|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al ir descubriendo que estamos hechos del mismo barro que todos los demás el muro que bloquea nuestra vista cae y los secretos del Reino de Dios comienzan a ser confidencias de Cristo para nosotros.
Homilía o153011a, predicada en 20200715, con 4 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Los verbos que más me llaman la atención en el Evangelio de hoy, son el verbo esconder y el verbo revelar, por supuesto, son verbos contrarios. Uno podría decir que esconder es lo contrario de revelar o mostrar. La frase que nos llama la atención el día de hoy es aquello que dice Cristo: Te doy gracias, Padre, porque has escondido, aparece el primer verbo, has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado, se las has mostrado, segundo verbo, a la gente sencilla. Esconder y mostrar.
Hace años, estaba haciendo un pequeño retiro espiritual en un monasterio de monjes benedictinos. Con alguna frecuencia, uno descubre la sabiduría de estos hombres consagrados a la meditación de la Palabra de Dios. Y entonces, como apareció el Evangelio que estamos reflexionando también hoy, le pregunté a uno de los monjes cómo entendía él, aquello de que Dios esconde cosas, porque es que el verbo que se utiliza es exactamente ese, Dios esconde cosas a los sabios y entendidos, como quien dice, no quiere que se den cuenta. El verbo esconder es un verbo sumamente claro, no hay que maquillarlo, es un verbo que está exactamente así en el texto del Evangelio, Tú escondes cosas a los sabios y entendidos. Entonces, la pregunta mía un poco pregunta de niño, un poco pregunta curiosa, la pregunta fue: Bueno, y ¿cómo hace Dios para esconder las cosas a los sabios y entendidos?
Y me encantó la respuesta que me dio aquel monje. Me dijo: ¿Sabes dónde esconde Dios las cosas? Por supuesto, yo no sabía. Entonces le dije: No tengo ni idea. Y me dice: Dios esconde las cosas detrás de tu ego. Si tu ego es muy grande, hay muchas cosas que nunca vas a ver, como el que tiene una pared gigantesca que le bloquea la mirada. Si tu ego, en cambio, va disminuyendo, hay más cosas que puedes ver. Cuanto más grande sea tu soberbia, cuanto más grande sea tu vanidad, cuanto más grande sea tu arrogancia, entonces, más bloqueada estará tu mirada, menos podrás ver. Y entonces, es fácil que todo esté escondido, porque todo está detrás de tu ego.
A medida que vamos desechando esa soberbia, a medida que vamos dejando atrás esa arrogancia, a medida que vamos descubriendo que estamos hechos del mismo barro que todos los demás, a medida que encontramos esa preciosa verdad, entonces, ese muro que bloqueaba nuestra vista va cayendo y vamos empezando a mirar las cosas de un modo nuevo. Y es entonces, cuando los secretos del Reino de Dios dejan de ser secretos y empiezan a convertirse en confidencias, confidencias de Cristo para cada uno de nosotros. Así que hay que tomar una elección, quiero seguir teniendo ese muro que bloquea mi mirada, que obstaculiza mi vista, quiero seguir teniendo ese muro o quiero tal vez en un arranque de sensatez, en un principio de sabiduría, quiero derribar ese muro y empezar a ver quién soy en realidad, cómo es este mundo, qué quiere Dios de nosotros. Feliz día. Bendición para todos.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|