Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es ejemplo magnífico de lo que significa leer los signos de los tiempos, en orden a la evangelización.

Homilía o152004a, predicada en 20140715, con 5 min. y 27 seg.

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Transcripción:

Cuando imaginamos la misión que Cristo realizó durante su vida pública, quizás tenemos la tentación de pensar que desde el principio Él lo tenía todo claro, y eso hasta el último detalle. Primero voy aquí, luego voy allá, luego voy a otra parte y finalmente a Jerusalén. Es verdad que el mismo Cristo nos dice que se necesita un cierto grado de planeación o de planificación cuando se trata de realizar una determinada obra. También para que Dios reine. Pero aquel que nos habló tantas veces de ver los signos de los tiempos, yo creo que practicaba también esa clase de lectura. Y este pasaje del Evangelio de hoy es un momento privilegiado para ver a Jesús en el acto mismo de leer los signos de los tiempos.

Estamos en el capítulo once de San Mateo, llegando casi a la mitad de este evangelio, y lo que encontramos es una especie de crisis. Las palabras de Cristo hablan de una crisis. ¿A qué me refiero con esto? Hasta ese momento, hasta el capítulo once, Cristo había tenido una cierta estrategia. Predicación en las sinagogas. Abundantes milagros, envío de los apóstoles, es decir, su ministerio. Su tarea parece estar marcada por una gran presencia pública y por una abundancia de señales, o como las llamamos usualmente milagros, mucha presencia pública, muchos milagros. Un anuncio que podríamos llamar espectacular del Reino de Dios. Pero esa estrategia no parece que esté dando suficiente fruto. Y es aquí donde me parece que es interesante ver los signos de los tiempos. Cristo se da cuenta de que la gente es ávida para recibir los milagros, pero es muy lenta para obedecer a Dios. Nos gusta que Dios haga muchas cosas por nosotros, pero somos muy perezosos para hacer algo por Dios.

De modo que cuando se trata de experimentar la bondad de Dios, Dios me sana., Dios me libera, grandes multitudes. Cuando se trata de ser fieles a esa bondad, cuando se trata de permitir que ese Dios bueno reine en toda nuestra vida. Ya en ese momento ya no hay gran multitud. Ahí se nos acaba la obediencia. Entonces, a partir de este capítulo once, a partir de esta crisis, Cristo va a cambiar de estrategia, se va a concentrar mucho, mucho más en el grupo de sus discípulos, en el grupo de sus apóstoles. Viene un tiempo a partir de este capítulo once. Viene un tiempo en el que lo fundamental es la formación de los mismos apóstoles, ya no un despliegue público tan amplio, ya no una abundancia de milagros tan espectacular, sino mucho más un trabajo que podríamos llamar de tutoría, una especie de acompañamiento con el que Jesucristo quiere perfilar y profundizar el sentido del Reino de Dios en sus más inmediatos colaboradores.

Dos consecuencias sacamos de aquí. Primera, que la evangelización es siempre un proceso en diálogo con la realidad. Hay que leer signos, hay que descubrir no solamente cuál es el impacto inmediato, sino cuál es el efecto perdurable. Y segundo. Nunca llegaremos al corazón del Evangelio solamente en lo grandioso y en lo externo. Ya Él nos había dicho que es como una semilla. Lo mejor, lo más profundo, lo más auténtico del Evangelio, siempre será ese momento en que nuestra voluntad se abaja y se rinde ante Dios. El momento en el que le decimos quizás sin ningún testigo quiero servirte, quiero obedecerte, hágase tu voluntad. En ese momento acontece el Reino de Dios.

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