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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Reconoce en justicia tu iniquidad y pequeñez aceptando el camino breve que te ofrece el Padre en la persona de su Hijo Jesucristo.
Homilía o161007a, predicada en 20180723, con 4 min. y 20 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del profeta Miqueas. Hay tres enseñanzas preciosas en este pasaje que no es tan extenso. Primero, el reclamo de Dios. Pueblo mío, ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido? Estas palabras desde hace siglos han traspasado tan profundamente el corazón de la Iglesia que han dado origen a una exclamación litúrgica que se recomienda, se manda, de hecho, para el Viernes Santo, mientras los fieles se acercan para unirse con amor al misterio de la Cruz. Lo que se llama la adoración de la cruz y que todos entendemos esa adoración del Crucificado. Cuando llega ese momento, se recomienda en el misal que se canten estos que son llamados improperios. ¿Qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Es una palabra muy profunda. Y es una palabra que tiene que cuestionarnos. ¿Por qué? Por qué nos alejamos del bien. ¿Qué malo te ha hecho Dios para que tú lo maltrates así? ¿Qué mal te ha hecho Dios para que tú le des la espalda?. Entonces, creo que es una pregunta oportuna, siempre oportuna, que nos cuestiona y nos sirve. Segundo elemento la incapacidad del ser humano para reconciliarse con Dios. ¿Con qué me acercaré al Señor? Pregunta retóricamente el profeta. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo conquistar la amistad perdida? ¿Recuperar el amor que he maltratado? Esa pregunta nos ayuda a descubrir nuestra pequeñez. O sea que si la primera pregunta nos ayuda a reconocer la iniquidad, la iniquidad que es propia del pecado, la segunda pregunta ¿con qué me acercaré al Señor? Nos ayuda a descubrir nuestra pequeñez, nuestra insuficiencia y descubrirse uno pecador y descubrirse uno insuficiente. Son exactamente las mejores bases para entrar en un proceso verdadero, un proceso genuino de conversión. Y la tercera parte, la tercera enseñanza que quiero destacar en el texto de Miqueas es la sencillez de la respuesta divina. Se te ha dicho, oh hombre, lo que el Señor quiere de ti, Que respetes el derecho, que ames la misericordia y que camines humildemente ante Dios. Es decir, que la conversión no supone una especie de salto a lo sobrehumano. No es un salto que nosotros damos. Es un descenso que Dios ha dado. Y lo que a nosotros nos corresponde es aceptar eso que Dios nos ha dado. Lo que el profeta Miqueas sugiere discretamente en este pasaje es lo que encontramos con plenitud en nuestro Señor Jesucristo. Es Él el que, por decirlo de alguna manera, hace el camino todavía más corto, haciéndose camino nuestro. Ha hecho corto nuestro camino. Y de eso es de lo que se trata ahora. De lo único que se trata es reconoce en justicia tu iniquidad, reconoce tu pequeñez y acepta. Acepta ese camino breve, ese camino que te ofrece el Padre en la persona de Jesucristo.

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