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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Seguir a Cristo implica elegir el bien, incluso cuando el mundo ofrece ventajas al elegir el mal. La fidelidad al Evangelio exige poner a Jesús en el primer lugar.
Homilía o151010a, predicada en 20260713, con 8 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Varias personas, hombres y mujeres, me han comentado la siguiente historia. Estoy hablando de gente que ha tenido un proceso de conversión. Por ejemplo, han empezado a asistir a un buen grupo de oración, una buena comunidad católica de fe, han tomado en serio su vida de servicio en sus parroquias. Es decir, gente que está dando pasos. Y entonces se encuentran con que en su familia, muy a menudo en la familia, a veces también pasa con los amigos. Cuando estas personas muestran alguna impaciencia o muestran algún momento de queja de lo que sea, entonces viene de inmediato el reproche ¿De qué le sirve estar en su grupo? ¿De qué le sirve estar en su conversión? ¿De qué le sirven tantos rezos? ¿De qué le sirven esos rosarios? Ya me entendiste la idea y siempre me ha parecido una acusación injusta, una acusación terriblemente injusta y además, como una voz que viene de las tinieblas tratando de detener o por lo menos de ridiculizar, de confundir la obra de Dios. Esto sucede con bastante frecuencia. Lo puedo decir porque, repito, he oído esta historia tanto con hombres como con mujeres. Es verdad que una parte de ese reproche puede tener razón. ¿En qué sentido? Pues una parte de ese reproche tiene razón en que como somos caminantes y como no hemos llegado todavía a la meta, pues muy probablemente nuestro comportamiento no es perfecto, nuestro comportamiento no es óptimo. Por ejemplo, uno puede estar en un proceso de conversión y sin embargo seguir cayendo en muchas cosas, tal vez pequeñas o tal vez más grandes, que es un poco perezoso, que es un poco egoísta, que es un poco malhablado. Esa clase de cosas. Y por supuesto son imperfecciones. Y en ese sentido, cuando nos critican con esa fuerza, pues tal vez nos están haciendo un favor, porque cuando nos critican con esa fuerza, en el fondo nos están invitando a que seamos coherentes. No es agradable recibir esa clase de reproches, no es agradable que nos traten mal o que se burlen de nosotros, pero hay que saber sacar la parte positiva de esas burlas, de esas críticas. Y la parte positiva es me falta mucho. La parte positiva es no estoy completo. La parte positiva es tengo que seguir caminando, tengo que seguir avanzando. Esa es la parte positiva. Y eso tiene muchísimo, muchísimo sentido. Así que a veces esas críticas, así se hagan con amargura, con sarcasmo, con mala intención, pues nos pueden hacer bien. Y te invito, si te ha sucedido eso, a que tú también aproveches las críticas, no para deprimirte, sino para dar un paso, un paso firme en tu crecimiento en la fe. Sin embargo, hay otro tipo de tensiones que son otra especie, que son una situación muy distinta. Y a eso hace referencia el Evangelio de hoy. Cristo dice: yo no he venido a traer paz ahí se refiere como a esa tranquilidad de que no hay problema, no hay problema. Cristo dice no, yo no he venido a traer esa paz, yo he venido a traer conflicto. Y ese conflicto ya no es conflicto, porque yo soy incoherente, porque yo soy mediocre, porque yo necesito avanzar mucho más en mi proceso de conversión. Ese conflicto es muchas veces el conflicto que viene por la opción radical hacia Cristo y hacia el Evangelio. Te voy a dar un par de ejemplos para que veas de qué estamos hablando. Pienso, por ejemplo, que en algunas familias hay empresas, tienen empresas que son de familia. Y recuerdo el caso de una familia que tenía una pequeña empresa, mediana empresa que había producido bastante dinero y con ese dinero no solo se habían educado los hijos, sino que con ese dinero también habían tenido lo suficiente para muy buenos paseos, para muy buenas vacaciones para pasarla muy bien. Habían aprovechado ese dinero. El problema es que ese dinero estaba relacionado con pésimas prácticas contables. Y sí, voy a ser más preciso. Ese dinero estaba conectado con auténticos fraudes tributarios y financieros. Y ese dinero estaba conectado. Ese dinero que servía para vacaciones y para pasarla también estaba conectado con trampas laborales. Por ejemplo, no reconocer horas extras que había que reconocerle a los empleados, no reconocer a tiempo unas vacaciones, retener unos sueldos alegando que la empresa está mal, pero en realidad era para aprovechar financieramente ese dinero retenido que cuando son muchos empleados sirve para hacer inversiones y las ganancias quedan únicamente para la empresa, no para los empleados que tienen que propiamente ejercer paciencia. Y no solo eso, sino sufrir, sufrir por lo que les están haciendo. Pues resulta que en una de estas familias, uno de los hijos mayores que pertenecía a la empresa porque es una empresa familiar, pues tiene su camino de conversión y en su camino de conversión Dios le muestra muchos pecados, le muestra que ha sido muy mentiroso, muy egoísta, muy lujurioso, muy envidioso. Él hace una excelente confesión. Él da un paso importantísimo en su fe. Pero es que no solo da el paso en la fe, sino que también se da cuenta que él es cómplice de todas esas prácticas fraudulentas en lo laboral, en lo tributario. Y él se da cuenta que él ha sido beneficiado de dineros que no son rectos, que no están bien ganados. Pero él es parte de esa empresa. ¿Qué crees tú que va a pasar ahí? Pues lo que dice el Evangelio vendrá conflicto. Porque cuando este hijo que tiene una de las gerencias de la empresa empieza a decir no, nosotros vamos a pagar las horas extras como son y vamos a pagarle a la gente la nómina sin retraso alguno. Y nosotros vamos a ponerle honradez a este asunto y ahí vienen los ataques. En mala hora, fíjate el lenguaje blasfemo, en mala hora fue usted a ese tal retiro ya le lavaron la cabeza ya esos curas tal y tal cosa. ¿Te das cuenta? Es decir, ahí es donde viene el conflicto. Porque el conflicto empieza precisamente en que la persona quiere hacer las cosas bien. Y en un mundo donde hacer las cosas mal tiene ventajas, puedes tratar de hacer las cosas bien. No es fácil y eso precisamente es lo que nos está diciendo el Evangelio. Y eso precisamente es lo que explica por qué Cristo se pone en una tónica tan fuerte y dice: Mira, si tú escoges a tu padre o a tu madre, o a la empresa de tu familia, si tú escoges eso por encima de mí, entonces tú no eres de los míos. Entonces tú no eres digno de mí. Entonces tú no has entendido nada del Evangelio. ¡Qué opción tan dura! Y esto solo lo puedo resumir con una frase: Lo de la conversión es en serio. Piénsalo, Pensémoslo y vivámoslo. Amén.

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