Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios reclama un sacrificio interior.

Homilía o151002a, predicada en 20020715, con 5 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Muy fuerte la denuncia de Isaías en la primera lectura que escuchábamos. Llama a los dirigentes de la casa de Judá, los llama príncipes de Sodoma y llama al pueblo, pueblo de Gomorra. Estas dos ciudades eran como la imagen misma de la perdición de la degeneración, y ese es el nombre que les da el profeta. Está diciendo entonces con esa imagen que son un pueblo degenerado, un pueblo pervertido en grado sumo. Y la gran perversión de este pueblo es lo que aparece en lo que sigue ahí en la lectura y que lo podemos sintetizar en la expresión un culto vacío. Siguen presentando a Dios sus ofrendas Siguen haciendo los sacrificios de carneros, de becerros, de corderos. Pero es un sacrificio que Dios no quiere ver. Me tapo los ojos, dice. Ustedes extienden las manos. Yo no escucho. Es un culto vacío y por eso es rechazado por Dios. Y la manera de llenar de contenido ese culto para que no esté vacío. ¿Cuál es? Dice aquí: Lávense, purifíquense, aparten de mi vista sus malas acciones.

Es decir que toda ofrenda exterior tiene que estar unida a una ofrenda interior. Todo sacrificio exterior tiene que estar unido, un sacrificio interior. El sacrificio exterior puede ser el de ese animalito. Pero el sacrificio interior que reclama Dios por boca del profeta Isaías. Es ese sacrificio de lavarse, de purificarse, de dejar las malas acciones, buscar el querer de Dios, aprender a obrar el bien, enderezar al oprimido, defender al huérfano, proteger a la viuda. Ese es el sacrificio que resulta agradable a los ojos de Dios. Hay que cambiar la actitud interior y llenarse de obras nuevas y de obras agradables. Este es el mensaje que nos deja el profeta Isaías en este texto tan vigoroso. Tiene una relación también con el Evangelio. Porque Jesús dice: El que pierda su vida por mí, la encontrará. Perder la vida por Cristo es entregarle la vida a la causa de Jesucristo, lo cual parece ser un desperdicio. Parece ser un gran error. Parece ser una pérdida de tiempo y de fuerzas. Perdonar cuando uno puede vengarse, ser humilde, cuando uno puede humillar a otros, ser manso, cuando la agresividad da tantos frutos, ser caritativo cuando el egoísmo amontona tesoros.

Todo eso parece una tontería, pero Jesús nos invita a tomar eso que parece una tontería y que parece una pérdida, perder la vida por Jesucristo. Eso que parece pérdida hay que hacerlo, porque el que entrega su vida así, en amor a Dios y a los hermanos, ese es el que encuentra la verdadera vida. Y aquí tenemos la relación entonces entre las dos lecturas El sacrificio de interior es el mensaje de Isaías. Entregar la vida por la causa de Cristo, aunque parezca un desperdicio, es el mensaje que nos da el Evangelio de hoy. Ambos textos, entonces, apuntan a esa resolución interior, a ese acto íntimo por el cual la voluntad se ofrece consciente y amorosamente a Dios en un sacrificio, sacrificio de expiación y sacrificio de alabanza. En ese acto interior en el que nosotros nos damos a Dios, aunque parezca un desperdicio, en que nos damos a Dios realizando el verdadero sacrificio, ahí está la grandeza de nuestra vida, y el que realice eso encontrará la vida verdadera. Y esta relación que hay entre las dos lecturas es la misma relación que tenemos con el sacrificio eucarístico que estamos celebrando. También el acto de participar de la misa se puede quedar como un acto exterior. También se puede volver una simple costumbre, se puede volver una rutina o un acto solamente social.

A través del sacrificio interior, a través de nuestro deseo de ser una sola hostia con Jesucristo. Nosotros nos unimos a la grandeza del sacrificio de la Santa Misa y verdaderamente aprendemos y llegamos a comulgar. Pidámosle entonces a Dios que las palabras de Isaías encuentren eco en nuestro corazón. Que la enseñanza de Jesús marque huella en nuestro corazón y que aprendamos a obrar el bien y hacer partícipes del sacrificio de Jesús en la cruz y en el altar.

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