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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesucristo muchas veces tiene que hablarnos con fuerza para corregirnos, lo cual es fruto de su amor y su misericordia pues Él quiere lo mejor para nuestras vidas.
Homilía o161006a, predicada en 20160718, con 4 min. y 53 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo doce de San Mateo. Las palabras de Cristo son directas y son muy duras. Esto es lo que dice: Generación perversa y adúltera. Destacó la dureza de las palabras de Cristo porque estamos en el año de la Misericordia. Y es bueno que se sepa que la misericordia, que es siempre una característica de Cristo. No siempre debemos asociarla con palabras suaves, dulces, agradables, consoladoras. El mismo Cristo que con tanta compasión se acerca a los enfermos, a los leprosos, a los que están en duelo. Ese mismo Cristo, con inmensa compasión, suelta el látigo de palabras tan duras como las que aparecen en el Evangelio de hoy. Y este es el primer pensamiento que quisiera que quedara muy claro para nosotros No asociemos automáticamente misericordia con ternura. La ternura es una expresión privilegiada, muy necesaria y muy frecuente en el ámbito de la misericordia. Pero sí es verdad que la misericordia implica compadecerse de aquél que está extraviado o de aquel que está sufriendo, y no hay mayor sufrimiento que perderse del camino de Dios. Entonces, por misericordia, muchas veces hay que obrar con gran vigor, con gran resolución e incluso con gran fortaleza. Recuerdo hace muchos años, cuando estaba tomando algún curso para aprender a nadar. Nuestros instructores nos hablaban no sólo de lo que se necesita para ser un buen nadador, sino de lo que a veces tienen que hacer los salvavidas los socorristas para rescatar a una persona del agua. Nos explicaba aquel socorrista que cuando una persona ve que se está ahogando entra en pánico la agitación desordenada de sus brazos y piernas, la agitación de su respiración simplemente empeoran su situación, empeoran su condición y por eso en algunas oportunidades lo que tiene que hacer el socorrista es gritar con autoridad a la persona que se está ahogando o incluso en casos extremos, golpear a la persona, así como lo estás oyendo para que tranquilizandose pueda colaborar con el socorrista de la única manera que puede y debe hacerlo, dejando que su cuerpo sea llevado por la persona que sí puede rescatarlo. Y o me atrevo a decir que ese socorrista es Jesucristo y que muchas veces por eso tiene que hablarnos con mucha fuerza, tiene que hablarnos, podríamos decir con tono de regaño. No tengamos miedo de decirlo. Cristo nos regaña, Cristo nos corrige y nos corrige con fuerza porque lo necesitamos. Y esa corrección de Cristo es fruto de misericordia. Lo mismo que el socorrista se compadece de la condición de aquel que se está ahogando y se da cuenta que si le habla con palabras suaves y le dice mira, no chapoteas de esa manera, Así no es. Espérate, respira más despacio, mueve así, hazlo después de mí. Si el socorrista se pone a hacer eso, cuando termine de decir sus dulces y blandas palabras, el otro estará como una piedra en el fondo del río o del mar donde se encuentra. Tiene que hablar con mucha autoridad. Tiene que regañar a veces y si es preciso, en último caso, algún golpe tendrá que darle. Ese es Cristo con nosotros. No es que le falte dulzura. De ninguna manera. Es que abunda en amor y solamente quiere lo mejor para nuestras vidas.

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