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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo se va haciendo Señor de nuestra historia a medida que acogemos el Evangelio, nos saca de la tranquilidad, nos pone en camino y nos hace participar de su hermoso ministerio profético.
Homilía o151006a, predicada en 20160711, con 5 min. y 11 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo décimo de San Mateo. Creo que nos puede enseñar algo muy importante sobre las lenguas bíblicas. En español, por ejemplo, tenemos una gran cantidad de sinónimos para decir cosas, incluso sencillas. Por ejemplo, la palabra paz tiene una cantidad de palabras que son cercanas, que son vecinas, que son como sinónimos. Por ejemplo, se puede hablar de tranquilidad, se puede hablar de sosiego, se puede hablar de serenidad o se puede hablar de paz. Y todo eso tiene como una relación. En las lenguas de la Biblia, fundamentalmente en el hebreo o en el griego, podemos decir que la gente se expresaba con menor número de palabras y eso quiere decir que muchas veces una sola palabra tiene una gran riqueza de significados dependiendo mucho del contexto en el que se pronuncia. Hoy, por ejemplo, encontramos a Jesús que dice: No he venido a traer paz, sino espadas. Y habla de las divisiones que él viene a traer en la sociedad humana, divisiones que tienen que ver con las opciones propias del Evangelio. Pero cuando uno oye la frase: No he venido a traer paz y luego ve que Cristo saluda en otras ocasiones diciendo: La paz os dejo, pues uno queda así como desconcertado. Tal vez no será el evangelio de hoy una demostración de lo que tantas veces se oye en nuestra época, que la religión es fuente de violencia y que la religión lo que hace es poner a unos seres humanos en contra de otros. Pero no es ese el sentido de las palabras de Cristo. Creo que la palabra que tendríamos que utilizar en español para traducir lo que nos dice Jesús es: Yo no he venido a traer tranquilidad, porque la palabra tranquilidad indica en español, como esa sensación de aquel que está bien donde está. Se siente bien donde está. Esa es una persona tranquila y hay una tranquilidad que puede ser buena. Por ejemplo, la tranquilidad del que ha hecho bien su tarea y ahora descansa. Pero también hay una tranquilidad que es perversa. Es la tranquilidad de la indiferencia, la tranquilidad de aquél al que no le importa nada, al que no le importa su prójimo. En este sentido, hay una tranquilidad que requiere de un sacudón, como decimos, que requiere de que alguien nos despierte. Ese tipo de tranquilidad es la que Cristo viene a quitar de nuestra vida. Hay un canto muy conocido que dice: Jesucristo me dejó inquieto. Es decir, Cristo no nos deja tranquilos. Si la tranquilidad la miramos como indiferencia, como comodidad, simplemente sentirme bien donde estoy. Ese no es Cristo, eso no es lo que Cristo quiere. Cristo necesita sacarnos de esa tranquilidad. Hay otra tranquilidad que también es bastante cómoda y es la tranquilidad de aquella persona que a todo le dice que sí. Muchas veces el mundo hoy quiere que tengamos esa clase de tranquilidad. Mira que se acaba de aprobar una nueva ley del aborto. Ah, pues entonces bueno, será entonces así. Que ahora el matrimonio es entre hombre y mujer, pero también entre hombre y hombre, mujer y mujer, ya lo aprobó, ya está aprobado, ya es ley. Ah, bueno, será así. Y así la gente va dejando pasar. Es muy tranquila de esa tranquilidad, esa tranquilidad que es tolerancia cómoda, nos saca a Cristo. Sí, la tranquilidad entonces, significa indiferencia cómoda o sí la tranquilidad significa esa tolerancia cómoda de esa de esos tipos de tranquilidad quiere sacarnos Cristo. Porque quiere que nosotros nos pongamos en movimiento. Y en la medida en que su Evangelio va llegando a nuestras vidas, a medida que Él va siendo Señor de nuestra historia. Bendito sea su nombre, nos saca de la tranquilidad, nos pone en camino y nos hace participar de su hermoso ministerio profético.

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