríamos verificación científica o científico o de laboratorio, sino que reserva sus milagros para el que tiene fe. Definir la fe en este contexto no es tan sencillo. A veces se puede pensar que la fe es algo así como una especie de autosugestión. Como la persona que se mete en la cabeza algo y que lo repite con frecuencia. Mucha literatura de autosuperación va en esa línea. Invitan a la gente a que repita unas determinadas consignas, a veces sabiendo lo que dicen, otras veces, por ejemplo, en la meditación llamada trascendental. Sin saber lo que dicen, repiten un mantra que su maestro particular, su gurú, les dijo que tenían que repetir. Es decir, dentro de ese mundo de la superación, de la autosuperación, la fe es un asunto cerebral. No en el plano de ideas claras, sino en el plano de trabajar el cerebro de manera que no pueda pensar de otra manera. Es algo así como condicionar, auto condicionar el cerebro. En la misma línea van otras propuestas que también son muy conocidas y difundidas hoy en día. Por ejemplo, algo que se llama PNL Programación Neurolingüística. La idea con la programación Neurolingüística es, que tu cerebro es como una especie de computador y así como se puede programar a un computador para que produzca, por ejemplo, una visión en tres dimensiones de un edificio, lo que llaman rendering en arquitectura, por ejemplo, ¿así como se puede programar eso? Pues la PNL quiere hacer lo mismo pero con tu cerebro. Es decir, que a través de tu lengua, a través de tu lengua, a través de tus palabras, tú programes tus neuronas. Ves. PNL a través de las palabras programas tus neuronas y de ese modo entonces tú suprimes tus dudas. Así dicen ellos, quitas los obstáculos y desarrollas todo tu potencial de manera que tu vida tenga el éxito que siempre anhelaste. Esa es la idea de la Programación neurolingüística. En un tono mucho más modesto, pero siempre en esta misma línea de trabajarle al cerebro, trabajarle al cerebro, está toda esa forma de pensar que suele llamarse pensamiento positivo. La gente habla informalmente de esto. Se habla de ondas positivas. Algo así como que yo no debo dejar que entren pensamientos negativos en mí, porque esos pensamientos negativos van a frenar los pensamientos positivos. Entonces hay gente que, por ejemplo en redes sociales dice eso no. Te mando toda mi energía positiva. En algunos casos viene a ser como un reemplazo de la oración. Envíenme sus ondas, envíenme su energía positiva. Y yo creo que la gente efectivamente se imagina que de sus cabezas salen unas ondas. Así como cuando yo era niño, me acuerdo que había un superhéroe del cual se oye muy poco ahora, un superhéroe de estos cómics. Ese superhéroe se llamaba Aquaman. Y Aquaman tenía la posibilidad de enviar ondas a los animales del mar, de manera que peces y cetáceos le ayudaban y formaban una especie de fuerza compacta para lograr el propósito de ese respectivo episodio de Aquaman. Entonces la gente se imagina el pensamiento positivo más o menos como eso, como ondas que yo te puedo enviar, que tú me puedes enviar todos, por favor. Mandar ondas, ondas positivas para que esto salga bien. Es un sucedáneo, Es un reemplazo de la oración. No tiene nada que ver con nuestra fe. Entonces fíjate que en ese ambiente cultural en el que estamos y todavía tendría que mencionar otras cosas Yoga, meditación Zen, además de la PNL y además de meditación trascendental y además de pensamiento positivo. Y además de todas esas cosas, hacen que hoy tengamos una idea muy, muy nublada, una idea francamente nublada, muchas veces deformada y en ocasiones completamente errónea sobre lo que es la fe. Hay dos elementos que tienen en común o tres elementos que tienen en común todas estas cosas. Las repito Meditación zen, meditación trascendental, se me olvidó mencionar Método Silva, pensamiento positivo. Todas estas tienen tres cosas en común. Primero que el que pone la fuerza, el que hace el esfuerzo y por consiguiente a quien se debe el resultado eres tú. Es decir, todas estas filosofías, pensamientos, estrategias, métodos, el nombre que le pongan son en el fondo métodos de auto redención. Es el hombre redimiéndose. Es el hombre haciendo su futuro con sus fuerzas. Se supone que estos métodos te ayudan, te ayudan a canalizar tu energía, a canalizar tu fuerza, pero en el fondo es tu fuerza, tu sola fuerza. Entonces todos estos métodos tienen esa primera característica en común, que son métodos de auto redención. Primer punto en común. Segundo punto en común. Todos ellos. Todos ellos implican un trabajo básicamente cerebral. Es decir, de lo que se trata es de producir dentro del mundo de tus pensamientos, dentro del mundo de tu cerebro, producir una especie de flujo continuo de ideas que se repiten y se defienden unas a otras. De manera que son tus palabras, tus ideas, tus ondas cerebrales, las que logran la tarea. Por eso se parecen mucho y es el nombre que utilizaré. Se parecen mucho a una autosugestión. Entonces, ¿cuál fue el primer auto? Autoredención. En realidad, toda la fuerza la tienes que poner tú o la tiene que poner la otra persona o la otra persona o la tengo que poner yo. Es autoredención. Segundo, es autosugestión. Todo queda en el cerebro. Todo es a base de mis ideas. Todo es no debo permitir pensamientos negativos. Autosugestión es puro trabajo cerebral. Y tercer elemento que tienen en común todas estas maneras de plantear las cosas. Y es que las metas, los objetivos, son los tuyos. Por ejemplo, quiero mejorar mis ingresos. Pueden ser cosas lícitas, no lo estoy negando, pero lo que quiero destacar es que son tus metas y por eso en todos estos métodos, siempre hay un elemento de visualización. Algo así como visualice usted. Fíjese usted a dónde quiere llegar. Quiero llegar al pico de esa montaña. Visualícese. Mire allá esa montaña. Mire que va a llegar a esa montaña. Y luego, a través de la fuerza de su mente y de la autosugestión, usted irá avanzando, Irá avanzando, seguirá avanzando para llegar allá. A eso lo podemos llamar autodeterminación. Entonces la idea falsa. Porque es falsa, porque no tiene que ver con la Biblia. La idea falsa de fe que tienen muchas personas está marcada por estos tres autos. Auto, lo primero es que es auto Superación, auto redención. Es el ser humano Redimiéndose. No es Dios salvando al hombre. ¡No, no, no, no, no, no, no! Es el ser humano, redimiéndose, Auto redención. Segundo, es autosugestión. Autosugestión, ¿qué quiere decir? Yo me sugestiono a mí mismo. Auto redención, ¿qué es? Yo me redimo a mí mismo. Yo me salvo a mí mismo. Yo hago de mí una persona nueva. Yo lo hago. Auto redención. Autosugestión. Y la tercera. ¿Cuál es? ¿Si se la aprendió? Autodeterminación. Le repito por última vez. Los tres autos Autorredención. Autosugestión. Autodeterminación. ¿Qué es la autodeterminación? Que las metas las pongo yo. Necesito hablar fluidamente tres idiomas más aparte del mío. Entonces voy a trabajar en eso. Esa es mi meta. Oh, necesito mejorar mis ingresos. Oh, necesito comer más saludable o necesito implementar una verdadera rutina de ejercicios. Necesito. Necesito eso. Muy bien, esa es la idea de fe que tienen muchas personas. Y casi siempre la palabra fe cuando te la encuentras en, llamémoslo así, en la literatura común o en redes sociales, en medios de comunicación. Va por ahí. ¿Cuáles son las grandes diferencias? Ya que tenemos identificados estos tres elementos comunes, nos daremos cuenta que la fe en la que nosotros creemos, en la que nosotros caminamos, de donde brota nuestra esperanza, no tiene que ver con estos tres autos. Y en cierto sentido es lo contrario de esos tres autos. Te lo digo brevemente de esta manera, en vez de la auto redención, escribe por favor una palabra. La palabra gracia. La palabra regalo. Regalo. Nosotros somos amados y somos transformados por el regalo de un amor que no merecemos. Esta frase que acabo de decir es casi la síntesis del Nuevo Testamento, por no decir de la Biblia entera, que tú y yo somos amados, restaurados. Renovados, levantados por un amor que no merecemos. Conocidos, sanados y levantados por un amor inmenso que no merecemos. Y el mensaje de la Cruz. Ese mensaje del Crucificado. ¿Cuál es? ¿Cuál es el mensaje de la Cruz? El mensaje de la Cruz es esto, es lo que ustedes me hacen a mí. Estas llagas, lo cual demuestra que ustedes no merecen el amor. Pero la manera como yo he sufrido, dice Cristo, la manera como yo he derramado mi sangre por ustedes, la manera como yo oro por ustedes y por mis propios verdugos, muestran que si los amo. O sea que la cruz al mismo tiempo muestra que ustedes no merecen ese amor, pero que ustedes sí pueden contar con ese amor. Por eso también el símbolo del cristiano siempre será la cruz, siempre la cruz. Porque en la cruz está el resumen del mensaje del Nuevo Testamento, por no decir de la Biblia entera. Entonces, en vez de la palabra auto redención, hay que poner la palabra gracia. Nosotros somos conocidos, perdonados, sanados, restaurados por un inmenso amor que no merecemos. La segunda característica de lo que suele entenderse hoy por la palabra fe es la autosugestión. ¿Y esa autosugestión qué es? Pues esa autosugestión es el poder de tu palabra dentro de tu cabeza. Entonces tu palabra, por ejemplo, dice: Hoy seré más feliz que ayer. Hoy seré más feliz que ayer. Hoy seré más feliz que ayer. Pase lo que pase. Pase lo que pase, pase lo que pase hoy seré más feliz que ayer. Hasta ritmo tiene. Se puede hacer un rap con eso que acabo de decir. Hoy seré más feliz que ayer. Hoy seré más feliz que ayer. Pase lo que pase, pase lo que pase, pase lo que pase hoy seré más feliz que ayer. Entonces es tu palabra dentro de tu cabeza. Esa es la autosugestión. ¿En la verdadera fe, cómo funciona esto? No es mi palabra dentro de mi cabeza. No, no es autosugestión. Tampoco es hetero sugestión. Como quien dice que otra persona me sugestione a mí. No, no, no, no, no. Es palabra de Dios. Por eso el centro de la meditación cristiana, no la meditación trascendental, no la meditación budista, no la meditación zen. Hablo de la meditación cristiana. El centro de la meditación cristiana es lo que nos han enseñado los santos monjes cristianos y las santas consagradas, monjas vírgenes consagradas de todos los tiempos. La meditación ¿siempre es qué? ¿siempre es qué? Es la Palabra de Dios. Entonces, fíjate frente a la autorredención ponemos la palabra gracia. Frente a la autosugestión palabra de Dios. Es la Palabra de Dios llegando a mí, es la Palabra de Dios levantándome. Es la Palabra de Dios obrando en mí. Palabra de Dios. Bueno. Y la autodeterminación ¿en qué consiste la autodeterminación? Es la idea prometeica de que yo puedo hacerme a mí mismo, es decir, como aquella propaganda de un alimento para niños en Colombia. La meta la pones tú. O como dice la popular frase en inglés The sky is the limit. El límite es el cielo. Dale, dale. ¿Quieres más? ¿Quieres ser astronauta? ¿Quieres ser gerente? ¿Quieres ser presidente? ¿Quieres ser actor? Simplemente tienes que trabajar duro. Tienes que meterte en la cabeza una y otra vez. Una y otra vez. Una, una, una y otra vez. Te lo metes en la cabeza y trabajas todos los días. Yo tengo mi cuenta en Instagram. En todas mis redes sociales me llamo siempre Fray Nelson y a mí me sirven las redes sociales para dos cosas. Siempre lo he dicho me sirven en el nombre del Señor para ofrecer predicación. Pero las redes sociales también me sirven para otra cosa. ¿Sabes para qué? Me sirven como un observatorio, como un balcón. Es interesantísimo. Es decir, lo que uno puede aprender si uno sabe utilizar las redes. No digo que sea perfecto mi uso, pero créanme que todos los días trato de hacerlo mejor. Y es impresionante cómo deportistas, nutricionistas o nutriólogos llaman en otras partes, actrices o cómo se llaman estos que animan a la gente motivadores. Siempre utilizan el mismo lenguaje de los tres autos. Auto. ¿Auto qué? ¿Cuál era la primera? Autoredención. ¿Cuál era la segunda? Autosugestión. ¿Cuál era la tercera? Autodeterminación. Todos tienen el mismo lenguaje. Siempre es. Mira. Fija tu meta. Fija tu meta. Trabaja por ella. Obsesiónate con tu meta, ten tu sueño, vive para tu sueño, ten tu meta, trabaja para tu meta, dale tu meta, tu meta, tu meta, tu meta, tu meta. Eso es. Esa es la propuesta del mundo. Pero frente a la autodeterminación en la que yo escojo la meta y por consiguiente escojo el camino, ¿qué tiene el cristiano? El cristiano tiene algo mucho mejor. Es lo que está en el Padrenuestro la voluntad de Dios. El lema del cristiano es el que han dicho varios santos siempre con palabras parecidas: Lo que Dios quiera de mí, eso es lo mejor para mí. Entonces yo puedo soñar con una cosa y puedo estar seguro de algo, lo que Dios quiere para mí es mejor que lo que yo sueño. Por eso hay una canción que dice: Eres mejor que mis mejores sueños. Eres mejor que mis altos pensamientos. Eres mejor y señor, te lo agradezco. Porque tu compasión hizo de mí un hombre nuevo. Ese es el lema del cristiano. Entonces resumo frente a la autorredención, gracia de Dios. Frente a la autosugestión, palabra de Dios. Frente a la autodeterminación, voluntad de Dios. Esa es la fe. La fe es cuando yo pongo en primer lugar mi certeza, mi apoyo, el pivote de mi vida lo pongo en la gracia de Dios. Y pongo mis pensamientos en la fuerza de la Palabra de Dios, y pongo mi corazón en la ruta de la voluntad de Dios. Y el que vive eso experimenta la fe. Entonces los milagros de Cristo no son para impresionar a nadie. No, no, no, no, no, no es para eso. La ostentación. ¡Ay, por Dios! La ostentación. La ostentación le sirve al demonio. Acuérdate de lo que hizo el demonio en el pasaje de las tentaciones. Te acuerdas lo que hizo el demonio cuando le dijo a Cristo: Todos, todos estos reinos me pertenecen. Todos. Todos me pertenecen. Esa es la ostentación. Cristo. Cristo no necesita ostentación. Cristo no necesita ostentación. Él no necesita demostrar. Así que nos queda esa enseñanza, nos queda esa enseñanza, lo que es la verdadera fe. Solo quiero hacer una última anotación ¿por dónde se empieza? Claro, se empieza por la gracia, objetivamente hablando, se empieza por la gracia, porque dice la primera carta de Juan Él nos amó primero. Pero digamos cronológicamente sabes ¿por dónde empieza? Por la Palabra nos dice San Pablo en Romanos capítulo diez: La fe viene de escuchar la Palabra. Entonces, en el orden genético, en el orden del origen, en su génesis, la fe es palabra de Dios, gracia de Dios, voluntad de Dios en mi vida. Y esa es la fe que logra maravillas. Mis hermanos.

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