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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera confianza tiene el reconocimiento de nuestra necesidad, de nuestra pequeñez y de que somos pecadores.
Homilía o145013a, predicada en 20220708, con 6 min. y 43 seg. 
Transcripción:
Hermanos, hoy vamos a hablar del peligro de una falsa confianza y, todavía mejor, vamos a aprender a distinguir la verdadera confianza de la falsa confianza. Viene muy bien esta reflexión, porque no hace mucho estábamos recordando al Sagrado Corazón de Jesús y estábamos celebrando el esplendoroso amor de Dios que brilla en el corazón de Cristo. Y sabemos que el gran lema de la fiesta del Sagrado Corazón es el lema de la confianza: "Si quieres agradarme, confía en mí. Si quieres agradarme más, confía más". Es una invitación a la confianza. Pero la primera lectura de hoy, tomada del profeta Óseas, nos invita a estar en guardia contra la falsa confianza. Porque el pueblo de Israel, así como conoció tiempos de verdadera confianza, también cayó a veces en la falsa confianza. ¿Y qué es la falsa confianza? Pues en el caso de los israelitas, el profeta nos da dos ejemplos. Uno es cuando empezaron a hacer alianzas con naciones paganas y a apoyarse en ese tipo de acuerdos más bien políticos, diplomáticos. Concretamente una alianza con Asiria. Asiria es o era un reino que quedaba al norte del reino de Israel. Y lo que es más triste y dramático es que Asiria fue el imperio que invadió, subyugó y destruyó al reino de Israel. El reino de Israel quiso apoyarse en Asiria, pero lo que sucedió al final fue que Asiria los invadió y los devoró. ?Falsa confianza?. El otro ejemplo que nos da Óseas es el ejemplo de las propias fuerzas. La máquina de guerra por darle un nombre. La máquina de guerra más poderosa de aquel tiempo era el caballo. Es decir, tener caballos para la guerra era algo así como tener garantizado el triunfo. Y ellos empezaron a apoyarse en eso de tener caballos, en eso de que somos fuertes porque tenemos caballos para la guerra. Lo que a ellos se les olvidaba es que así como ellos tenían sus caballos, pues también los pueblos enemigos tenían sus propios caballos y terminaron. Como ya lo he expresado, subyugados, terminaron devorados por sus enemigos. Entonces ahí tenemos dos ejemplos de lo que es la falsa confianza. Tratemos de aprender de esos ejemplos y tratemos de aplicarlos a nuestra propia historia, porque posiblemente nosotros también estamos cayendo en falsa confianza. Probablemente nosotros en vez de apoyarnos en el Dios que nos salva y nos da la vida, nos estamos apoyando en falsedades, en pura diplomacia o en otros engaños. A ver: ¿Cuál es la característica fundamental de la verdadera confianza? Yo creo que por ahí podemos dilucidar un poco este tema. Mira, la verdadera confianza siempre tiene el reconocimiento de nuestra necesidad, de nuestra pequeñez como criaturas que somos y el reconocimiento; óyeme bien, el reconocimiento de que somos pecadores. Las dos cosas se resumen en esa expresión tan impresionante de Santa Catalina de Siena cuando ella le dice a Dios: "Yo soy nada con pecado encima". Es decir, admite su pequeñez como criatura frente a tantos desafíos que tiene la vida y frente a los poderosos enemigos del alma humana. Pero además admite su condición de pecadora. Yo soy nada con pecado encima. Y por eso, porque reconozco mi poquedad y porque reconozco mi iniquidad, por eso me vuelvo hacia ti. Por eso me postro ante ti. Por eso me entrego a ti; por eso reconozco tu señorío y por eso sé que tú, y solamente tú, puedes salvarme. Esa es la verdadera confianza, la que reconoce lo propio. La falsa confianza, en cambio, es como un desconocimiento, una especie de ignorancia voluntaria de nuestra propia fragilidad y de nuestro propio pecado, para buscar únicamente lo que parece fuerte. Para los israelitas era el caballo, era Asiria, es decir: los israelitas, los miembros del reino de Israel, se olvidaron de su propia nada y no se arrepintieron de su pecado, sino que buscaron con un acto de astucia, salvarse. Reemplazaron la conversión con la astucia. Esa es la falsa confianza. Resumiendo, la confianza es vital para el creyente, pero hay una verdadera confianza que empieza en el reconocimiento de lo poco que uno es y del pecado que uno tiene. Y la falsa confianza, en cambio, omite la conversión y la reemplaza por un golpe de astucia. Ese golpe de astucia al final resulta ser simplemente una traición. Que no te vaya a suceder a ti, por favor.

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