Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Usualmente la gente ve los milagros como reparaciones o mejoras que le sirven apara continuar con su propio proyecto vida: la idea de Jesús es diferente.

Homilía o152007a, predicada en 20160712, con 7 min. y 8 seg.

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Transcripción:

Podemos decir, hermanos, que el Evangelio de hoy nos presenta dos miradas en contraste sobre los milagros. Una es la forma como la gente en general toma los milagros. Por lo menos en tiempo de Jesús. Pero casi me temo que lo mismo pasa en nuestra época. Y otra es la expectativa que tiene el mismo Cristo.

¿Qué significan los milagros para aquellas muchedumbres? La comparación que viene a mi mente es la de un parche. Cuando se rompe algo, un pedazo de tela, se le puede poner un parche y sigue funcionando. O también cuando se estropea un coche y entonces vas al taller, se hace la reparación y tú sigues tu camino. Y hay que subrayar la palabra tú. Tu camino, lo que tu quieres hacer con tu vida. De ese modo se acercaba la gente a Jesús. Tengo un grave impedimento, por ejemplo, una fiebre que no se quita, un sangrado que no para, una lepra que me excluye, una posesión que tiene mi vida revolcada. Voy donde Jesús. Jesús es el taller. Jesús repara lo que está dañado y así, restaurado, reparado, sigo mi camino. Subrayar la palabra mi camino. Esa es la idea que mucha gente parece tener de los milagros. Voy a que me reparen y recuperó la integridad de mi salud para avanzar en mi proyecto, en mi camino, en mi gusto.

Todo indica que Cristo veía los milagros de un modo distinto. Si estamos atentos a la lectura, de inmediato nos llama la atención esto que dice sobre Corozaín y Betsaida. Si en Tiro y Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, se habrían convertido. Ah, entonces el milagro es para conversión. Todavía más sorprendente lo que sigue. Cubiertas, aquellas ciudades, cubiertas de sayal y ceniza. Es decir, que Cristo ve el milagro como el comienzo de un camino de conversión y de un camino de penitencia. Lo cual concuerda muy bien con lo que encontramos en varios pasajes del Evangelio. Efectivamente, en varias ocasiones Cristo, después de curar a una persona, le dice No se lo cuentes a nadie. Cristo, después del milagro, no llama a las trompetas, llama al silencio. Podríamos decir que llama a retiro espiritual. Tiene que ver, creo yo, con lo que aparece en el texto de hoy.

Cristo quiere ver el milagro como el comienzo de una conversión. Así que ahí están esas dos miradas sobre los milagros. El milagro como una reparación que me devuelve a mi camino, que me da fuerza para que yo siga en lo mío. O según la mirada de Cristo, el milagro como una entrada en la mirada de Dios, en el plan de Dios, en el camino de Dios. Ahí están esas dos posibilidades. El milagro es para que yo siga en lo mío o el milagro es para que yo entre en lo de Dios.

Bueno, pero si ahora lo pensamos, ya no tiene que ver solamente con los milagros. Pensemos en qué suelen estar nuestras oraciones de petición. Muchas de las cosas que le pedimos a Dios no son exactamente milagros, más bien son expresión de nuestras necesidades y deseos. Quiero decir, realmente no se requiere algo que sea absolutamente extraordinario e inexplicable. Muchas de las oraciones que hacemos cuando venimos a la iglesia, simplemente son el volcado de nuestro corazón en necesidad. Por un empleo que se requiere, por la salud de un pariente, porque necesito que se solucione un problema de pareja. Todo eso está muy bien, pero no será que estamos viendo esas mismas oraciones como la gente de antes, la del tiempo de Cristo, veían estos milagros.

Es decir, Dios repárame para yo seguir en lo mío, que se arregle el matrimonio de mi hija, que todo funcione bien y yo sigo en lo mío, es decir, la vida sigue como ha venido. Que llegue este trabajo que considero que es la etapa que sigue en mi vida, y de nuevo subrayar los posesivos, en mi vida, en mi camino, en mi deseo, en mi plan. Pocas veces, creo yo, le pedimos a Dios, Señor, que yo busque tu camino, que yo encuentre tu voluntad, que yo pueda seguir tu plan. Y resulta que esa exactamente esa, es la alegría de Cristo, que uno recibiendo lo que recibe de Dios, se ponga en marcha, en marcha hacia su voluntad, siguiendo su plan, descubriendo sus bendiciones.

Al recibir el milagro de milagros, al recibir la Eucaristía en este hermoso día, pidamos al Señor esa gracia sublime de salir un poquito del mi, lo mío, mi plan, mi idea, mi historia. Que mi historia empiece a ser su historia, que mi plan empiece a ser suyo. Que yo mismo me descubra posesión de su gloria y expresión de su providencia. Amén.

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