Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al que sigue buen camino le hare ver la salvación de Dios.

Homilía o161009a, predicada en 20180723, con 14 min. y 52 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, Misioneros de Cristo Maestro. Nuestra comunidad ha enfrentado dificultades y ha encontrado esperanzas. Cuando uno está pasando por un momento difícil, sea en el plano personal, familiar o comunitario, a veces uno quisiera una gran señal. Tal vez nosotros, como aquellos contemporáneos de Cristo, quisiéramos pedirle al Señor milagros, quisiéramos pedirle signos. Signos convincentes, incontestables, indiscutibles. Signos de que de verdad él está con nosotros. Signos de que él va a sacar adelante su obra. Signos de que no estamos apostando la vida en vano. Uno quiere esa clase de signos, y la respuesta de Jesús es un poco dura. No van a venir esos signos. Pero el salmo nos da una ruta al que sigue buen camino. Le haré ver la salvación de Dios. O sea que si hay un signo, pero el signo está al final, el signo llega en el tiempo de Dios. Y para llegar a ese signo, para llegar a ese abrazo, para llegar a ese consuelo, a veces hay que hacer un camino.

No se nos olvide que nosotros como comunidad, insisto en eso. Como comunidad estamos haciendo el itinerario del hijo pródigo. Esta comunidad no hablo de personas particulares, no hablo de ninguno de ustedes en particular, sino la comunidad indudablemente se alejó. Y este no es el momento de entrar en juicios de responsabilidades. Estamos regresando como comunidad y por eso yo aplico la famosa parábola del hijo pródigo. Y quiero destacar un hecho el abrazo del papá no estuvo al principio. El abrazo del papá estuvo al final del camino que este hijo tuvo que hacer. Y eso es lo que nos ha dicho el Salmo: al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. O sea que Dios ¿a qué nos está llamando? A que sigamos el buen camino. Es como si el Señor nos estuviera diciendo: No es complicado. Es como si el Señor nos estuviera diciendo: No lo compliquen. Y la verdad es que lo que la gente espera y quiere de nosotros es exactamente eso, que si nosotros decimos que tenemos un voto de pobreza, que no haya que darle toda una vuelta malabarismo para que se vea que llevamos una vida sencilla con lo necesario.

Si tenemos un voto de castidad, que no haya que dar una vuelta, una maroma para explicar una castidad que en el fondo no es castidad. Es sencillo, es lo que nos dice el profeta Miqueas. Es sencillo. Bueno, así son todas las vocaciones. Es lo mismo que pasa en un matrimonio. Mire usted, aquí están mis hermanos sacerdotes. Mire usted lo que sucede en cada matrimonio. Tome las palabras del consentimiento matrimonial. Y es así de sencillo. ¿Qué dice ahí, en el matrimonio? dice: Yo me entrego a ti. Prometo serte fiel en la riqueza, en la pobreza, en la salud, en la enfermedad, para amarte y respetarte todos los días de mi vida. Es así de sencillo. ¿Dónde se complica el matrimonio? Cuando la persona deja de amar. Cuando la persona deja de respetar. Cuando la persona deja de ser fiel. Cuando la persona si ama en la salud, pero no ama en la enfermedad, si ama en la riqueza, pero no ama en la pobreza. Las cosas de Dios no son complicadas. La vida religiosa no es complicada.

El ministerio sacerdotal no es complicado. Con tantos obispos que me ha tocado hablar en estos días, me decía uno de ellos. Me pareció como tan elemental el consejo, pero tan real, dijo. Es que el sacerdote tiene que ser una persona que se le ve, que vive para Cristo y para los demás. Tiene que verse. No es que usted lo diga, es que tiene que verse, que usted se gasta, que se quema, que se ve que el propósito de su vida es ese. Pero si usted recibe una ordenación sacerdotal y luego empieza a ver dónde entra la plática para usted o para su familia, dónde entra el privilegio para usted o para sus amigos. Dónde entra la trampa. Ahí es donde se opaca. Ahí es donde se ensucia. Ahí es donde se vuelve confusa la vida. Pero la vida es simple.

Y mire usted la vida de los santos. Y usted verá que la vida de los santos es la cosa más fácil de describir. Alguien resumía, por ejemplo, la vida de San Vicente. San Vicente de Paúl decía, vivió para los demás sobre todos los pobres. Ya, sencillo. No hay que dar grandes explicaciones. retorcer las palabras. Él se entregó a Cristo, se entregó a los pobres, y eso fue lo que vivió, y esa fue su vida y es santo. Entonces somos nosotros los que complicamos lo que es sencillo. Y cuando estamos así, bien anudados y bien complicados, entonces le decimos al Señor esto sí será tuyo, si será que es por aquí. Y el Señor nos responde: Lo que único que necesito es que simplifiques tu vida. Y las claves están en lo que dijo Miqueas recordémoslas, son tres palabras; que respetes el derecho, que practiques la misericordia y que camines humildemente ante Dios.

Imagínese ese programa que nos regala hoy el Señor en su Divina Palabra para nosotros como misioneros de Cristo. ¿No le parece a usted un resumen perfecto? La justicia, la misericordia y la humildad. Ahí está. En el momento en el que un superior empieza a tratar injustamente a la persona que le se le ha sido encomendada, o en el momento en el que yo empiezo a desperdiciar los bienes de la comunidad o en el momento en el que yo empiezo a hacer trampa y aprovecharme de la comunidad. Eso es lo que trae dolor, tensión, eso, insisto. La vida consagrada es muy sencilla, pero en el momento en el que uno rompe el orden de la justicia y empieza a maltratar a la otra persona o aprovecharse de la otra persona o aprovecharse de la iglesia. Ahí es donde se complica.

Entonces, primero vamos a respetar el derecho. Vamos a seguir lo que es correcto con la ayuda de Dios primero. Vamos a seguir lo que es correcto. Hay una comunidad que me ha tenido paciencia y una comunidad que ha sido compasiva y una comunidad que me ha ayudado. Hay una comunidad que me ha hecho lo que yo soy hoy. Qué le estoy dando a esa comunidad si yo únicamente quiero recibir y recibir y no le estoy dando a la comunidad. Eso es injusto y eso va a producir dolor, callo, herida. Hombre, uno tiene que vivir en una actitud de agradecimiento con la Iglesia, con la vida, con Dios, sobre todo con la comunidad. Entonces, respetar el orden del derecho, luego practicar la misericordia, porque si uno se queda solo en el derecho, uno se vuelve como un policía, sobre todo para los demás. Jesús decía de los fariseos decía: cuelan un mosquito y se tragan un camello. Entonces uno se vuelve así, uno se vuelve muy duro hacia los otros. Por eso hay que saber atemperar la justicia con la misericordia. ¿Dónde entra la misericordia? En entender nuestro barro.

Es muy importante que nosotros le pidamos al Señor un don que tenía con mucha abundancia Santo Domingo de Guzmán, mi fundador. Santo Domingo era un hombre lleno de compasión. Lloraba mucho, le dolía, le dolía la pobreza, le dolía el luto, le dolía la enfermedad, le dolía la exclusión de la gente, pero le dolía incluso por encima de todo eso, el que está en las garras del pecado. Entonces uno tiene que hacer este análisis cuando una persona cerca de mí está siendo infiel a su vocación o le está haciendo daño a la comunidad. Cuál es el sentimiento que yo realmente tengo rabia y venganza y le pongo el título de justicia o dolor porque entiendo que el primero que se está haciendo daño es él. Entonces, para uno saber si uno tiene verdadera justicia, uno necesita tener verdadera misericordia. Y le repito la frase para uno saber si tiene verdadera justicia tiene que tener verdadera misericordia. Porque si no uno viste de justicia la rabia que tiene uno viste de justicia la venganza que quiere. En cambio el que es compasivo de verdad es justo, de verdad, porque quiere corregir el problema, no quiere desquitarse. Su primer interés no es desquitarse. Su primer interés no es vengarse. Su primer interés es que brille el bien de Dios en la otra persona y en mí.

Entonces Miqueas nos dice Justicia, misericordia. Imaginémonos que alguno de nosotros hubiera llegado a eso que yo creo que nos hace falta. Creo. Pero suponga que usted tiene verdad. Una vida recta y además una vida compasiva. Lo que le va a llegar es una tentación de soberbia terrible, porque usted va a sentir que usted es lo máximo. Es tan difícil llegar a esas cumbres. Entonces ahí está el Señor a través del profeta Miqueas, diciéndonos, humildad. Que camines humildemente ante Dios. ¿Y cómo se logra esa humildad? Recordando lo de San Pablo que tienes que no hayas recibido. ¿Y cómo se logra esa humildad? Examinando continuamente el propio corazón y dándose cuenta cuántas semillas sucias uno tiene en el alma, ¡cuántas incoherencias! Humildad que tiene que brotar en nosotros, al escuchar la palabra del apóstol San Pedro, Dios rechaza a los soberbios y da su gracia a los humildes.

Entonces, resumen de nuestra predicación primero uno quisiera grandes señales, y por ese camino parece que no nos lleva a Dios. Esto va poco a poco, esto va paso a paso. Segundo, la señal sí llega, pero llega al ritmo del salmo: Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios. Tercero, la vida religiosa y la vida cristiana no es complicada. Todas las complicaciones surgen de que queremos torcer la palabra para que quepa en ella, en esa torcedura. Queremos que quepa nuestro pecado y la palabra no se deja torcer. Entonces, la vida religiosa, la vida sacerdotal, la vida consagrada, es sencilla o es uno el que la quiere torcer. Cuarto, hemos visto que esa sencillez se expresa de una manera inmortal en las palabras de Miqueas. Justicia, misericordia y humildad.

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