Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios abre un diálogo de amor con nosotros a través de su poder, sanación y milagros; la respuesta a esta palabra de misericordia ha de ser la acogida de la fe, la obediencia y el amor hacia Él.

Homilía o152006a, predicada en 20160712, con 5 min. y 10 seg.

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Transcripción:

El texto del Evangelio de hoy ha sido tomado del capítulo once de San Mateo. Y el elemento fundamental creo que está en el puente entre los milagros y la conversión. Porque cuando se habla de milagros todo el mundo quiere. Pero cuando se habla de conversión, muy pocos llegan. Y resulta que para Cristo el camino de los milagros, es decir, el camino de la experiencia, del poder y del amor de Dios, está completamente conectado hasta llegar a ser como una sola cosa con el camino de la conversión. ¿Qué es un milagro? Es una entrada, una entrada del poder de Dios a nuestra vida. Podemos decir que es la irrupción inesperada, maravillosa, sobreabundante de su poder, que nos hace distintos, que nos libra de nuestras dolencias, que nos saca de peligros que parecían inminentes, que nos defiende de nuestros enemigos. Eso es lo que significa un milagro. Así que el milagro es expresión del poder de Dios.

Pero el milagro para Cristo es el comienzo de nuestra vuelta hacia Dios, de nuestro retorno a Dios. Es decir, para Cristo, experimentar que Dios me ama es el comienzo, porque lo que sigue es que ahora yo le ame a Él. Lo que sigue es que ahora yo confía en Él. Precisamente porque su amor ha sido inmenso. Precisamente porque su amor es poderoso, precisamente porque su amor es victorioso. Precisamente por eso Él merece mi atención, mi obediencia, mi confianza. Se supone que el amor potente de Dios es el que abre un diálogo y ese diálogo que Dios abre a través de su amor, luego se prolonga en mi respuesta de amor, que es la conversión. Con esa explicación entendemos la decepción de Cristo frente a aquellas poblaciones. Él menciona a Corozaín, menciona a Betsaida, menciona Cafarnaún a aquellas poblaciones que han experimentado amor y poder de Dios, pero no se han vuelto a Él, es decir, han roto el diálogo con Él. Le han dejado a Dios con la Palabra en la boca. Dios ha abierto un diálogo de amor, a través de su poder, a través de sus sanaciones, a través de sus milagros. Pero esa Palabra de misericordia y de amor no se ha prolongado en la respuesta de fe, de obediencia y de amor de aquellos que se han beneficiado con tanta ternura.

Aquí conviene que volvamos la mirada hacia nosotros mismos. ¿Cuál es nuestra actitud? La nuestra. ¿Qué hemos hecho nosotros? ¿Cuál ha sido nuestra respuesta frente a tantas manifestaciones del poder y del amor de Dios? Porque es verdad que los milagros son expresiones de su poder y de su amor, pero no son las únicas expresiones, no son todas las expresiones. También nosotros, de algún modo estamos experimentando milagros todos los días. Alguien decía y me parece tan bello. Esta mañana decía. Esta mañana abrí dos hermosos regalos. Se llaman mis ojos. ¡Claro, tus ojos! El poder ver y todo lo demás a lo que ya estás acostumbrado sigue siendo maravilla. Sigue siendo expresión de su amor. Lo que sucede es que son milagros tan repetidos. Son amores que hemos recibido tantas veces que ya los consideramos normales. Pero Dios sigue dándote su amor y Dios sigue dándome su amor.

Y la pregunta subsiste ¿Le estamos respondiendo desde la acogida de la fe, desde la acogida de la obediencia y desde la acogida del amor? Que el Espíritu Santo convierta nuestros corazones y nos ponga en la ruta de la verdadera respuesta al Señor. Amén.

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