Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La doctrina de la gracia en el profeta Oseas.

Homilía o145009a, predicada en 20160708, con 20 min. y 16 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, el texto del profeta Óseas, tomado del capítulo catorce del libro que lleva su nombre, es una base magnífica para hacer una tesis doctoral. Quizás algunos de ustedes se sientan inclinados por los estudios bíblicos o por los estudios sistemáticos dogmáticos. Sería interesante hacer una tesis sobre este capítulo catorce del profeta Óseas, una tesis a la que yo pondría por título "La Doctrina de la Gracia en el profeta Óseas".

Hay tantos elementos sobre la teología de la gracia en este hermoso texto. Todo comienza con la denuncia del pecado: ¡Israel, conviértete al Señor, Dios tuyo! Porque tropezaste con tu pecado. La idea de ese tropiezo o de ese obstáculo vuelve a aparecer al final del texto que hemos escuchado; fueron los versículos del dos al diez. Fíjate cómo se cierra la perícopa de hoy: "Rectos son los caminos del Señor. Los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos". El camino que Dios propone es recto. Pero si uno no quiere andar rectamente, pues está estrellándose continuamente. Es un modo muy bonito de describir la desazón, la incomodidad, el fastidio propio de la vida del pecador. El pecado produce fastidio porque estoy siempre encontrándome obstáculos. Pero los obstáculos no son los obstáculos propiamente del camino, son los obstáculos que encuentro por salirme del camino que Dios me muestra y al que me invita.

¿Cuáles son los elementos de teología de la gracia que aparecen aquí? Pues hay muchos, pero el primero que a mí me llamó la atención hace unos años fue esto que aparece hacia el principio: "No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo". Esta es la confesión de los pecados que hace el pueblo de Israel, y pone entre los pecados el montar a caballo. Claro, a mí eso me parecía muy chistoso, ¡un gran pecado montar a caballo! ¿Por qué ellos se arrepienten de montar a caballo? Tiene que ver con lo de Asiria.

Recordemos que el pueblo de Israel estuvo rodeado siempre por vecinos grandes, poderosos y violentos. Precisamente hacia el norte estaba Asiria. Si miramos al nororiente, pues luego va a surgir Caldea, el pueblo de los caldeos, de donde vino Nabucodonosor, el del destierro de los judíos. Hacia el sur encontramos a otro gigante que es Egipto. Entonces, entre Egipto y Asiria, sobre todo entre esos dos grandulones, pues hubo siempre una tensión. Y frente a esos gigantes, Israel se ve pequeñito. Entonces una tentación continua de los reyes de Israel fue aliarse con Asiria cada vez que Egipto los atacaba, o lo contrario, aliarse con Egipto, si era Asiria la que los estaba hostigando. Es decir, buscar alianzas con esos otros pueblos.

El problema grave es que ya sabemos la importancia que tenía la religión en Asiria; en Asiria, realmente el poder se miraba como una expresión de la divinidad. Y lo mismo sucedía en Egipto. De modo que el asociarse con el poder de los asirios terminaba siendo un reconocimiento a la religión de ellos, al culto de ellos y, por tanto, una infidelidad a Dios.

Para nosotros eso suena muy extraño, porque en nuestro mundo la religión y la política, por lo menos aparentemente, están bastante desconectadas. Se supone que no importa qué religión tenga un presidente para saber si hacemos un convenio con el país que él dirige. En cambio, en la época a la que estamos haciendo referencia, la religión y la política eran una sola cosa. De modo que los pactos y los convenios de tipo político siempre tenían implicaciones religiosas. El caso más famoso de esto es el que se produjo en tiempos de Salomón. Ustedes recuerdan que Salomón tuvo muchísimas esposas y concubinas. Pues resulta que las concubinas eran una señal de poder; tener muchas mujeres -perdón lo que voy a decir-, pero realmente era como tener mucho ganado, como tener mucho oro. Era una ostentación de poder. Y tener muchas esposas tampoco indicaba particularmente una vida sexual intensa, sino que lo importante eran las alianzas, porque las alianzas políticas se hacían por medio de matrimonios en aquella época. Y nos dice la Sagrada Escritura que las esposas de Salomón llegaron a Jerusalén, pero llevaban el culto a sus dioses y llevaban incluso sus sacerdotes.

O sea que hay una mezcla muy grande entre lo político y lo religioso. Cuando Israel confiesa sus pecados en el pasaje de hoy dice: "No nos salvará Asiria". Pero fíjate, ¿qué quiere decir esa frase? significa: yo renuncio a hacer alianza con el gigante que me iba a proteger del otro gigante. Es decir: Esta vez voy a poner mi confianza en el Señor. Eso es lo que significa; a pesar de que soy pequeño, a pesar de que estoy amenazado, a pesar de que mis recursos no son suficientes. Yo pondré mi esperanza en Dios. Y ahí es donde entra el tema de los caballos. Estas naciones, como por ejemplo los egipcios o los asirios, tenían ejércitos con numerosos caballos porque el caballo era una máquina de guerra. Tener muchos caballos era como decir hoy, tener tanques o tener misiles, es decir, estar bien equipado.

Cuando dice Israel en esta confesión de pecados: ?no montaremos a caballo?. Lo que está diciendo es: no ponemos nuestra esperanza, no ponemos nuestra confianza en las máquinas de guerra. Tampoco ponemos nuestra confianza en Asiria y eso explica lo que sigue: ?No volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos?. Viene hoy una anotación de algún comentador que dice: "En ti encuentra piedad el huérfano". O sea que aquí hay una lección sobre lo que es la vida de la gracia. La vida de la gracia supone siempre la renuncia a las falsas seguridades, que pueden ser muy tentadoras, pero para poner solamente la confianza en el Señor.

Bueno, ¿y cuál sería la Asiria de nuestro tiempo? ¿Cuáles serían esos caballos en los que habría que montar o en los que la gente se monta hoy? Pues Asiria, para nosotros puede ser muchas cosas. Muchas veces como Iglesia hemos puesto nuestra seguridad en alianzas con partidos políticos. Eso sucedió, por ejemplo, en Colombia, después de repetidos y muy astutos ataques del Partido Liberal en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX. La Iglesia, en buena parte la Iglesia Católica cayó en la trampa porque empezó a hacer alianza con un partido político. Vale decir, el Partido Conservador. Y esas alianzas hacen muchísimo daño, porque una vez que la Iglesia apareció como aliada del Partido Conservador, entonces todas las familias y todas las regiones del país de corte liberal vieron a la Iglesia como su enemiga y vieron a la Iglesia como un obstáculo y un enemigo a derribar.

De ahí han venido gravísimos daños para la presencia del cristianismo en nuestro país. Esto ha pasado en Colombia y en otros lugares, pero yo lo relaciono con nuestra historia patria. Por ejemplo, una de las cosas que ha sucedido, es que esas familias liberales vieron a la Iglesia como el gran estorbo para el progreso de la nación. Además, buena parte de esas familias están controlando hoy, los medios de comunicación. La familia Santos, por ejemplo. Ese es el apellido de ellos. ¡Qué ironía! La familia Santos es una familia enemiga de la Iglesia desde hace mucho tiempo. Y el periódico El Tiempo propiedad de ellos, la mayor parte de las veces, a veces da una presentación justa de las cosas, pero normalmente, la línea editorial apoyará toda noticia que vaya en contra de la Iglesia, que haga quedar mal a la Iglesia. Divulgará al máximo lo que sea contra la Iglesia. A veces, repito, dan un tratamiento justo; pero la mayor parte del tiempo, encuentra allí dibulgación todo lo que sea contra la Iglesia de un modo abierto o de un modo sutil.

Entonces, por ejemplo, todas las campañas que tienen que ver con el aborto, con matrimonio gay, con difusión de la ideología de género, todas esas campañas han encontrado en los medios de comunicación que están en manos de liberales o de familias de esa tradición; han encontrado ahí grandes cornetas para difundir su pensamiento y para llegar a muchísima gente.

El otro periódico, que llegó a tener bastante fuerza también era de liberales: el periódico El Espectador. ¿Cuál era el periódico de los conservadores? Se supone que era El Siglo, pero este quedó reducido casi a un semanario. Quedó reducido a su mínima expresión; luego salió otra versión que se llama El Nuevo Siglo, que, digamos, para coleccionistas es una cosa interesante. Usted puede conseguir uno que otro ejemplar del periódico El Nuevo Siglo.

Entonces fíjese que esa alianza de la Iglesia con el Partido Conservador salió carísima. Cuando la Iglesia se ha asociado con los ricachones del pueblo, cuando se ha acercado demasiado con una cultura o a un sistema filosófico, cuando se ha asociado demasiado con un determinado modo de vida social. Eso termina haciendo daño. O sea que, esto es real y por eso necesitamos una Iglesia que sea mucho más desprendida, mucho más libre de todo ese tipo de alianzas. Es una de las intenciones. -No me cabe la menor duda-. Es una de las intenciones que tiene el Papa Francisco.

Una de las dimensiones de su modo de hablar de la Iglesia pobre es una Iglesia que sea como este huérfano que menciona Óseas; es decir, una Iglesia que esté libre de demasiadas alianzas con partidos políticos, porque en Argentina también pasó y porque en España también pasó y casi en todas partes sucede lo mismo.

Un caso bien irónico es el de los Estados Unidos de América, porque resulta que en términos de dogma y de moral, el Partido Republicano es mucho más cercano al catolicismo. Pero en términos de ayuda en temas de inmigración. -Y ustedes saben que los católicos en Estados Unidos son básicamente población inmigrante-, en términos de ayuda, los que más han ayudado son los demócratas. Por eso los católicos en Estados Unidos viven en un despiste total: porque moralmente deberían votar por los republicanos, pero resulta que los republicanos, como se nota con la agresividad del actual candidato, lo que quieren es darle una patada a todos los católicos porque son latinos ilegales y no les interesa ayudarles a arreglar sus problemas.

Esto, entonces, nos da una enseñanza sobre la vida de la gracia. La vida de la gracia supone no asociarse demasiado, no pegarse demasiado a Asiria. Asiria también puede ser el dinero, como bien denunciaba el Papa Francisco en alguna otra ocasión. Relacionado con esto de la pobreza, muchas comunidades religiosas han encontrado su perdición y su corrupción en la prosperidad material. Nos vamos llenando de la comodidad que trae el dinero y entonces la plata se convierte en nuestra seguridad. Pero a medida que aumentan los bienes materiales, aumenta el número de perezosos que quieren trabajar el mínimo.

Entonces, yo lo sé, porque mi comunidad en tres ocasiones me ha invitado a que sea parte del Consejo de Provincia, de nuestro Consejo de Gobierno; yo no lo he sufrido tanto, pero los provinciales a los que les he ayudado sí, he visto cómo sufren. Porque ¿usted qué hace si llega a un convento que lo tiene todo, todo es de lujo, tiene calefacción y aire acondicionado, la biblioteca y el carro último modelo parqueado y el computador? Todo está a la mano.

La comida excelente, el vestido que usted necesita, eso no dan muchas ganas de salir uno ahí a pelarse la cara a decir que Cristo es el Señor, No, más bien uno ve una buena película, va a un buen restaurante y esa ha sido la corrupción de la vida religiosa una y otra y otra vez: nos llenamos de bienes, los bienes nos vuelven perezosos, los bienes nos vuelven muy, muy poco orantes.

Los millones que acumulamos nos vuelven cobardes porque es muy difícil arriesgarse. Los bienes, los palacios que hacemos, que llamamos conventos, se convierten en prisiones que no nos dejan salir a la misión. Porque después de que uno está bien cómodo, con todos los aires acondicionados y las calefacciones y la nevera bien surtida y los platos a la carta, decir ?vamos a misionar por allá lejos". Ay, caramba, si es como triste la cosa, problema grave lo que están pasando allá. Entonces uno se vuelve un niño rico, uno se vuelve un burgués acomodado, uno se vuelve una persona muy culta, que sabe tratar muy bien, saludar muy bien, sabe cómo aplicar bien el esmalte en las uñas, porque es terrible que al tipo no le brillen las uñas, sabe acomodarse bien la corbata, sabe cómo manejar un Audi u otro vehículo que sea de una gama acorde con el tipo de servicio que prestamos en la iglesia.

Entonces eso también es Asiria. Esos son los caballos. De hecho, esos Audi tienen muchos caballos de fuerza. Entonces, ¿qué responde el señor? Mire lo que responde el Señor: "Yo curaré sus extravíos". Estamos extraviados, en la iglesia estamos extraviados en muchas cosas.

Hay que entender: para algunas cosas, ¿el lenguaje del Papa Francisco es difícil o es ambiguo? Realmente uno no sabe bien como es, pero para otras cosas el Papa Francisco obra como un verdadero profeta. Qué impresionante este señor, como pone el dedo en la llaga. Estamos extraviados y necesitamos conversión. Mira lo que dice el Señor: "Los amaré sin que lo merezcan". Eso mismo dice San Pablo en la carta a los Romanos. Eso también lo expresa San Agustín en el Tratado de la Gracia. Igualmente aparece con Santo Tomás hablando de la ley nueva del Espíritu. "Los amaré sin que lo merezcan". Ese es el himno de la gracia.

Frente a todas esas miserias, apegos, extravíos, infidelidades, ahí está el Señor anunciando que nos quiere sanar: "Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan; mi cólera se apartará de ellos". Qué impresionante ese mensaje que da el Señor y en la ternura de Él, dice hacia la parte final -Porque no podemos ir versículo por versículo, eso puede ser para el otro retiro-, pero dice hacia el final: ¿Efraín Qué me importan los ídolos? Es decir, Dios está dispuesto a pasar la página. A mí esto me conmueve, Porque claro, uno va llegando a viejo y se va volviendo sensible, blandito, llorón, bobo. Entonces yo estoy entrando en esa etapa y a mí esto me conmueve: "Efraín. ¿Qué me importan los ídolos?" Es decir, es Dios diciendo: ¿A ver, usted, cuál fue su ídolo? No, la plata, la plata; los amigos dirá el otro, otro dirá: no, el sexo. Eso sí fue mi ídolo toda la vida.

Hasta ahora desde una operación que me hicieron hace poco. Pero bueno, ahí voy. Entonces cada uno pegado a su idolatría, aferrado a su puesto, amarrado a su oficio.Porque de eso hemos tenido en todas nuestras comunidades; gente amarrada al oficio y de aquí no me sacan, porque esta fue... ¿Pero usted hizo profesión a esa silla o qué? -"Sí, yo prometí esta silla será para mí. Yo seré para esa silla. Para siempre"-. Para siempre. Y cuando me entierren, me entierran con esa silla. Entonces tienen que hacer un sepulcro especial para meterlo con la silla a la que le hizo profesión. ¿Ese fue tu ídolo, no? El puesto al que te aferraste. El afecto ese que no podía soltar. El placer ese que era... Y mire lo que dice Dios: ¿Qué me importan los ídolos? Es decir, eso tuvo mucho poder en tu vida. Eso se adueñó de ti. Pero a la hora de la verdad es tan pequeño eso. El único grande soy yo, dice el Señor. ¿Qué me importan los ídolos?

Y yo creo, que al terminar este retiro espiritual, lo que el Señor nos está diciendo es esTo: Yo estoy dispuesto a pasar la página. Yo sé que tú viviste de una manera idólatra, yo sé que tú no me tenías en el centro de tu vida. Yo sé eso. ¿Pero sabes? Estoy dispuesto a que pasemos la página, estoy dispuesto, estoy dispuesto a darte nuevo fruto.

Yo soy ciprés frondoso. Mire esto -es que esto es pura teología de la gracia-. ?De mí proceden tus frutos?. Sé que has caído. Sé que eres débil. Sé que quizás vas a volver a caer. ¿Pero qué me importan tus ídolos? Yo soy ciprés frondoso. De mí proceden tus frutos. ¡Oiga esa maravilla! Óseas capítulo catorce: "De mí proceden tus frutos".

Hermanos, con esta Eucaristía estamos culminando nuestro retiro. Pidámosle al Señor Yo creo que todos aquí somos pecadores. Todos somos pecadores. Digámosle eso al Señor. Yo confío en que tú puedes pasar la página y que tú me puedes dar esta nueva etapa hoy. Tú me estás diciendo: ?Señor, que me amas sin que lo merezca?. Hoy tú me estás diciendo: ?Señor, que tu cólera se aparta de mí?. Hoy tú me estás diciendo: ?Señor, que los frutos que yo pueda dar en el fondo son los frutos que Tú me concedes?.

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