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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nada queda fuera del plan y de la omnipotencia de Dios, aun aquello que parece oponerse a Él. Todos estamos llamados a vivir con responsabilidad, sabiendo que un día daremos cuenta de nuestra vida ante el Señor.
Homilía o153014a, predicada en 20260715, con 9 min. y 37 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy, tomada del profeta Isaías, tiene una enseñanza tan, tan necesaria que yo quisiera que en todas, o por lo menos en muchísimas iglesias, hoy se predicara este texto. Déjame explicarte por qué lo veo tan crucial, tan importante. Mira, el texto nos muestra una especie de mensaje en parábola, en metáfora sobre un personaje llamado Azur y que hace referencia a Asiria, es uno de los nombres antiguos que tiene ese imperio geográficamente situado donde ahora queda Siria. Entonces, Azur hace referencia a ese lugar, a ese imperio. Ese es el primer punto que hay que tener en cuenta.
Resulta que Asiria o como se le llama poéticamente Asur, pues fue un imperio de muchísima fuerza y también de muchísima violencia, si algo caracterizó a Asur con Damasco y con Nínive, sus ciudades más conocidas, fue precisamente la violencia, esa arrogancia, esa esa petulancia, esa manera de llegar y aplastar, llegar y aplastar. Gobernaron con la crueldad, gobernaron con la fuerza y por eso también tuvieron muchos triunfos, muchos triunfos, muchas victorias militares, y se fueron extendiendo.
Y por supuesto, a medida que iba creciendo su territorio, pues también iba creciendo su ego. De hecho, pues ese imperio, el imperio asirio, fue el que finalmente invadió, derrotó, aniquiló a lo que a ellos les quedaba al sur y que corresponde al reino de Israel. Acuérdate el esquema que hemos dicho varias veces, el pueblo de Dios se había dividido, teníamos el Reino del sur, el Reino de Judá, teníamos el Reino del norte, el Reino de Israel, y todavía más al norte quedaba Asiria.
Bueno, aquí es donde viene lo interesante. Pues resulta que Asiria, que no podía contenerse en sus bordes porque su arrogancia le llevaba a expandirse, en cierto momento se alió, hizo alianza con el Reino del norte, con Israel, para atacar a Judá. Eso fue lo que escuchamos en la misa de ayer, en la primera lectura. Pero esa fue simplemente su manera de usar al Reino de Israel. Las cosas se precipitaron de tal manera que Asiria o Asur, dicho poéticamente, pues se adueñó también del Reino de Israel y como dije, aniquiló a todo ese Reino del norte, ese Reino del norte donde estaban 10 de las 12 tribus tradicionales del pueblo elegido.
De tal manera que solamente quedaron la tribu de Judá y una pequeñita tribu, la tribu de Benjamín, que prácticamente fue absorbida por la tribu de Judá. Por eso nosotros, al pueblo de la Primera Alianza con frecuencia los llamamos judíos, es decir, los descendientes de Judá. Entonces, lo primero que hay que tener en cuenta con toda esta introducción histórica, es la arrogancia, la arrogancia de Asur. Ese reino asirio se considera imbatible, son imponentes, están acostumbrados a la victoria y consideran que nadie puede detenerlos.
Por eso dice, como el que roba los huevos de un nido y nadie puede quejarse ni puede piar. Es decir, Asiria se considera invencible, omnipotente. Pero aquí es donde vienen las enseñanzas del profeta, en este caso el profeta Isaías. Las enseñanzas del profeta son dos. Primera, que tú, Asur o Asiria, tu Asur, con toda tu fuerza y con toda tu violencia y con toda tu arrogancia, en el fondo eres mi instrumento, dice Dios. Es decir, que un pueblo, el pueblo arrogante de Asiria o de Asur, un pueblo que cree que lo puede todo y que cree que no le responde a nadie porque ellos hacen lo que se les da la gana, ese pueblo en realidad está respondiendo a un plan superior.
Tú estás obrando según tu voluntad, tú estás obrando según tu codicia, pero lo que tú no te das cuenta es que por encima de ti hay un plan y que aunque no te des cuenta, tu dureza, tu crueldad, es la manera de Dios de traer orden y de poner orden en el mundo. Esta es la enseñanza que me parece más importante aquí. Aunque Asur no reconozca a Dios, está trabajando para Dios. Aunque Asur cree que únicamente está obrando según su petulancia, según su arrogancia, está obrando para Dios, está obrando para Dios. Luego lo va a decir de una manera preciosa el apóstol San Pablo: «Todo concurre para el bien de los que aman a Dios».
Y ese todo incluye a las personas que no reconocen a Dios. Es decir, también lo que parece estar por fuera del plan de Dios, incluso los que parecen oponerse a Dios, aunque no se den cuenta, están trabajando para el plan de Dios. Esta misma idea la han dicho doctores de la Iglesia como Santo Tomás o Santa Catalina de Siena. Decía Santo Tomás de Aquino: El que parece salir del plan de Dios por un lado, entra en el plan de Dios por otro lado. Y con respecto a Santa Catalina, Dios le mostraba su mano cerrada y abría el puño y le decía: Aquí están todos, para misericordia o para justicia, aquí están todos, aquí están todos, no pueden salir de mi mano, no pueden salir de mi plan.
Entonces, el primer mensaje fuerte para Asur es: aunque tú estés obrando con toda tu arrogancia, aunque tú estés obrando con toda tu violencia, aunque tú estés mirando solo a tus intereses, quiero que sepas que tú estás trabajando para el plan de Dios y no te das cuenta, y tal vez vas a morir sin entenderlo, porque nada sale de la omnipotencia divina.
Y luego el segundo mensaje es: Tampoco creas que tus victorias van a ser para siempre, tampoco creas que tu arrogancia va a ser para siempre, tampoco creas que vas a salirte con la tuya. Llegará el tiempo en que tú también tendrás que rendir cuentas y tendrás que responder ante Dios. Ese tiempo llegará y cuando llegue ese tiempo y cuando llegue ese momento, entonces sabrás y entonces tendrás claro que tú no eres Dios.
Entonces, los dos mensajes para Asur son, primero: Aunque tú estés buscando lo tuyo, aunque no lo sepas ni lo entiendas, el plan de Dios está sucediendo a través de tus acciones. Tú obras libremente y sin embargo estás obedeciendo a un plan que te supera. Y esto es maravilloso, maravilloso saberlo, porque a veces uno cree que los criminales, por ejemplo, que los corruptos, que ellos se están saliendo con la suya. Y en cierto sentido, sí, como Asiria se estaba saliendo con la suya y estaba logrando muchas cosas. Pero la realidad es que, aunque estés trabajando para tu codicia sin saberlo, estás trabajando para el plan de Dios.
Y lo segundo, tendrás que rendir cuentas. Tendrás que presentarte a juicio, te guste o no, estés de acuerdo o no, tendrás que responder por tus acciones. Que la gloria sea para Dios y que este mensaje tan profundo sobre el Señorío divino cale en nuestros corazones. Amén.

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