Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Quien se apoya en Dios descubre que los problemas y enemigos no son más grandes que Él. La fe pone cada enemigo y dificultad en su verdadera dimensión frente al poder del Señor.

Homilía o152012a, predicada en 20260714, con 9 min. y 25 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Definitivamente lo primero que intenta crear el enemigo en nosotros es confusión, perplejidad. Y si entendemos por qué sucede así, tendremos una primera línea de defensa. Así que te pido mucha atención. Mira, Dios le dio un orden a la vida humana. Él es el Señor. Él quiere darnos su luz, la luz de su Espíritu Santo. Y esa es la obra grande de la gracia en nosotros. Podemos decir que la gracia divina no es otra cosa sino la presencia y acción del Espíritu Santo en nuestros corazones. La Gracia divina guía nuestros pasos principalmente a través de nuestra inteligencia. Es decir, Dios nos muestra el camino. Dios nos muestra qué es lo más correcto. Ahí entra la virtud de la prudencia. Ahí entra el don de sabiduría. Ahí entra la claridad que solamente nos da la caridad. Esa luz de la inteligencia nos permite dirigir nuestra voluntad y una voluntad iluminada por la gracia y por la razón, pues es la que puede gobernar los afectos y las emociones para que tomemos las mejores decisiones.

Este esquema, que es el esquema de la antropología católica clásica, es el esquema que Dios ha querido para nosotros. Él nos gobierna, nos gobierna para nuestro bien. Es decir, nos muestra el mejor camino, nos quiere llevar a la meta. Él nos gobierna, porque Él es nuestro Rey. Nos da su claridad a través de la gracia. Esa claridad le da esa luz necesaria a la inteligencia. La inteligencia gobierna la voluntad. La voluntad apetito racional es la que permite que nuestros afectos tengan realmente armonía con el querer de Dios. Es una jerarquía, es como una escalera. Pero ahora mira lo que sucede, pues el enemigo sabe que esto es así y el enemigo sabe que hay que atacar y eso es lo que él sabe hacer atacar. ¿Y cómo nos ataca? Pues yendo hacia la cabeza, literalmente. Cuando él logra producir perplejidad, cuando él logra producir confusión, entonces la obra de la gracia y la obra de nuestra inteligencia, de nuestra razón humana, que es un don de Dios. Queda entenebrecida queda borrosa y por consiguiente la voluntad queda sin una dirección.

Y entonces la voluntad tampoco gobierna los afectos, las emociones, las pasiones, sino que más bien es gobernada por esas pasiones, por esas emociones y en ese caos, en esa revolución interna, el pecado hace su entrada y el pecado logra sus victorias. Por eso, por eso el enemigo sabe todo lo que gana, atacando nuestra inteligencia, nuestra razón y produciendo confusión, produciendo perplejidad. Porque cuanto más confundidos, cuanto más perplejos, cuanto más aturdidos estemos, pues menos luz tenemos para poder guiar nuestra voluntad y para que la voluntad le ponga un orden a nuestros afectos. Esa es la estrategia del enemigo meternos esa confusión, mantenernos en esa confusión y cuanto más confundidos y aturdidos estemos, pues menos gobierno logramos tener de nuestra vida. Todo esto tiene que ver con la primera lectura de la misa de hoy, tomada del profeta Isaías en el capítulo siete.

Porque esta lectura nos muestra un momento bien difícil en el reino de Judá. Resulta que de siglos atrás había una división en el pueblo de Dios. El Reino del Sur es el reino de Judá, el reino del norte es el reino de Israel. Y en el momento en el que nos encontramos. Capítulo siete de Isaías. Estos dos reinos. Reino del Norte, Israel. Reino del Sur, Judá. Estos dos reinos. Ambos subsistían. No mucho después, el reino del Norte caería y quedaría solo el reino del Sur, el reino de Judá. De ahí que nosotros, al pueblo de la Primera Alianza siempre lo llamemos los judíos, es decir, los descendientes de Judá. Bueno, estaba el reino del norte, pero más al norte del reino del norte, pues está Asiria. A veces se le llama Asiria, a veces se le llama Asiria. El nombre más antiguo es Asiria. Entonces está el reino del Norte y más al norte está Asiria con la capital Damasco. El reino del norte tenía capital Samaria. Y estos dos, el reino del norte y Asiria, se vienen contra Judá, contra el sur, donde reinaba Ajaz.

Y aquí hay que tener en cuenta que no solo era un ataque doble, sino que era un ataque muy muy doloroso, porque es como sentirte atacado por tu propio hermano. Era Israel, que por supuesto tiene su fuente en el mismo patriarca Jacob, o sea es la misma familia, son hermanos, es Israel el reino de Israel atacando al reino de Judá. Y además está la arrogancia, la fuerza y la crueldad de los asirios. Entonces, por una parte está toda la violencia de los asirios y por otra parte está la traición de tu propio hermano del reino de Israel. Y el pobre Ajaz se ve enfrentado con esas dos realidades que es como sentir que te atacan por dentro, porque son tus entrañas, porque es tu hermano, te atacan por dentro y te atacan por fuera. Asiria representa el ataque por fuera y el ataque del reino de Israel, es decir, del Reino hermano, es como sentirte atacado por dentro. Tú imagínate, por ejemplo, una persona que en un momento dado tiene una dificultad económica muy grande y descubre que su propio hermano de su propia sangre trata de robarlo y que por otra parte, los acreedores quieren llevarlo a juicio. Es doble ataque, no solo numéricamente hablando, sino, como he dicho, ataque por dentro y por fuera. Y eso produce perplejidad y eso es del enemigo. Y cuando uno se siente así, aturdido y se siente confundido, uno no sabe qué hacer y uno no sabe qué decisión tomar. Y ya te dije, en medio de esa confusión, pues el enemigo intenta hacer su obra.

Por esa razón el profeta Isaías le dice Ajaz: Cree, Cree. Significa, en ese momento apóyate de tal manera en Dios que cualquier enemigo tuyo, cualquier enemigo tuyo, sea pequeño ante Dios. Vuelve pequeños a tus enemigos. Frente a la grandeza del Dios Altísimo. Solo ante Dios. Ante Dios grande, tus enemigos tendrán su verdadero tamaño. Eso es lo que significa creer ahí. Apóyate de tal manera en Dios que tus enemigos tengan su verdadero tamaño, que es el tamaño que tienen ante Dios. Si no te apoyas así en Dios, no vas a subsistir. Yo creo que es un mensaje que es para todos nosotros. Hoy lo quiero tomar para mí y te invito a que hagas tuyo también ese mensaje. Suplico la bendición del Señor para tu corazón y para tu vida. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM