Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La misericordia será tu descanso

Homilía o161008a, predicada en 20180723, con 14 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. El Evangelio de hoy nos presenta una escena de acogida y podríamos decir de ternura del Corazón de Cristo hacia sus discípulos más cercanos. Sus apóstoles están llegando de una misión. Se puede ver el cansancio en sus rostros y el Señor les invita a descansar. Esta escena me hace recordar una de las últimas intenciones de oración propuestas por el Papa Francisco. Desde hace ya muchos años, los Papas tienen cada mes una intención de oración que proponen a toda la Iglesia. No hace mucho, el Papa Francisco pedía que se orara por nosotros, los sacerdotes y hacía una mención especial al hecho del esfuerzo, el cansancio, la actividad muchas veces exigente que tiene el sacerdote. La verdad es que si un sacerdote quiere ser fiel a su vocación, tendrá que esforzarse en muchos sentidos. No importa dónde se encuentre, en un colegio, en una parroquia, en una casa de formación, en una casa de retiro. Ese es un aspecto, esa es una lectura, una mirada que le podemos dar al Evangelio de hoy.

La necesidad de ese descanso y la bondad del corazón de Cristo que quiere propiciar ese tiempo. Pero sabemos cómo sigue el pasaje que hemos escuchado. Llegan a un lugar que se esperaba solitario y apartado, y ya estaba ahí de nuevo la gente, porque la necesidad es inmensa, porque los pastores parece que son muy pocos. Y entonces lo que iba a ser un tiempo de descanso parece que se convierte en una nueva tarea. Así encontramos otro aspecto del corazón de Cristo. Si primero ha brillado su bondad y su ternura hacia sus apóstoles, ahora brilla otra faceta de su bondad, la compasión. Le duele la necesidad de la gente. Y el texto de hoy termina diciendo: Se puso a darles muchas enseñanzas. Pero por otro lado, quizás hay otro mensaje que podemos encontrar.

El texto del Evangelio nos habla de descansar y podemos hacer una pregunta audaz ¿Qué tal que la misericordia misma sea una forma de descanso? Desarrollemos un poco esa idea que es la que quiero compartir con ustedes para cerrar esta homilía La misericordia como una forma de descanso. Y voy a empezar recordando una anécdota de aquí de mi país. Uno de los señores obispos de este país. Quizás mejor no mencionar su nombre. Todos sabemos que nuestros obispos, llegados a los setenta y cinco años de edad, deben presentar de manera regular su renuncia al Santo Padre, que puede admitirla inmediatamente o darse un tiempo para responder. Conocí el caso de uno de estos obispos nuestros que a sus setenta y cinco y más años era un hombre de tremenda actividad. Lo podía ver uno constantemente en la predicación, visitando sus parroquias. Él seguía activo. Ya había presentado su renuncia, pero el Papa todavía no se la había aceptado. Estaba en pleno ejercicio de su ministerio diocesano. Realmente uno se quedaba asombrado porque incluso personas mucho menores que él, más jóvenes que él, veíamos el ritmo de este hombre a sus casi ochenta años de edad y nos dejaba asombrados a todos y muy buena salud. Ese tipo de personas que decimos ni una gripa.

Pero bueno, llegó el momento de retirarse y él comentaba que se iba a dedicar al descanso, la lectura, la oración. Tenía un pequeño jardín en alguna casita. Entonces a cuidar las flores y todas estas cosas. Y bueno, el querido obispo no duró un año después de eso. Claro, uno puede decir ya era una persona que estaba bastante desgastada, pero un comentario que se oyó en ese momento fue que la misma actividad, el contacto con la gente, el darse a la gente, le traía mucha vitalidad, era una fuerza, era una vida para él. Entonces por ahí empezamos nuestra pequeña reflexión sobre la misericordia como descanso. Creo que todos hemos conocido personas demasiado centradas en sí mismas, esas personas que tienen demasiado poco tiempo para los demás.

Y suele suceder que algunas de esas personas son hipocondríacas. Hoy, me duele aquí. No sé qué me pasa acá. Creo que tengo angustia. Estoy como descontento. Será depresión. Me volvió la bipolaridad. Da la impresión de que cuando una persona se centra demasiado en ella misma, como que consume demasiado sus fuerzas y da en cambio la impresión de que cuando una persona empieza a entregarse a los demás, empieza a darse generosamente a los demás. En ese mismo acto, en esa alegría de amar, de darse, encuentra una fuerza, encuentra una vida. Por eso parece que en la misericordia hay una forma de descanso también. En ese compadecerse, en ese interesarse, se renueva sin cesar nuestra vida. Ese es un primer aspecto. Pero luego nos damos cuenta que hay otra dimensión de la misericordia, que es el perdón. Y resulta que el perdón también da mucho descanso y da mucha vida. He tenido ocasión de estar en muchos retiros de parejas por ejemplo. He tenido ocasión de ofrecer como mis hermanos sacerdotes, el sacramento de la Confesión y con mucha frecuencia la persona que se siente perdonada siente un descanso, pero también la persona que perdona siente un descanso. Porque resulta que mantener una rabia es mantener un desgaste. La persona que está con su inquina, que tengo que sacarme este clavo, que esto no se queda así.

El que está buscando perpetuamente la oportunidad de la venganza, del desquite, no se imagina la fuerza que está desperdiciando en eso, porque tiene que estar atento, atento a todo lo que pueda servirle para su propósito, que considera justo su propósito de desquitarse. El día que la persona perdona de corazón, ese día suelta, ese día descansa, ese día se renueva. Recuerdo la historia que me contaba un psicólogo de una señora que iba con una carga muy pesada. Ciertamente su vida no había sido fácil. Muchos problemas de matrimonio. De hecho, el matrimonio estaba roto por un lado, él, por otro lado, ella y ella pasaba la mayor parte de su día casi inconscientemente, llevando las cuentas de la última discusión y la penúltima discusión y la antepenúltima discusión y lo que él me dijo y lo que yo le dije. Y si me lo encuentro, le digo y ahora si me va a conocer. Y en eso se le iba el día. Y entonces le decía este psicólogo le decía la señora, a usted le sirve perdonar. Y ella le respondió inmediatamente como un latigazo le dijo: Ese no se merece que yo lo perdone. Y le responde el doctor: Él no se merece que usted lo perdone, pero usted sí se merece perdonar, porque la primera beneficiada en ese acto de soltar, en ese acto de dejar la inquina, de dejar la venganza, de dejar la malquerencia en ese acto, usted es la primera que va a ganar. Perdone, suelte, entregue. El psicólogo no estaba hablando en términos de religión. Los psicólogos suelen ser demasiado respetuosos en ese campo. No se puede imponer una creencia religiosa sobre nadie.

Pero aún desde el punto de vista puramente humano, le estaba ofreciendo un verdadero camino de descanso la misericordia que descansa, que trae el descanso. Piense usted, por ejemplo, en nuestro país. Nuestro país ha estado muy polarizado y prácticamente hay como dos tendencias y ambas parecen imposibles, inviables, indeseables. Por un lado, esa guerra perpetua a seguir con las armas hasta aplastar al enemigo, porque esos desgraciados tienen que ser aplastados. Y por otro lado, la impunidad. Dejemos así. Dejemos las cosas así. Fíjate cómo la Biblia realmente tiene la mejor propuesta para Colombia, la mejor propuesta, claro que es la misericordia, pero es que en la Biblia la misericordia siempre va unida al reconocimiento, al arrepentimiento y a la reparación. Siempre. Ya incluso desde el Antiguo Testamento eso está claro.

Entonces, fíjate cómo el verdadero camino de la paz incluye la misericordia, no se puede perpetuar la guerra. Claro que no. Tampoco se debe perpetuar la impunidad. Nadie lo está diciendo. Si de verdad fuéramos obedientes a Dios, qué pronto encontraríamos esa paz interior, esa paz social que tanta falta nos hace y que Dios siempre la está ofreciendo. Entonces la misericordia de verdad ofrece un camino. Una de las épocas, y es el último ejemplo que voy a dar. Una de las épocas más tormentosas de nuestra Iglesia Católica fue cuando se anunció el Concilio Vaticano segundo. Con toda seriedad les recuerdo, les comento, hubo gente que se preguntaba pero ¿qué le ha pasado a Roncalli y Roncalli? Giuseppe Roncalli Angelo Giuseppe Roncalli es el nombre de Juan veintitrés, el Papa que convocó el Concilio. Mucha gente vio con terror la idea del Concilio. Se fueron contra el papá. Fue una situación bastante compleja la que se presentó ahí y de hecho el Concilio Vaticano dos sigue siendo motivo de disputa en varios sentidos.

Pero este hombre, Juan veintitrés, llegó a ser conocido de una manera singular. Él es llamado el Papa bueno. Y una de las frases más bellas de su vida es, la bondad ha traído serenidad a mi vida. La bondad ha traído serenidad a mi vida. En su lecho de muerte, acompañado por su secretario personal, le hizo una confidencia que me ha conmovido siempre hasta lo más profundo. Le dijo Juan veintitrés. Faltaban unas horas o unos días a lo sumo para su muerte. Y le hizo esta confidencia a su secretario. Le dijo Padre, era un sacerdote, Padre creo que hemos servido bien a Dios. El otro se queda en silencio, esperando la continuación. Y continúa el Papa Juan veintitrés en su lecho de muerte. Y dice: Creo que hemos servido bien a Dios, porque no arrojamos a nadie las piedras que nos tiraron. El secreto de su serenidad y una de las claves, de hecho, en el proceso de canonización de Juan veintitrés es ese. Entonces les dejo esta idea, mis queridos hermanos, para su consideración. Tal vez lo que más puede traer verdadera paz al corazón es buscar esa bondad estilo Juan veintitrés. Es buscar esa compasión, ese salir de nosotros mismos o como dice el Papa Francisco, ese dar el primer paso.

¡Qué importante esto en la vida de familia! Ahora que tenemos aquí a los muy queridos Jorge y Esmeralda. ¿Cómo puede perseverar un matrimonio, por ejemplo, cómo puede perseverar? Ya decía el Papa Francisco hace un par de años sin el perdón, sin la compasión, es imposible perseverar en el matrimonio. Es imposible la familia. Efectivamente, todos decepcionamos. Todos. Todos decepcionamos. Y el problema, entre comillas del matrimonio, es que las decepciones se ven con una lupa de este tamaño porque está el uno demasiado cerca del otro. Entonces, la misericordia, el saber entender la limitación del otro y al mismo tiempo esa sinceridad que me lleva a ser humilde frente al otro, será lo que haga posible matrimonios renovados en la gracia divina. Pidamos al Señor que así sea y pidamos al Señor que podamos encontrar en su corazón compasivo y en el ejercicio de la compasión, nuestra verdadera paz. Amén.

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