Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Se alegra Cristo de ver cómo, al palpar nuestras imposibilidades, empezamos a abrirnos a las posibilidades de Dios.

Homilía o153007a, predicada en 20140716, con 5 min. y 47 seg.

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Transcripción:

Uno puede entender que Jesús se alegre porque Dios su Padre, se revela a la gente sencilla. Que Dios se muestre a los pequeños y a los sencillos es fácil de entender como un motivo de gratitud y de gozo para el Hijo de Dios. Pero la frase que nos trae el Evangelio de hoy, en el capítulo 11 de Mateo, es un poco más compleja, porque Jesús dice: «Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla». Y de aquí surge una pregunta ¿cómo puede Cristo alegrarse de que algunas cosas queden ocultas y escondidas? Él dice: «Estas cosas están ocultas y escondidas para los sabios y entendidos del mundo», ¿por qué se alegra Cristo de eso? ¿Por qué se alegra Cristo de ese ocultamiento, de esas cosas?

Evidentemente, esas realidades que son reveladas a los sencillos, son los secretos del Reino de Dios. Es como una comprensión no solamente intelectual, y yo diría no principalmente intelectual, una comprensión de los caminos del Señor y de su voluntad, una comprensión de los senderos de la Providencia y de cómo en esos senderos brilla la sabiduría del Dios eterno. Ese es el tipo de comprensión que reciben los sencillos. ¿Por qué Cristo se alegra de que esto no sea revelado a los sabios? Lo propio de los sabios y de los entendidos es llegar a encontrar respuestas. Lo propio de los sabios y entendidos es tener una comprensión de las cosas, eso es lo propio de ellos. O sea que si Cristo se alegra de que esta gente se queda a oscuras y se queda sin respuesta, es porque la búsqueda de ellos queda en cierto sentido frustrada.

¿Qué clase de alegría es esa? Casi nos parece que es una alegría con un sabor extraño, como alegrarse del fracaso o de la frustración de otro. ¿Realmente es esa la alegría de Jesús? ¿Es eso lo que le alegra? Pues, por una parte, la frustración, la imposibilidad del ser humano es, en muchas ocasiones, una puerta para abrirse a las posibilidades de Dios. No es que Cristo se regocije simplemente en que esta gente no encuentra el camino, no se trata de eso, como no encuentran el camino, Cristo está feliz. Más bien, al estrellarse con su propia imposibilidad, al palpar su propio límite, también ellos, dejando a un lado toda arrogancia, dejando a un lado toda dureza de corazón, podrán también descubrir, por la vía de la súplica, por la vía de la sencillez, lo que los otros, los sencillos, aprendieron primero. Es decir, la alegría de Cristo no es simplemente la imposibilidad del ser humano, sino cómo, a través de la imposibilidad nuestra, nos abrimos a las posibilidades de Dios.

De hecho, hay un pasaje del Evangelio en el que Cristo hace un elogio de las personas estudiosas y dice: «Un escriba que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que de su tesoro saca lo antiguo y lo nuevo». Es decir que sí hay casos de esos escribas. Natanael, por ejemplo, también conocido como Bartolomé, el apóstol, era uno de esos, era un hombre letrado, pero entendía del Reino de Dios. No, no es que Cristo quiera que esta gente se quede en la ignorancia, sino que en la medida en que se estrellan con sus límites, les sucede lo mismo que a tantos otros cuando tocan fondo, cuando no pueden más. Sálvanos, que perecemos. Señor, que yo pueda ver. Señor, mi siervo está enfermo. Señor, mi hija acaba de morir. El Evangelio está repleto de testimonios de personas que llegaron al límite de sus esperanzas y de sus fuerzas, y no pudiendo más, se abrieron a los caminos de Dios, y entonces, encontraron la abundancia de la gracia, y luego exaltaron en alabanza, y crecieron en la fe, eso es lo que es motivo de alegría para Cristo.

Lo repito por última vez, lo que en realidad le alegra a Jesús es que la imposibilidad humana, a través de la providencia divina, llega a ser camino para descubrir las posibilidades que nosotros ni siquiera llegábamos a imaginar y eso ciertamente es motivo de gozo.

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