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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Es mala idea ponerle condiciones a Dios, lo que es buena idea es ver todas sus bendiciones, lo que hace por nosotros, su bondad, su belleza y su misericordia.
Homilía o161010a, predicada en 20200720, con 4 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Hoy mis amigos, nos vamos a dejar guiar por el Evangelio según San Mateo, capítulo doce, y nos vamos a dejar guiar porque queremos hacer un descubrimiento. Ese descubrimiento es por qué no se le deben poner condiciones a Dios. ¿Cómo así? Pues eso fue lo que pasó en el Evangelio. Resulta que algunos fariseos y algunos otros le decían a Jesús Muéstranos un signo como quien dice Demuéstranos de manera concluyente, de manera concluyente, irrefutable. Demuéstranos que tú eres el que dices que eres, el que parece que eres. Demuéstralo. En otros pasajes ese signo tenía más condiciones todavía. Una señal en el cielo. No pedimos demasiado. Una señal en el cielo, que se vea en el cielo. A ver, haga algo raro. Detenga el sol. Haga que aparezcan nubes de la nada. ¿Por qué es mala idea ponerle condiciones a Dios? Es mala idea, por dos razones principales. La primera, porque en el juego de las convicciones no hay un fondo, no hay un fondo. Hay un filósofo ateo, parece que un personaje sumamente encantador como persona. Este filósofo ateo se llamaba David, David Hume. Y David Hume decía que uno no podía estar seguro de nada si, por ejemplo, que es el caso que siempre se cita, si por ejemplo, en el juego del billar el taco se mueve y la bola de billar sale despedida, lo único que hay. Decía David Hume lo único que hay es una secuencia temporal. Es decir, yo vi que se movió el taco y vi que se movió la bola. Pero que el taco haya movido la bola, no lo sé. Ese es David Hume. Uno de los escépticos radicales más claros en la historia de la filosofía occidental. Ahora mírame a los ojos y yo te miro a los ojos y te hago una pregunta. ¿Tú crees que se podría tener una discusión con David Hume? con una persona que te dice que el taco se movió, La bola se movió. Pero yo no sé si el taco movió la bola. Tú crees que esa persona que por supuesto está negando, la relación entre causa y efecto. ¿Tú crees que se puede tener una conversación con esa persona?. Y si luego te sale otro y te dice el lenguaje en realidad no significa nada. Y los conceptos que llamamos universales son simplemente golpes de voz, cosas que uno dice. Entonces, en el ejercicio, en el juego de poner condiciones, no hay fondo. La mente siempre puede imaginar otra cosa, otra condición. Por eso el que pone como condición convénzanme siempre acaba en alguna herejía, como le pasó a Lutero. Lutero fue de los que dijo, convénzanme. Aquí tienen la Biblia convénzanme. Y si de los textos bíblicos se pueden sacar muchas cosas, pero también pueden sacarlas, puedes sacar las cosas contrarias. Entonces el juego de convénzanme es un juego donde todos perdemos. La segunda razón por la que no se le deben poner condiciones a Dios es porque esas condiciones finalmente requieren que se haga mi voluntad. Y un Dios al que yo le pongo la condición de que haga mi voluntad no es Dios. Eso sería magia tal vez, pero Dios fe, fe, eso no es fe. Ese no es Dios. Así no es. Entonces es mala idea ponerle condiciones a Dios. Es muy mala idea. Lo que es buena idea es abrir los ojos, abrir bien los ojos y ver todas las bendiciones que nos ha dado, todo lo que ha hecho por nosotros. ¡Cuánta bondad, cuánta belleza, cuánta pero, cuánta misericordia ha tenido con nosotros ese ejercicio! Ese sí sirve.

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